¡Esos se jodieron!

Luego de la reciente cumbre Iberoamericana que tuvo lugar en Santiago de Chile corrieron ríos de tinta sobre el altercado entre el rey Juan Carlos de España y el presidente de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Chávez. A estas alturas sería muy difícil agregar algo nuevo. No es la intención de estas breves líneas, por tanto, volver sobre eso.

Pero sí sería interesante retomar algo que dijo el presidente democráticamente electo (el monarca no se atrevería jamás a algo así): se trata de las declaraciones que en su momento le hiciera el por ese entonces jefe de Estado español José María Aznar. Según relató el propio Chávez con lujo de detalles, la vez que ambos se encontraron, el ibérico trató de "llevarlo" hacia la amistad primermundista, ante lo cual el caribeño insinuó una duda con carácter de protesta: "¿pero qué hacer con pueblos como el de Haití entonces?". La respuesta del español fue clara y precisa: "¡esos se jodieron!"

Se supone que Aznar era el presidente de una monarquía constitucional católica, lugar donde, por tanto, debería ser ejemplar la idea de amor al prójimo, vocación de servicio y actitud samaritana (¿no es eso lo que pregona el catolicismo acaso?). Se supone que España, de la mano de este presidente, hace parte de las Naciones Unidas donde los principios fundacionales hablan de la cooperación entre gobiernos y pueblos, de ayuda mutua, de respeto entre pares. Pero, según lo que públicamente denunció el presidente Chávez dando pie a poder afirmar de Aznar que es un fascista –lo cual tanto enojó al rey–, no pareciera que la caridad, el amor o la solidaridad le importaran mucho al ex mandatario ibérico. Como, en general, nada de esto pareciera importarle mucho a los que ejercen el mayor poder mundial –a los que, tanto este rey gritón como Aznar secundan a las mil maravillas–.

¿Los pobres que se jodan? ¿Eso es lo que piensan quienes ejercen los poderes del mundo? Y todo eso que se pregona en los discursos, en las misas, en las rimbombantes declaraciones públicas en relación al bien común y al amor… ¿puras pamplinas entonces? ¿Pirotecnia verbal efectista? ¿Tan malsanamente engañados nos tienen?

Si eso que le dijera en confianza Aznar al presidente Chávez es realmente la verdad, lo que piensan y actúan los mandatarios de los países dominantes, lo que realmente guía los actos de quienes manejan el mundo: ¿para qué toda esa ridícula hipocresía del discurso oficial en relación a la preocupación por los más necesitados, a la solidaridad engañosa? ¿O será que, en definitiva, a los poderes los tiene totalmente sin cuidado que algunos, o muchos, se jodan?

¿Por qué se jodió Haití o se jodieron tantos y tantos en este mundo? No por propio gusto, sin dudas, sino porque hay otros de carne y hueso que los jodieron. ¿No es esa la historia de las relaciones entre grupos sociales hasta ahora: unos, los de más poder, jodiendo a otros?

Sin dudas José María Aznar fue honesto en su confesión a Chávez. Por supuesto esas cosas no se dicen en voz alta, no son políticamente correctas. Pero esa es la pura verdad de cómo funciona el mundo, ni más ni menos: hay quienes se joden, y hay quienes joden a otro. Chávez no hizo sino decir lo que es un secreto a voces. ¿Por qué se enojaría Juan Carlos I de Borbón entonces? ¿O no sabrá él que hay jodidos y hay quienes joden? ¿No se habrá enterado que mientras él goza su bochornoso parasitismo, otros se joden?

Ahora bien: ¿habrá que resignarse a que las cosas son así? Hugo Chávez no se resigna; y como él muchísima gente no se resigna, por eso lucha. ¿Podemos aceptar pasivamente que algunos se jodan y quedarnos sólo con eso? ¿Es un destino ineluctable? Por supuesto que no, claro… Pero cuando eso se dice con claridad, algunos –los del bando de los que joden– reaccionan molestos (como sucedió con el monarca).

¿Y cuándo reaccionarán los jodidos? Porque, sin dudas, tienen más que sobrados motivos para empezar a reaccionar. Si de gritar se trata, los haitianos –y como ellos todo el Sur, y también los pobres del Norte– tienen infinitamente más motivos para levantar la voz.

¿No es una ofensa –quizá de las peores– que los que detentan el mayor poder mundial (varones blancos del Norte con las cuentas bancarias más abultadas, para describirlo muy someramente), sabiendo cómo son las cosas, las encuentren tan naturales? "Esos se jodieron", gesto de resignación y… ¿ya está? ¿Así de simple? ¿Y por qué no se joden ellos? ¿Por qué las grandes mayorías –de las que Haití es el símbolo– no empezamos a hacer algo para no seguir jodidos?

Después de los atentados en el metro de Madrid en marzo del 2004 que produjeron cerca de 200 muertos, la reacción inmediata del gobierno español, justamente con Aznar a la cabeza, fue achacar el ataque a la ETA vasca en una maniobra política que, suponía, le daría rédito electoral, aún sabiendo que los autores de los bombazos no eran ellos. Pese a lo descarado de la mentira, o casualmente por ello, la jugada no salió como calculó, lo cual le costó la reelección. En ese caso, fue ese gobierno el que se jodió. Es interesante recordar que el por aquel entonces embajador hispánico en Guatemala, Ramón de Gandarias, en una no muy diplomática declaración siguiendo directivas de su Cancillería –que vale la pena no olvidar nunca como muestra de la manera en que se mueven los poderes– dijo que "los de esta banda son unos hijos de puta" (sic). ¿En qué espejo se estaría mirando? ¿A qué grupo le cuadra mejor el apelativo?

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Marcelo Colussi

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