El cono y las bombas

De lejos es solamente un borroso punto naranja ubicado sobre el techo del vehículo de algún conductor afortunado. De cerca se convierte en una figura geométrica luminosa que marca el límite entre una "felicidad" relativa y otra noche de incertidumbre, incomodidades y desesperanza.

Hay quienes comentan quizá con razón, que la gasolina venezolana es la más económica del mundo y esto tal vez sea cierto pero, ¡cómo cuesta llenar de combustible el tanque!

Cada litro de este carburante lo paga nuestra nación -que necesita desesperadamente elevar su productividad-, en días extraviados tras la neblina de las horas perdidas, en segundos sepultados bajo el tedio pastoso del asecho inmóvil, sentados detrás del volante de un carro exánime a la orilla de alguna calle solitaria, mientras un cono naranja a lo lejos te observa inmutable.

Con el pasar del tiempo la ciudad se ha vuelto un urinario -¡pongo al cono por testigo!-, y ahora cualquier vía cercana a una estación de servicio, se ha transformado en váter, exhalando la fetidez penetrante de un vulgar baño de carretera.

Probablemente el combustible venezolano no se pague con dinero pero, se paga con trozos inmensos de vida, con dos, tres, cinco días de indignación, de tranquilidad perdida, de embrutecimiento ciudadano.

La gasolina vale oro hacia la margen occidental de Venezuela, en donde ya de por sí las monedas extranjeras se tornaron de curso legal. Dólares y pesos son divisas de circulación cotidiana, a tal punto que cualquier gorda sudorosa -de esas que venden en la acera productos extraídos del CLAP enfundadas en su respectiva licra fluorescente como un cono-, a la orilla de la avenida 2 es capaz de rebotarte porque el billetito de a dólar que le pasaste está doblado o ella en su sapiencia numismática considera que ya está demasiado gastado.

La "Media Luna" venezolana, de marcada tendencia oposicionista al gobierno "revolucionario", genera millonarias fortunas con el tráfico de combustibles y a este festín parecen sumarse gustosos los encargados de acabar con el desorden, ¡esos sí que son verdaderos "Patriotas cooperantes"!

Cada litro de combustible equivale a cientos de horas-hombre perdidas tras pasar tenebrosas noches en una "soberana" cola, expuestos a la intemperie, transformando vidas útiles en jornadas kilométricamente improductivas, en arriesgadas demoras, a la espera de un infarto producto de tanta arrechera acumulada, o de una bala, asesinados por el tedio o por un delincuente desesperado.

Entonces a la larga pagarle a un bachaquero resulta ser más barato que tener que pernoctar a la intemperie días y más días. Dueños de estaciones de servicio, miembros de la "Chamba Juvenil", oficiales uniformados -de verde, beige o azul-, "Dirigentes", "Enchufados", "exguarimberos" o inescrupulosos funcionarios públicos, todos sin excepción, juegan a la pesca en río revuelto, al desangre paulatino de sus propios hermanos.

Transeúntes y conductores sufren por igual las vicisitudes de la escasez de combustibles, que al parecer el resto del país ignora que sufrimos los cordilleranos. Y si esto ocurre en las grandes ciudades, no me quiero imaginar por lo que están pasando en las comunidades más pequeñas y en los ambientes rurales.

Las atrocidades que esta nueva red de traficantes comete, parecen importarle un comino al Gobierno, llámese este Nicolás Maduro o cualquiera de sus pícnicos acompañantes de gestión, incluyendo en esta categoría a nuestro rollizo "Protector".

Los misiles que arrojan los Estados Unidos contra sus objetivos militares en el Medio Oriente aniquilan de una vez sin mucho sufrimiento para los difuntos, pero los propietarios de las bombas gasolineras merideñas nos van matando de a poco, paulatinamente.

