Harry Potter y el "gobierno" de Guaidó

¿Qué se puede esperar de unos carajos que jamás en sus vidas jugaron una partida de chapita, de pelotica de goma o la "ere", pero que se saben al pelo las reglas del "quidditch" -ese extraño deporte en el que los estudiantes de Hogwarts montados en escobas intentan meter puntos lanzando bolas aladas a través de unos aros colocados en las puntas de unos postes-?

Acostumbrados desde niños a vivir en un mundo de fantasía en donde -en un universo paralelo al nuestro-, se pueden estudiar las artes de la magia y la hechicería, no les resultó nada difícil creer que "el sombrero seleccionador" dirigido desde la Casa Blanca por una mente aún más maléfica que la de Lord Voldemort, les conferiría la posibilidad de gobernar sin ser elegidos por nadie.

Y así surge el personaje principal de la saga, el "presidente" de un gobierno imaginario, que a falta de una cicatriz en la frente en forma de rayo, lo identifican las marcas de un acné juvenil persistente que le dejó los cachetes como rallo.

Desde el andén nueve y tres cuartos, Juan Guaidó emprendió su presidencia ilusoria llevándose por delante al resto de los venezolanos. Sus decisiones -aunque tomadas en ese mundo quimérico alejado de los muggles, es decir de nosotros los simples mortales-, han tenido implicaciones catastróficas en el ámbito de la economía, de la política, de la salud y en general de la estabilidad y la paz social de la nación.

Le bastó a Guaidó pronunciar la frase "wingardium leviosa" para hacer desaparecer como por arte de magia activos, propiedades y millones de dólares pertenecientes al Estado, es decir a todos los venezolanos. Y los fantasmas del desabastecimiento, de las carencias, de la violencia y hasta el espantajo del fascismo comenzaron a recorrer nuestras calles.

Ahora bien, nada de eso es gratuito, el joven mago Guaidó con sólo agitar su varita mágica hizo cambiar de manos a CITGO y a Monómeros, pero prestidigitador como lo enseñaron, también se ha ganado su tajada y en un abracadabra, de ser un humilde muchacho guaireño, pasó ahora a ostenta una jugosa fortuna. ¡Él y sus amigotes!

Como Harry Potter, Juan Guaidó debe preguntarse a cada rato a sí mismo: "Soy famoso y ni siquiera puedo recordar por qué soy famoso". Pero el Voldemort norteño, lo aúpa a continuar creyéndose el mandatario de una inexistente presidencia… "No te preocupes, Harry. Aprenderás muy rápido. Todos son principiantes cuando empiezan en Hogwarts".

Seguro que Juan Guaidó por tramposo y por torpe no fue seleccionado para la casa de Gryffindor. Él y sus secuaces, entre los que destacan Leopoldo López, Julio Borges, Carlos Vacchio, etcétera, llenan todos los requisitos para entrar a Slytherin.

Pero lo peor de la aventura novelesca de Guaidó, es que hasta el gobierno ha sucumbido a los hechizos y encantamientos que le hacen pensar que todo está mejorando, que gracias al efecto milagroso de una poción, la economía -sin que se hayan realizado cambios realmente revolucionarios, y subsanado los errores garrafales que se han cometido-, ciertamente ha mejorado.

Pero esa lectura fantástica de la vida nacional se obtiene al examinar las heladas cifras de la macroeconomía, los indicadores de inversión y otros conjuros. La prodigiosa realidad es que la gente sigue pasando trabajo del bueno. Que ahora el sueño de todo capitalista se ha hecho realidad en medio de la revolución… Este estado de cosas ha logrado crear esclavos que están felices de ser explotados.

Vivimos en una realidad como la de Hogwarts, el Ministerio de Magia intenta que el embrujo de la propaganda oficial nos impida ver lo que se oculta detrás de las cortinas del discurso: el colosal monstruo de tres cabezas, de la ignorancia, la ineptitud y la corrupción.

Pero el terco conejito de la descomposición salta de la chistera en forma de sobornos, de matraca, de sobreprecio en los productos de consumo habitual, de comisiones, de gestorías y otros tumores no más uno asoma la nariz por la puerta de su casa.

Hemos tenido que meter nuestro cuerpo en un baúl y pasarnos un serrucho por la mitad para dividirnos, de tal manera de poder tener dos o más empleos en un intento de redondear nuestros ingresos y llegar con precaria solvencia al fin de mes.

Tanto el gobierno como la oposición parecen mirarse en el espejo de Oesed, artilugio en donde el reflejo que proyecta no es el de la realidad sino el de sus más profundos deseos, y así contemplan su entorno como lo quieren ver, aquellos lo observan boyante, con una economía sana, sin sanciones, sin bloqueos, con el proletariado aclamándolos, y estos en medio de un retablo surrealista en el que ellos son gobierno, pero no para beneficio del pueblo, sino para seguir arrasándolo todo como en la gestión del "gobierno interino" con los tesoros del estado…

Mientras tanto, nosotros hombres de la calle, insistiremos en salir a trabajar para llevar algo de comer al plato, para recuperar las fuerzas perdidas y renovar los ánimos para mañana salir a trabajar, y así hasta que la muerte nos alcance porque ya no tenemos ni seguridad social.



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Carlos Pérez Mujica


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