Bloqueo a un pueblo y la ilusión Constituyente

La creación bloqueada

Si hay algo que define a la Venezuela actual, por decirlo muy sintéticamente, es el BLOQUEO de las relaciones sociales bajo el amparo de un Estado cada vez mas represivo y mafioso. Siempre desde el campo revolucionario hemos interpretado el estado de opresión como un modelo de dominio constituido donde se legitiman religiosa o ideológicamente las diversas formas de explotación del quehacer productivo y, en general, de las energías productoras del ser humano, desde sus formas esclavistas hasta la moderna explotación capitalista, suponiendo que en esas energías el poder impuesto hará todo lo necesario para que sigan vivas a través del trabajo.

Ahora, ¿qué pasa cuando el status de poder ya no busca sino explotar lo estrictamente necesario para reproducir sus condiciones de existencia; energías mínimas que muevan, entre otras, la base productiva necesaria para la producción de la renta –en este caso petrolera– y la economía terciaria comercial y de servicios básicos; y el resto, hará lo imposible por bloquearlo… impedir el intercambio, los flujos sociales, la actividad productiva creadora, y en general, todas las relaciones sociales medianamente libres de una sociedad, y ni siquiera, a la manera de los viejos modelos de planificación central de Estado, conducirá una masa de trabajo social, juntando individuos por los caminos predeterminados por su plan hacia los nichos establecidos de desarrollo productivo? Obviamente nos enfrentamos a una violenta involución económica pero al mismo tiempo nos encontramos obligados a reinterpretar muchas cosas y tomar con mucha seriedad aquello en lo que los viejos anarquistas, Samir Amin o el líder kurdo Öcalan, vienen reinsistiendo: el capitalismo no son relaciones económicas aunque se solvente en ellas, el capitalismo, antes de ser un modo de producción, es simple y llanamente una relación de poder propia de la modernidad. El actual desastre venezolano lo confirma plenamente.

Estamos ante un estado puro de opresión simbólica (gritos y modelos simbólicos llenos de “paz y liberación” en todas su formas, que sirven de soporte ideológico y espectral para facilitar su total negación práctica) de Estado policial estricto, de autocracia política generalizada en todos los polos partidarios de oposición y gobierno, dentro de una decadente paralización obligada de las energías productoras. No es un sistema dinámico de apropiación de plusvalía sino una directa destrucción o saboteo del poder-hacer de una sociedad, condenándola al más inútil papel del espectador pasivo y despolitizado (el soñado “centro político despolitizado”de José Vicente Rangel o Mary Klein Stelling que no preña ni molesta, solo llora, reconoce y acata), pero a la vez desesperado por el deterioro de su situación material. Es el ahogamiento de todas sus manifestaciones laborales realmente fabriles, inventivas, de sus producciones materiales como inmateriales, de su magia cultural, hasta de sus fuerzas prácticas revolucionarias. Todas ellas están encadenadas a un modelo corporativo-burocrático que fue degenerando hacia situaciones cada vez mas comprimidas sobre el despotismo burocrático y el chantaje mafioso, al servicio de la acumulación de riqueza que le es amiga o conveniente porque traen el capital que ya no tienen.

Es quizás un momento de realización ejemplar dentro de los límites de un mediano Estado petrolero del psicótico capitalismo financiero y rentista: nada se produce, se multiplica la pobreza por tanto, pero todos los días se aumentan las ganancias para un clan afortunado cada vez más pequeño y dominante. La pereza dejó de ser el derecho que genialmente invoca Lafargue sino una im-potencia obligada. El dominio por la represión o burocratización de todas las energías que abren caminos posibles, tanto así que el poder sacarlas de ese juego maldito de las ínfulas paralizantes de una burocracia inútil, eso y solo eso constituye un acto de resistencia y liberación extraordinario. Un dominio decadente comprimido sobre el dinero-el símbolo-el parasitismo empresarial-el código y chantaje burocrático. Cualquier trabajador o pequeño empresario simplemente con el deseo del hacer y finalmente ofrendar lo suyo a los suyos, o al mundo si se ha hecho plenamente humano, suman todos los días ejemplos de este bloqueo, este saboteo total a la creatividad individual y colectiva que a cualquier extraño le parecen impensables.

