Una nueva Constitución, más que necesaria es imprescindible

Existen muchísimas razones que hacen que hoy la elaboración de una nueva Constitución sea algo imprescindible. En este articulo me voy a referir a cuatro de las que considero más importantes.

NO ESTAMOS LUCHANDO POR UN PROYECTO DE PAIS

En primer lugar, está el hecho innegable de que en este momento los venezolanos no estemos luchando por un proyecto de país. Estamos a la deriva.

Por parte de las fuerzas del proceso, si bien el Comandante Chávez desarrolló uno que buscaba el convertir a nuestra nación en un país potencia bajo el imperio de la justicia social, después de su muerte han tomado cuerpo dentro del proceso un conjunto de ideas estúpidas contrarias al pensamiento de Chávez, como por ejemplo las de sostener que la clase media "es enemiga del proceso" o de que la integración latinoamericana solo se justifica entre gobiernos "revolucionarios", que están terminando por convertir al piso ideológico del proceso en un verdadero pasticho, y que han sido responsables de la profunda caída de los niveles de popularidad del gobierno.

Además, tesis como estas contradicen las ideas de Chávez, el cual más bien apoyaba iniciativas como la de Clase Media en Positivo, y aspiraba a una integración latinoamericana sin mezquinas condicionantes.

Si es en el campo de la oposición, si bien su dirigencia está perfectamente clara en su deseo de reestablecer el modelo neoliberal impulsado por Carlos Andrés, con todo y sus imbéciles argumentos como el de la competitividad, la inmensa mayoría del pueblo opositor desconoce este plan y se mueve movido por el temor a que en nuestro país se instaure un régimen estalinista. Y esto es así porque los líderes opositores, y actuando de una forma cobarde, no se atreven a explicar al pueblo su modelo neocolonial.

Estoy convencido que si se realizase un amplio debate constituyente se pudieran desechar las nefastas propuestas, tanto de las que sostienen los estalinistas como las de los defensores del neocolonialismo, y alcanzar un verdadero proyecto de desarrollo nacional.

ACTUAL CONFRONTACION DE PODERES SIN SOLUCION DE CONTINUIDAD

En segundo lugar, está el hecho de la abierta confrontación entre los poderes públicos, y para lo cual la actual Constitución no contempló soluciones.

Y fue así porque en la mente de los constituyentistas del 99 privaba la idea de que quienes ocuparan esos poderes lo hacían en función del país, y no que se aprovecharan de dichas posiciones para implosionarlo, como vimos en el caso de Ramos Allup que cuando tomó posesión de la presidencia de la Asamblea Nacional lo que hizo fue vociferar que derrocaría al presidente en un lapso de 6 meses.

O el caso de la Fiscal General, que tomándose atribuciones que no le corresponde, insurge en contra de las propuestas del ejecutivo. Que si lo hizo en nombre de su despacho y en instalaciones del Ministerio Público cometió delitos de peculado de uso, al colocar los mismos al servicio de intereses partidistas.

PASAR A UNA ECONOMIA PRODUCTIVA

En tercer lugar, nuestra futura Constitución debe abordar las nuevas realidades que nos imponen la economía mundial.

En efecto, gracias a la aparición del petróleo a principios del siglo pasado nuestro país pasó a convertirse de uno con una economía muy pobre, basada en la producción agropecuaria, a uno de una economía rentista y parasitaria de los ingresos petroleros. Las sucesivas constituciones que tuvimos en ese interregno, incluyendo la de 1999, han sido el soporte de ese modelo económico.

Hoy la situación es diferente. Entramos en una etapa en la cual tendremos precios bajos del crudo, por lo que los ingresos del país por su exportación no podrán seguir sosteniendo el nivel de consumo de nuestra población y debemos construir una economía productiva. Y esto no será posible si no se cuenta con una Constitución Ad-Hoc, que establezca, por ejemplo, las políticas impositivas o los regímenes de propiedad de los medios de producción, para que no se vuelva a repetir la criminal entrega de nuestras principales empresas al capital extranjero, como ocurrió bajo los segundos gobiernos de Caldera y CAP, en la que emblemáticas firmas como Savoy, Viasa, Pampero, CANTV, etc., etc., dejaron de ser venezolanas.

LA DELINCUENCIA

En cuarto lugar, está el tema de la delincuencia desbordada que hoy azota al país y la cual es consecuencia directa de las modificaciones que a nuestra legislación fueron impuestas por los imperios en las décadas de los 80 y 90. Es necesario retomar el camino perdido y establecer parámetros que permitan elaborar una legislación cónsona con nuestras realidades.

Por cierto, este cáncer de la delincuencia no es exclusivo de nuestro país, está presente en todos los países del área en donde se modificaron las políticas anti delictivas.

LA CORRUPCION

En quinto lugar, tenemos el aspecto de la corrupción, que si bien se abordó en términos conceptuales en la actual Constitución, no se precisaron los parámetros necesarios para poder implementar una verdadera política anticorrupción, y así vemos como la misma campea en muchos niveles de la administración pública, tanto de la controlada por el gobierno como por la oposición. Allí está el caso Odebrecht y Capriles.

Se bien se habló de la Contraloría Social y el Poder Moral, pero esos temas quedaron como letra muerta.

Tuve oportunidad de vivir eso en carne propia cuando una gravísima denuncia de presunta corrupción ocurrida en el Municipio Sucre, formulada por mí ante la Fiscalía, fue descaradamente desechada, y de nada valieron las sucesivas correspondencias enviadas a la mismísima Fiscal General. Cuestión que ahora le encuentro explicación, cuando veo su nueva postura política alineada en la misma dirección que la del imperio norteamericano.

PATETICOS Y PUSILANIMES ANTICONSTITUYENTISTAS

Por lo anterior es que no comparto la posición de quienes se oponen a una Constituyente, y menos de quienes lo hacen bajo la peregrina idea de que lo que busca Maduro a través de ella es imponer una dictadura estalinista al mejor estilo de la Cortina de Hierro. Al contrario, aún si ese fuese el caso, con más razón hay que participar en ella y discutir en la forma más abierta y pública, porque de lo que se trata es del futuro del país.

Esa oposición terca a debatirlo ante el pueblo mantenida por un grupo de patéticos y pusilánimes dirigentes y "personalidades" es sospechosamente coincidente con los intereses del imperio, que huye de cualquier confrontamiento de ideas y lo que busca es el agravamiento del conflicto para lograr, mediante el asalto violento del poder, imponer su dominación.

Hay que recordar siempre que Estados Unidos es el principal consumidor de petróleo del mundo, cerca de 20.000.000 de barriles diarios y Venezuela posee las mayores reservas a nivel global. No hay que ser muy inteligente para entender los ataques en contra de nuestro país. Además, cuentan con el arma más eficaz en esta lucha, el dinero para comprar conciencias y lealtades.



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Carlos Enrique Dallmeier


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