Hillary, la más meona en el Wild West

Hilary se levantó muy de mañana. Pasó la noche mal. No sabe bien si fue un mal sueño o una pesadilla. Se soñó en el salvaje oeste, entre hombres rudos, aguardentosos y hediondos a establo y boñiga. Con mujeres obsequiosos por todos lados. Simples dones que prodiga la miseria, material y humana.

Ella, en aquel espacio era sheriff y obligada estaba, por falta de personal y definidas atribuciones, recorrer el pueblo de punta a punta y aguaitar por los rincones cada cierto tiempo. Pese ser mujer y los tiempos, debía hasta inspeccionar cantinas y burdeles para cuidar que en ellos prevaleciese la paz, sin importar que las enfermedades venéreas se expandieran.

En una de esas correrías, cuando empujaba la batiente puerta de uno de aquellos negocios, se topó de frente con Mónica Lewinsky. Esta abrazada salía a un cowboy rubio desde abajo hasta la testa. No pudo percibir si tenía cejas, pestañas o cabellos por la uniformidad del color; pero quedó con la intriga qué “a ese carajo como si le conozco”.
Por el desorden, violencia y pillería que había en aquel pueblo y el acicate del inesperado encontrón, se batió a tiro limpio con unos cuantos desgraciados que quedaron regados y repantigados en la polvorienta calle principal. Mala suerte para ellos, se dijo así misma, “que no sacaron a tiempo”. La Lewinsky y el rubito, en eso siempre fueron rápidos y ladinos cual linces. Lo que no dejaba de ser una amenaza para la primera autoridad del pueblo.

Aquel sueño, lleno de violencia, desorden, vicio, pecado, suciedad e infidelidad, hizo que amaneciese con jaqueca y caliente como “plancha e´ chino”. Cosa poco extraña, pues si a ver vamos, su actividad diaria la condimenta con esos mismos ingredientes.

Pero ella es capaz de ver la sutil paja en ojo ajeno más nunca las vigas que suelen atravesarse en el suyo.

La “calentera” que le produjo aquel mal sueño y las horas posteriores de insomnio, decidió pagarla con los primeros pendejos que se asomasen a la puerta batiente.

Pero antes de hablar se puso a pensar como regañar y amenazar a aquellos líderes que según ella misma, “son electos de manera libre, justa y legítima”, como Chávez, Evo, recién electo de manera aplastante, Cristina Fernández, Rafael Correa y para más vainas, ahora el Tupamaro “Pepe Mujica”. Y predispuesta por aquel desagradable encontrón en la puerta de una cantina, a los antes nombrados, les acusó que después de electos o reelectos “comienzan a socavar el orden constitucional y democrático”.

Fue esta una amenaza a lo wild best, de guapa y apoyada. Pues más de uno de los mencionados, según su parecer, ha incurrido en lo que ella dice. Pero su rabieta y prepotencia, le hicieron olvidar una cuestión vital. Si hay algo cierto en esa apreciación ¿quién califica ese delito o ilegalidad, ella o las Cortes o Tribunales Supremos de Justicia de los países correspondientes? ¿Dónde queda aquello que llaman soberanía, respeto, dignidad y libre determinación?

¿O es que inspirada en el sueño, se cree una particular sheriff, con todos los poderes y jurisdicción en todas partes?

¿Obama no quiere qué escribamos una nueva historia? ¿O seguimos con la misma? Aquella donde el presidente de los Estados Unidos, las corporaciones y funcionarios como la Clinton son los dueños del mundo.

Le molesta que “líderes latinoamericanos, mediante maniobras legales se perpetúen en el poder”; hizo alusión entre otros a Rafael Correa, Chávez y Evo Morales, quien acaba de ser reelecto con más del 63 % de los votos. Para ella esa es una maniobra y no un limpio ejercicio democrático. ¿Por qué no preguntar a los bolivianos?

Hilary, se contuvo un poco para olvidar el desagradable encuentro, no “en el rincón de la cantina”, lo que lo hubiese hecho discreto y evasivo, sino en la mera puerta, y tomando aire continuó con “Lo que me preocupa es cómo volvemos al camino correcto”. Es decir, ¿como le metemos las cabras en los corrales a estos rocheleros y alzados de nuestro patio trasero?

Pero ella se hizo la pregunta por indignada, ganas de darle a la sin hueso y prodigar amenazas, para eso es sheriff, pues ya tiene la respuesta en la mano. Lo de Honduras es la nueva historia de la que Obama ha hablado. Cada vez que surja un gobierno que no cuadre a los intereses del gran capital y su agente, el gobierno USA, le tumban y amañan unas elecciones express, donde los electos sean puros cipayos.

Podrá parecerse al pasado pero es lo que ofrecen ahora como un bello cambio democrático, una historia recién salida del horno. Para eso, la Clinton es la sheriff que más mea.

Ese descargo la tranquilizó, pudo conciliarse con el rubito homogéneo y el negrito incoherente.


damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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