Errores de campaña

Acabo de escuchar a Mario Silva en su programa "La Hojilla", reclamándonos airadamente por no ser incondicionales con "El Proceso".

Pero en algo si tenía razón su perorata: los focos de disturbios que han aparecido recientemente en Yaracuy, Barinas, Mérida, etcétera, responden a una estrategia preelectoral que está empleando el sector abstencionista de la oposición para sabotear desde temprano el proceso eleccionario planteado para el 06 de diciembre.

Y en un arrebato preguntaba Mario mirando a la cámara con arrechera, si de verdad nosotros somos de izquierda.

¡Claro que somos de izquierda Mario, desde ñema dicen en mi tierra!, ¿Pero carajo, cómo me vas a pedir incondicionalidad absoluta sin aunque sea resollar por la herida las cuitas de la ineficiencia?

Este abatimiento que sentimos "los de izquierda" Mario, se lo debemos a la ineficiencia parlamentaria que a lo largo de estos años han demostrado muchos de los aspirantes a reincidir en las curules de la Asamblea Nacional.

El desconsuelo popular con respecto a estas votaciones se debe en gran parte a la inescrupulosa manera cómo se impusieron los candidatos a esos cargos. Esta vez no hubo ni siquiera la delicadeza de realizar una consulta popular dentro del PSUV para que fuese "el pueblo chavista" el que le diera el visto bueno al listín de pretendientes.

Uno de esos solicitantes de nuestra incondicionalidad y que actualmente pertenece a ese cuerpo eunuco denominado Asamblea Nacional Constituyente declaró ante una pregunta que le hiciera un ministro-entrevistador, que el mayor logro de ese cuerpo había sido "lograr la paz".

¡No, no, no, la paz -esa paz tan cacareada-, la alcanzó el propio pueblo venezolano que no cayó en la trampa de la violencia incontrolada e inconsciente!.

Suplicante, a diario el pueblo les ha pedido auxilio a sus dirigentes, y estos en un ademán de prepotencia se han hecho los sordos a sus ruegos. Engrosando sus cuellos y aumentando su circunferencia abdominal de una forma inversamente proporcional a las bolas que le paran, los representantes del pueblo no han movido un dedo para legislar apuntando a la protección de los ciudadanos.

La delincuencia se calmó un poco con el fenómeno migratorio y por eso la economía pasó a ser la principal preocupación de los venezolanos. Estaba tan mala la cosa para los malhechores que esos sujetos tomaron la decisión de irse con sus pistolas a otra parte, a probar suerte asaltando en otras naciones.

Solitas, sin el menor esfuerzo policial, descendieron las cifras de la criminalidad venezolana.

Pero las fechorías económicas se han multiplicado y la única respuesta clara que han asomado desde el tren ejecutivo del Proceso, ha sido la de crear y fortalecer una "Burguesía Revolucionaria".

Las perturbaciones que ha introducido en el mercado la presencia de los "bachaqueros" instalados en todas las aceras de la patria, no es problema que le quite el sueño a nuestros flamantes políticos revolucionarios. Las violaciones al código de comercio por parte de los vendedores y mercaderes, ¡naaa… a eso no se le para bolas!.

Debe haber un código de ética o algo por el estilo que dicte cuál debe ser el comportamiento de los empresarios (o de sus empresas) con respecto a eso que genéricamente se denomina la "Ley de la oferta y la demanda". Estos hijos de su santa madre y sus compañías elevan sin control el precio de sus mercancías y no ha habido organismo del Estado que les ponga un parao o al menos le haga mala cara. Se acabaron los tiempos del INDECU o los de Eduardo Samán en el INDEPABIS, ahora como en un pueblo sin ley y sin sheriff los tenderos hacen lo que les da la gana.

Y mientras tanto muchos de los que hoy vuelven a aparecer como candidatos a la Asamblea Nacional, amparándose en el discurso de la fidelidad al Proceso, intentan convencernos de las bondades de votarles olvidando su ineficiencia, su incapacidad y su ineptitud.

¿Cuántos años más tenemos que darles nuestra confianza para que ellos hagan lo que debieron hacer hace años?, nombres que reverberan a lo largo de los cuatro últimos lustros vuelven a resonar en las propagandas. Una gerontocracia conformada por damas y caballeros a los que les reconocemos su constancia, pero que ya deberían pasar a la reserva reinciden en la lista de candidatos. No voy a decir nombres pero si de mascar el agua se tratara, tendríamos una verdadera pléyade de estos sujetos.

Actores, actorcillos, animadores, figurines, ejecutantes e intérpretes, galanes y otros histriones constituyen el elenco que aspira llegar con nuestros votos a la Asamblea Nacional. Y si tomamos la experiencia de TVES como vitrina del trabajo que ellos desarrollarán comprobaremos que sería lo mismo o hasta mejor colocar a Osmel Sousa o al Moreno Michael. Al menos el primero tiene un palmarés de reinas de belleza entre sus logros y el otro nos hace reír a carcajadas.

Nos es propuesta una legión de mozalbetes que levantan la mano en silencio y que repiten un discurso programado, construido en algún laboratorio de ideas o hilvanado por algún "think tank" insurgente -que los hay-, demeritan la memoria de Robert Serra y marchitan su actuar verdaderamente revolucionario. Y entre estos muchachos, asoma sin pudor la cara del nepotismo, y entonces de repente valen más los genes que los estudios o la trayectoria de lucha revolucionaria.

No somos traidores Mario, pero ¿Dime cómo hacemos para no pedirle cuentas a los que hasta ahora han estado más cerca de la perfidia que de la eficiencia?, ¿Cómo no desconfiar de una lista en donde pasan camuflados prevaricadores y apóstatas?

Para ocupar la Asamblea Nacional no necesitamos incondicionales, necesitamos juristas revolucionarios preparados, necesitamos a nuestros mejores hombres (es el término genérico para no tener que andar colocando a cada rato los dos géneros -mujeres y hombres-, que a su vez deja por fuera excluidos a toda la comunidad LGBTQ), a excelentes pensadores que los tenemos, y que asesorados por las parcialidades involucradas logren producir las leyes que verdaderamente necesita la república.

Además, la conspiración muchas veces se halla encriptada en nuestras propias filas, recuerden solamente la cantidad de "chavistas" que se encuentran hoy en el exterior huidos con la lengua suelta y con la cabuya en la pata. Entre tanta debilidad ideológica que lucen algunos de nuestros candidatos, si llegara a cristalizarse la hipotética invasión norteamericana -tan solicitada y anhelada por los más acérrimos opositores-, la traición estaría a la vuelta de la cuadra y entonces les veríamos saltar como canguros en manada.

La fidelidad de un pueblo desencantado se puede perder tan velozmente como decir "suanfonson".



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Carlos Pérez Mujica


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