Pereces languideciendo al final de una interminable fila de vehículos inertes detrás de un cucurucho anaranjado, mientras un vecino de hilera, septuagenario e hipertenso, te explica matemáticamente cuánto les queda a estos neomafiosos por gandola ("35.000 litros-cisterna / 40 litros-vehículo = 875 vehículos-cisterna y generalmente le colocan combustible apenas a unos trecientos carros… ¿se da cuenta vecino?, ¡Les quedan 23.000 litros para el ñemeo y que no me vayan a venir con el cuento de que el camión sólo trae la mitad de su capacidad, porque conociendo a los comerciantes venezolanos no van a pagar un flete completo para que le transporten sólo la mitad!").

A los consuetudinarios apagones, al encarecimiento artificial de los precios de bienes de consumo esencial, a la ausencia de gasolina, a la escasez de efectivo y otras carencias, ahora se suma el indiscriminado aumento de los pasajes que de manera inconsulta estos grandísimos hijos de su mamá deciden poner en práctica sin que haya sanciones, sin que ningún organismo intente proteger a los usuarios que obviamente son la fuerza laboral de la nación.

Es cierto, el Gobierno venezolano procura ayudar pero lo hace más con el corazón que a conciencia, y les otorga cada vez más prebendas a los transportistas sin que se obtenga ningún tipo de retribución. Cauchos, baterías, repuestos, aceites y otros lubricantes, prioridad para cargar combustible, no garantizan una mejoría en el servicio. Usted puede ver largas colas de autobuses, taxis y motocicletas en las inmediaciones de las gasolineras asignadas como prioridad a ellos mientras "tanquean" pero, al día siguiente ninguna de estas unidades está prestando servicio. La venta "bachaqueada" de los combustibles suministrados casi gratuitamente, además de minimizar el desgaste natural de los vehículos resulta muchísimo más rentable -al ofertarlo a veces hasta a dólar por litro-, por lo que ahora licorerías, bares y taguaras están siempre atestadas de esta nueva clase social.

El ejecutivo intenta producir o busca gasolina de donde menos se nos ocurre pero, al igual que quien vierte el agua en una olla desfondada, se hace el Willy Mays en lo que respecta a la vigilancia y organización del traslado y distribución de los carburantes. Y lo que no se va en el tráfico interno, se escapa derechito para la hermana república por una de las fronteras más permeables del orbe. Seguramente si se vendiéramos los combustibles a precios internacionales, éstos no nos saldrían tan caros.

Comprar bidones y acumular combustibles en casa se ha convertido en una práctica que, además del gravísimo peligro que representa, introduce una nueva distorsión en este complejo ecosistema, en el suministro vital de energía, que puede poner a arder la ciudad.

En esta economía, la teoría del "caos controlado" termina engendrando una novedosa conflagración de clases. Una novísima arma en la lucha geopolítica: la manipulación de los combustibles, incrementa los niveles de crítica contra el Gobierno generando condiciones favorables a los intereses que promueven los acólitos de los Estados Unidos.

Steven Mann jamás se lo hubiera imaginado. La desideologización por desencanto y frustración de la población convencida hasta ahora de las bondades del socialismo, amenaza con generar una "masa crítica" que, molesta con el gobierno, pudiera originar un tsunami que los borre de la faz de la política contemporánea.

El aumento de las expectativas materiales en algunos inescrupulosos, los lleva a traficar con los combustibles que el gobierno prácticamente nos regala. La mesa está servida y condimentada para que eclosione una nueva Revolución de color.

El individualismo, el hedonismo y la indiferencia política hacen que los estudiantes -antiguos gladiadores en pro de las personas pobres-, se hayan olvidado del combate social y se dediquen a lamentarse y en pensar en una eyección migratoria.

El darwinismo social detrás de un cono y la trampa del endeudamiento con los financistas multilaterales como una bomba acabarán con toda la población susceptible que no pueda o no tenga cómo afrontar esta tragedia anunciada mientras el gobierno se distrae con las peleas intestinas de los opositores y no hace nada.



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Carlos Pérez Mujica


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