La clase obrera en tiempos de revolución y la corrupción

Al alguien me dijo que por qué tanta asertividad al hablar, como si uno tuviera la razón, como si siempre uno tuviera la razón. Pero ¿Cómo se puede hablar como si uno no tuviera la razón?, ¡eso no lo entiendo! Uno dice lo que cree, otros que se ocupen de desmentirnos.

El papel de la clase obrera... "Tomar y consolidar el poder popular, campesino y obrero, es hacer justicia social, acabar con los privilegios". Eso dijimos en un escrito anterior. Pero me di cuenta que esta revolución pasó, el país está diluido en necesidades. En este momento la clase obrera debe jugar un doble papel: enfrentar la explotación capitalista y enfrentar al Estado, con un gobierno reformista abordo.

En los espacios de la explotación capitalista, dentro de la empresa privada, los sindicatos deben reclamar reivindicaciones laborales pero con la vista puesta en un movimiento obrero fuerte capaz de influir en las decisiones de gobierno para acabar con el sistema de explotación. El movimiento obrero tiene que desarrollar un músculo político clasista con vocación de poder más allá de las luchas reivindicativas, las cuales deben ser fuertemente políticas y politizadas.

Cada reivindicación debe tener como norte el socialismo, el Estado socialista. Esta es una buena oportunidad para recordar la historia del movimiento obrero y sus luchas en Venezuela y el mundo, recuperar el camino de Chávez, volver a Marx, a Lenin, al Che, Fidel.

Pero dentro del ámbito de la burocracia estatal la cosa cambia. En este momento hay un Estado incierto, un gobierno inepto que se aferra al poder, a costa de lo que sea. Se ha blindado, entregando casi toda la burocracia estatal a manos de militares…, y resulta que los militares cómplices han diluido todo; igualan o reducen todo, cosas y personas, con gritos y con sus pequeñas ambiciones. La "corrupción" ha sido hasta ahora el gran pretexto para instalar la corrupción.

Los trabajadores socialistas del Estado, organizados, tienen la obligación de hacer contraloría a la acción del gobierno, influir en las acciones del gobierno, ser críticos y autocríticos despiadados, tienen la obligación de ser una instancia moral y política; tienen el deber de cambiar al Estado desde adentro. Por eso deben ir mucho más allá de las reivindicaciones laborales, puesto que son corresponsables de la acción del gobierno; podríamos decir que son su propio patrón, y deben asumir su rol de corresponsabilidad. Su fuerza debe hacerse sentir pero para cogobernar o gobernar, su presencia debe hacerse sentir para controlar la acción de los burócratas nombrados por el ejecutivo.

La paradoja de revolución socialista frente a la corrupción capitalista.

El tránsito hacia el Estado socialista y el problema de la corrupción es un buen ejemplo para resolver la paradoja de los freudianos de izquierda: ¿Qué es primero, sanar al individuo, para que éste cambie la sociedad, o sanar la sociedad, para que ésta cambie al individuo? Wilhelm Reich resuelve esta paradoja declarando que las dos cosas se deben hacer a la vez, que los líderes de la revolución socialistas deben ser a la vez psicoanalistas o contar con el psicoanálisis para tomar decisiones políticas verdaderamente revolucionarias, de cambios, y las técnicas psicoanalíticas siempre apuntan a la verdad.

En el plano de la sociedad capitalista, enferma de corrupción, se presenta una paradoja similar, la de eliminar la corrupción dentro de la sociedad que la genera. Pero el problema es de los socialistas que hacemos vida en el capitalismo.

¿Qué debemos saber los socialistas de la corrupción para no caer en contradicciones? Hay que aclarar que corrupto es un calificativo atado a los valores donde se desenvuelve cada individuo. Por ejemplo, en Estados Unidos es lícito y legal hacer Lobby en el gobierno para hacer negocios, es decir, gestionar contratos ventajosos para pequeños grupos de intereses. Pero en Venezuela no, es considerado corrupción (será por eso que es tan frecuente esta práctica en Venezuela).

Nuestra herencia legislativa, la burocracia española, nos ha legado, además de una burocracia profusa, un sistema de controles y leyes igualmente profuso, lleno de excepciones, de trampas legales, de pasadizos jurídicos, desconectados de la realidad social, los cuales han facilitado que la ley funcione en contra de los débiles y proteja los privilegios de los más fuertes; sirve para amarrar y someter a las mayorías pobres.

Para los empresarios, la ganancia especulativa es legítima y si pudieran la harían constitucional, pero, para las leyes de muchos países es un delito, incluido Venezuela. Es ilegal y tiene visos de corrupción (sin embargo, en Venezuela ningún empresario ha perdido su honorabilidad por ésto, o ha ido a la cárcel, aun siendo ilegal e inmoral) Lo que para los ricos propietarios es legítimo y hasta legal, para los más pobres y para el individuo común, es un delito, y puede ir a la cárcel. Para la sociedad burguesa, corrupto siempre será el más débil.

Si tienes poder o mucho dinero, te salvas de ser acusado y condenado de corrupto. La ley da para eso… No importa mucho que en Venezuela se haya hecho una ley anti corrupción, Igual, si tienes mucho dinero te salvas, la ley no toca o no se aplica a los poderosos, realmente poderosos, no toca a los burócratas del alto gobierno, a empresarios como Cisneros o Lorenzo Mendoza, para todos ellos les está permitido romper la norma sin juicio y sanción, impunemente. Claro, frente a quienes no lo tienen, o tienen muy poco, la ley es implacable se ajusta con facilidad, de eso sabe mucho el Fiscal.

No obstante, en tiempos de revolución estos límites se arrasan. Las leyes cambian de raíz, se disuelven frente a la ley suprema de la revolución que impone otra base moral. En tiempos de revolución "Corrupto" termina siendo un juicio moral y nada más, que se hubo aplicado a conveniencia, y un estado moral disfuncional, propio de la sociedad capitalista, es la inclinación incontrolable por saltarse la norma, por dinero, por vicio, o ambos (aunque sea esta la suprema Ley de la revolución: en revolución "corrupto" es aquel que no hace la revolución, que no cambia moralmente, pero por eso no iría a la cárcel).

En resumen, la corrupción es un arma de doble filo que sirve a los más ricos y poderosos. Y dos, la corrupción es un estado de amoralidad, estimulado por la sociedad capitalista, donde todo tiene un precio; "cuánto vales, dime lo que tienes". Es por eso que la ley suprema de la revolución disuelve la paradoja de la corrupción capitalista de cara a la revolución socialista con su verdad, o no mintiendo jamás. Para los socialistas, corrupto es, estrictamente, el individuo que miente y todo aquello que se construya a partir de la mentira.



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Marcos Luna


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