La Directiva del Retorno y un posible efecto Obama

En este momento el “civilizado” y no menos racista Viejo Continente a partir de la Directiva del Retorno, discute con inocultable preocupación la manera más salvaje cómo enfrentar uno de los principales retos y temores que han heredado a consecuencia de la sangrienta historia de pillaje y saqueo de su pasado.

La inmigración (tanto legal como “ilegal”) es hoy en día causa de alarma y desvelo para un buen número de ultra conservadores Estados que con pánico visible reaccionan ante lo que viene sucediendo en Norteamérica con la candidatura de Obama, y del preponderante papel jugado por las ahora ni tan excluidas minorías de inmigrantes.

La evidente merma de los índices de natalidad en la población de algunos países de la Comunidad Económica Europea en contraposición con el desafiante aumento de la inmigración estaría hoy seriamente considerándose como una amenaza al control de sus propios y castizos conciudadanos en la futura hegemonía política.

El efecto Obama no es sólo un fenómeno que preocupa y escandaliza a un poderoso y racista grupo económico en la comunidad norteamericana, sus efectos y alcances no pasan desapercibidos a nivel mundial en cuanto a su verdadera magnitud. El parentesco racial y religioso de este principal oligopolio mundial, antes de la llegada de este candidato Demócrata, les había permitido mantener la cohesión necesaria para no perder en la Casa Blanca el venerado estereotipo de su casticidad blanca y la defensa de sus particulares intereses económicos.

Ingratamente a Obama aun le falta demasiado para poder llegar a ser la excepción de una regla que automáticamente le haría el “honor” de ser blanco seguro de este criminal cancerbero de la economía mundial. En un país donde las urnas de votación sólo se diferencian de las velatorias al momento cuando el “ocupante” asume determinada “pose” en su atrevimiento “democrático”; este candidato ya está revolucionando las “sagradas costumbres” de quienes por siempre se les toleró como sumiso rebaño para la “labranza” y que, sin embargo, ante su comprensible agotamiento, ahora significativamente enfrenta con probabilidades ciertas nuevos paradigmas políticos en una nación hasta ahora prohibida y sólo para unos pocos.

waldomunizaga@hotmail.com


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Waldo Munizaga


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