Sobran los ejemplos, entre ellos: las reglas y permisologías insoportables de la burocracia, la destrucción y bloqueo del sistema de transportes, autogestion y autogobierno comunal, intercambios comerciales directos no monopolizados, la apropiación de la información de los medios públicos completamente bloqueada, un absurdo, hiperinflacionario y bloqueado sistema de cambio, los chantajes territoriales de todo, las formas de bandas armadas y paramilitares, el bloqueo de los procesos electorales en su espectro nacional como al interno de los tejidos sociales, sindicatos, consejos comunales, etc., y ahora lo entenderíamos al modo en que una concepción cada vez más represiva del Estado que entre otros bloquea la circulación del metro de la ciudad de Caracas para evitar el desbordamiento de una protesta que independientemente de sus anclajes dirigentes derechistas y su compenetración con la “conexión Uribe” paramilitar, lleva consigo una legítima rabia colectiva que la izquierda burocratizada abandonó y que este bloqueo informático y territorial no hace sino desbordarlo y provocar el incremento de las violencias facciosas de lado y lado, además de los agentes represivos militares y policiales.


El oxígeno constituyente

El acuerdo fundamental entre el grueso del movimiento popular y Chávez como líder ascendente y “caudillo igualitario” entre los años 97 y 98 fue el destape del poder constituyente como camino de refundación republicana y construcción de las bases de un nuevo Estado y una nueva sociedad soportada sobre la igualdad, la soberanía, la justicia y la democracia directa y revolucionaria. Las formas reales de ese poder constituyente se materializarían tanto en la constituyente refrendada y electa como en un vasto proceso popular constituyente que daría pie a la reconstrucción y transformación de las estructuras sociales, culturales y productivas, en un sin fin de “constituyentes populares” y asambleísmo permanente de base que apenas pudieron alzar cabeza hasta quedar atrapadas dentro de la ofensiva de la contrarrevolución oligárquica como los propios agentes burocráticos civiles y militares que comenzaban su histórico saboteo. Sea lo que sea en todo caso el “pacto sobre la potenciación del poder constituyente” en su momento constituyó una novedosa y creadora estrategia revolucionaria que inspiró al resto del movimiento emancipador continental y el nuevo mapa geopolítico que se creó en los años 2000.

La cantidad de actores que entraron dentro de este juego y alianzas policlasistas (personajes como Herman Escarrá entre los más evidentes) por supuesto que harían todo lo posible por reducir al máximo la potencia constituyente emergente y realmente transformadora reduciéndola a un liberalismo progresivo, “participativo” dentro de los nuevos esquemas de la izquierda reformista y democratista que se le compraron a la socialdemocracia europea. La constituyente reconoció múltiples derechos desde los más políticos hasta una amplia agenda social de derechos, pero fue mínima su viabilidad posible; es decir, el cómo de su materialización (dentro de esos límites normativos es allí donde entraron los actores de la mediación burguesa). De todas formas más allá de constituyentes formales la estrategia de poder constituyente y popular estaba marcada y en ese sentido, se fraguó y multiplicó el movimiento popular en una guerra autónoma que duró no menos de siete años entre invenciones culturales, educativas, comunicacionales, tomas de tierras y fábricas, reconstrucciones municipales participativas, legislaturas que abrieron el campo político del poder popular-obrero-comunal, hasta quedar sometidas a la forma Estado-gobierno-partido y más tarde bloqueadas en el mundo socio-político que hoy conocemos.

