¡Unión! ¡Unión! ¡O la anarquía os devorará!

¿Quién dijo eso? Hace 200 años, el Libertador Simón Bolívar en una coyuntura política mucho más compleja y complicada que la actual en Venezuela y América Latina.

Se han desatado todos los demonios contra el continente, y el imperio ha logrado organizar sus fuerzas y lanzarse a la ofensiva para paralizar los procesos de cambio independiente y soberano de la región. Todos estamos amenazados. Quien crea que escondiendo su cabeza cual avestruz se salvará, está equivocado. Llevamos mucho tiempo presenciando la destrucción del mundo árabe y de los países del medio oriente como para no haber aprendido la lección. La derecha supone llegó nuestra hora.

Hay una confrontación de fuerzas políticas suramericanas muy fuerte y el imperio se ha arrojado a la reconquista. Venezuela es, por el momento, el epicentro y se le ha sometido a todo para destruirla: creación de falsos positivos, deformación y ocultamiento de la realidad, bloqueo y guerra económica, entorpecimiento de la acción de gobierno, financiación a la delincuencia paramilitarizada, neurotización y aturdimiento mediático de la población, promoción de la anarquía social, todo ello con el fin de mostrar un país en caos, producto de una mala gestión de gobierno y con "crisis humanitaria" que permita, a su vez, abrir las puertas a una intervención extranjera. ¿De quién? ¿Se olvidan los sabuesos que Venezuela es promotora de la integración sudamericana?

El presidente Hugo Chávez insistió muchas veces: "No se equivoquen. Una intervención en Venezuela levantaría a los pueblos de América del Sur". Y no sería descabellado pensar en huestes populares de solidaridad internacional como recibió la república española después del levantamiento de Franco. La derecha ha logrado un triunfo momentáneo pero está muy lejos de cantar victoria. El atropello es tan arrogante y desmesurado que ya hay voces continentales que protestan. "A toda revolución le hace falta el látigo de una contrarrevolución" dijo Chávez más de una vez. Brasil y Argentina empezaron a arder, algunos países "ponen sus barbas en remojo" dadas su complejidades internas (Perú, Chile, Colombia) y otros abiertamente manifiestan su rechazo. Todos los actores políticos están viendo el tablero porque el juego es efectivamente latinoamericano.

Como hace 200 años luchamos contra una oligarquía blanca, adinerada y machista (Dilma dixit), que excluye a todos los demás, pero representada por el estigma de un negrito coleado quien usufructúa un premio nobel que no ganó. Siempre hay malinches…

Intentan ponerle piedras a UNASUR intentando desconocer la autoridad de su secretario ejecutivo, Ernesto Samper quien, a solicitud del presidente Maduro, propicia el diálogo con la oposición. La CELAC aún no ha sido convocada porque intentan finalmente una implosión en la frágil unidad que todavía existe. En esos espacios es donde verdaderamente se dará la confrontación. La OEA y su cobarde secretario general demostraron que son sólo un instrumento del imperio. Nosotros unidos, solo nosotros unidos, podremos enfrentar esta fuerte agresión, confiando siempre en la conciencia, fortaleza y organización del pueblo. Cerrar filas con nuestros líderes políticos y continuar la batalla. ¡Venceremos!



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Morella Barreto López

Historiadora y Diplomática

 barreto.morella@gmail.com

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