Una estrategia que más que vencida como venimos diciendo y sistematizando desde hace años fue bloqueada desde dentro, invadiendo en la medida en que se afianza ese bloqueo, todas las relaciones político-económico-territoriales, hasta llevarnos al desastre de hoy. Por ello y viéndola desde la historia “la constituyente”, “el proceso popular constituyente”, es la madre de la estrategia de la revolución bolivariana en su contenido societario y hasta civilizatorio.

Ahora bien ¿qué puede representar hoy en día más allá de los oportunismos y los desesperos de una cúpula autocrática por preservarse en el poder y utilizar cualquier trampa jurídica y política para ello, un decreto presidencial convocando a una constituyente? ¿Se está desbloqueando y oxigenando una situación terriblemente crítica que ya entró en su fase política desde una perspectiva popular-democrática, o por el contrario se bloquea aún más? ¿Es una marramachada defensiva y de última hora o una genialidad política que no solo le da salida a los intereses cupulares, sino cansados de su autocracia burocrática reconocen su desastre y se esquivan “regresándole el poder constituyente al pueblo”?

Este decreto constituyente no es el fruto de un movimiento insurgente como fue el caso del movimiento del 99. No es un “acto constituyente” con pueblo de por medio reunido, movilizado y convertido en potencia política, con el grito revolucionario que presiona todo el campo político constituido hasta hacerlo ceder sin necesidad de hacer explotar la violencia revolucionaria. No es el forcejeo de dos actores colectivos confrontados pujando por transformar o conservar un status societario. Es solo eso, “una jugada” del niño copión que nuevamente y acordándose de lo que copiaba de otros años atrás vuelve a ponerse en el mismo “flux” para pasar un examen donde está a punto de ser “raspao” por completo; donde la épica de antaño regresa descolorida e insípida. Este decreto en sí mismo no desbloquea nada, de hecho ninguna norma por más bonita y fines que se le ponga produce realidad y menos entre tanta hambre y corrupción que lo que necesita es de quiebre y decisión. Desde esa perspectiva y llegando hasta donde estamos aquí lo único “constituyente” verdadero sería el llanto de los mandatarios actuales pidiéndole perdón a un pueblo que se ha alzado, puestos presos a cuidar guarderías por misericordia y un consejo revolucionario votado que asuma la conducción de un país que se ha hecho una sola asamblea en decisión continua.

Siendo “por ahora” más que difícil esta última opción y estando la masiva protesta que suma víctimas todos los días tan carente de contenidos que la llenen de una visión renovadora del mundo, tan absorbida en sus odios desde los más retrógrados, racistas, anticomunistas, hasta juveniles entrelazamientos que entre guerreros y menos atrevidos no salen de las lingüísticas del teléfono samsung y sus virtudes de juguete nuevo (y que por favor alguien me diga lo contrario, que aquello de que “negritos y blanquitos” ya sea unen por una vida libre y justa), esta descolorida constituyente podría tener un interesante papel.

Ya que los brillantes dirigentes de la oposición no se dieron cuenta que nuestro presidente Nicolás les puso una papa dulce en las manos con este decreto constituyente y podrían asumirlo en pleno pero exigiendo la disolución previa de todos los poderes y creando un pacto entre ellos de que cualquiera que sea electo luego de las elecciones generales que le sucederían efectivamente llamaría a constituyente sobre unas bases mutuamente acordadas (sueño del diálogo; motivo para acelerar una regresión constitucional que les permita a los dos actores “constitucionalizar” sus apetencias privatizadoras), entonces que lo asuma un bloque progresivo, democrático, popular. Bloque que hoy no tendrá la fuerza de disolver nada pero obligará, si no a desbloquear este castillo de princesas del capitalismo financiero que nada produce, al menos a destrabar la hermandad perdida y horizontal de pueblo a pueblo, reactivar la autonomía política del arco revolucionario y poner a marchar el debate transparente que al menos impida que el gobierno haga de esta “constituyente” una asamblea medieval corporativa y preestablecida, pareciéndose a algo libremente electo y deliberativo.

¿De qué se trata y cuál sería la meta de este bloque popular de fuerzas? Si no nos llega la guerra civil antes, la indescartable alternativa golpista o lo que hemos llamado la “rebelión vacía” de la postpolítica se imponga, fenómenos que acabaría en un minuto con esta discusión, vale la pena juntar, hablar, formalizar el mundo a los deseos más nobles mientras la rebeldía de las bases prepara sus verdaderos trapos picantes y efectivamente “constituyentes”. En otras palabras, queremos dejar bien en claro que el “flux” constituyente del gobierno no nos interesa para nada como fenómeno en sí constituyente. Sea cual sea lo que invente de nueva norma, sea cual sea ese esquema absolutamente absurdo de combinar el elemento corporativo absolutamente imposible de resolver desde el punto de vista liberal-democrático de “los sectores y los territorios”, esta constituyente nada tiene que ver con la potenciación del poder constituyente de un pueblo. Además, ¿quién tiene derechos o no a votar por las constituyentistas mujeres o los constituyentistas jóvenes, o los trabajadores?, ¿dónde empieza y termina el derecho al voto de estos “sectores”?, esto combinado al voto territorial universal y secreto. Un absurdo revoltijo que solo se podría resolver llamando a una auténtica constituyente fascista corporativa y de voto de segundo grado según los criterios corporativos podría resolverse. Que gremios, sindicatos, movimientos, decidan candidatos es otra cosa, pero eso no divide corporativamente ninguna asamblea sino diversifica sus candidaturas y la despartidiza. A la final interpretamos que se trata en primer lugar de ganar aunque sea una mínima mayoría por parte del gobierno en esa asamblea que en el voto territorial la ganaría ampliamente la oposición. Y en segundo lugar generar un yugo policlasista que defina un pacto nacional en función de algún modelo centrista que combine los intereses de las viejas oligarquías y las nuevas boliburguesías sobre un esquema de economía mixta y monopólica que garantice derechos sociales básicos que no limiten los espacios de acumulación de capital.

Luego, lo que nos interesa de toda esta situación, y a conciencia de la pérdida de poder del espacio social-revolucionario, es poder reemprender desde abajo, en toda su fuerza y diversidad el “proceso popular constituyente”, independientemente de estar o no en constituyentes descoloridas y absurdas (que no sabemos ni siquiera si van a ser posibles y no un rotundo fracaso en caso de que la oposición y las “mayorías” nacionales decidan no participar en ella), decidir o no meter candidatos en ella, cosa que decidirán los espacios concretos de acuerdo a las situaciones reales que viva cada espacio de base. Nos interesa destrabar el proceso que quedó bloqueado desde el año 2003, cuando las nuevas caras que comenzaron a presidir PDVSA, pudieron acabar con la última constituyente popular de entonces que fue la petrolera.

Un momento entonces para desbloquear no desde arriba soportando las gorduras de un Escarrá o las nuevas grasas de tanto burócrata que ya pesan y fastidian como sus propios laberintos oficinescos y burocráticos, sino desde constituyentes de la tierra, del agua, del mar, de las escuelas, de las universidades, de las industrias básicas, del poder comunal y municipal, de la ecología y las comunicaciones, del espacio indígena o de la mujer. Es decir de los incontables espacios de vida, de ser y trabajo que constituyen el verdadero tejido de articulación de un pueblo, un país que ha quedado completamente ahogado, metido, robado, en medio de esta trágica y a la vez sensacional historia de estas dos décadas. Allí sí carajo, ¡que explote el poder constituyente de un pueblo!



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Roland Denis

Luchador popular revolucionario de larga trayectoria en la izquierda venezolana. Graduado en Filosofía en la UCV. Fue viceministro de Planificación y Desarrollo entre 2002 y 2003. En lo 80s militó en el movimiento La Desobediencia y luego en el Proyecto Nuestramerica / Movimiento 13 de Abril. Es autor de los libros Los Fabricantes de la Rebelión (2001) y Las Tres Repúblicas (2012).

 jansamcar@gmail.com

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