De la calzada romana al ahorcamiento del Caribe y el Ártico

 La Ingeniería del Dominio:
 El Hilo Conductor de los Imperios

El control de la civilización ha sido siempre una cuestión de geometría logística. Quien domina el soporte por donde fluye la vida, posee la soberanía de los pueblos. Históricamente, la expansión imperial se ha basado en eliminar la fricción para sus legiones y mercancías, mientras impone bloqueos a los subordinados. Como bien afirmaba el Libertador Simón Bolívar: "La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino un inexorable decreto del destino".

El Modelo Romano

No conquistaron solo con armas, sino con el opus caementicium (hormigón). Sus 80,000 km de calzadas (aunque la red total sumaba casi 400,000 km con vías secundarias) eran el sistema nervioso de un control militar rígido que ignoraba la topografía para imponer la voluntad del centro.

El Imperio Inca

El Qhapaq Ñan fue una proeza de piedra y fibra vegetal. Sin rueda, lograron una red de 30,000 km para la redistribución de recursos y control de los tambos (nodos de abastecimiento y pulso vital), demostrando que, si el camino llegaba, el Inca estaba presente.

El Imperio Norteamericano y el Dominio de los "Espacios Comunes"

La expansión moderna no empedra tierras; secuestra flujos. Bajo la doctrina de Alfred Mahan, el control de los mares es la llave de la hegemonía.

El Bloqueo Global: Del Caribe a Groenlandia

Hoy asistimos a una pinza geopolítica de dimensiones planetarias. El imperio no solo busca controlar el Caribe —nuestro Mare Nostrum— para asfixiar a Venezuela, sino que proyecta su sombra sobre Groenlandia. Con el deshielo del Ártico, esta isla se convierte en el nuevo pivote para controlar las rutas comerciales del norte y el cableado submarino de fibra óptica.

Este es el nuevo intento por imponer un bloqueo a las autopistas oceánicas. No solo con barcos de guerra, submarinos nucleares; también esa Troika Diabólica encabezada por Trump diseñó su plan con minas marinas, considerando sembrar esos mares con cientos de minas explosivas. Si bien los estrechos del mundo (como Ormuz o Malaca) son embudos naturales, en el Caribe y el Ártico el imperio pretende crear "estrechos artificiales" mediante el asedio militar para cerrar el paso a la fluidez del comercio mundial. Esta estrategia de encajonamiento busca convertir nuestras rutas abiertas en puntos de asfixia, mediante el despliegue de naves, aeronaves e incluso el uso criminal de minas marinas —tecnología de asedio que evoca las tácticas más oscuras del pasado— para sembrar el terror en nuestras aguas soberanas.

No es solo petróleo; es el control absoluto de la movilidad humana y económica. Este asedio se manifiesta hoy de forma criminal en el bombardeo multiforme contra Caracas y el secuestro del Presidente de la República, un intento por decapitar la voluntad soberana de un pueblo que se niega a entregar su pulso vital.

Santa Marta 1994: La Respuesta Anfictiónica y el Lenguaje de Sitio

Esta comprensión la forjamos en el terreno, respirando el salitre de la historia. En diciembre de 1994, por instrucciones del Comandante Hugo Chávez, organicé el Segundo Congreso Anfictiónico de Panamá en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta. Como Director Internacional del MBR-200, mi tarea fue tejer una red de inteligencia rebelde en un encuentro hecho "con las uñas", pero con una voluntad inquebrantable.

Logramos congregar una pluralidad de voces: desde las sólidas delegaciones cubanas hasta cuadros argentinos liderados por figuras como Norberto Ceresole. Aunque Eduardo Galeano no pudo asistir por salud, nos envió su bendición militante, sumándose a los saludos que recibimos de Uruguay y de latitudes tan distantes como Dinamarca, Noruega y Finlandia; también de Norteamérica y de la intelectualidad italiana, vasca, gallega, española, irlandesa e inglesa. En ese sitio, los países nórdicos ya oteaban el horizonte de lo que allí se discutía: la soberanía del pensamiento frente a la tecnología del control.

Fue en ese trayecto donde comprendimos que Sudamérica es una "Isla Continental" amputada. Discutíamos cómo reparar nuestras venas abiertas desde una metodología integral que entiende el territorio como un organismo vivo.

La Tesis del Flujo: La Integración Orinoco-Amazonas-Plata

La respuesta al bloqueo del Caribe y a la intervención criminal —que incluye el asedio a nuestras costas y la narrativa de personajes como Trump, quien desde su enajenada y megalómana imaginación pretende exhumar la cadavérica y extemporánea Doctrina Monroe— es el Canal Comunicante de los Tres Ríos. Esta no es una utopía cartográfica; es una realidad física que la naturaleza ya ha prefigurado.

Históricamente, este proyecto ha sido estudiado (incluso por Alexander von Humboldt). Poseemos el fenómeno único del Brazo Casiquiare, ese puente líquido natural donde el Orinoco se bifurca para abrazar al Amazonas, y la cercanía casi táctil en la región del Pantanal del Mato Grosso, donde las cabeceras de los ríos Guaporé y Paraguay apenas esperan un gesto de ingeniería para sellar la unidad del sur. Mientras el imperio gasta trillones en flotas para vigilar océanos, nosotros poseemos una autopista natural interna. Conectar el Orinoco con el Amazonas y el Río de la Plata no es solo una obra de ingeniería; es un acto de liberación. El transporte fluvial es 30 veces más barato que el terrestre. Las corporaciones logísticas bloquean este proyecto porque un continente que navega sus propios ríos se vuelve invulnerable al chantaje de los fletes oceánicos.

Hacia una Geopolítica de la Conciencia

A través de mis artículos y mi libro "El Latido Invisible: Una Invitación a la Expansión Sin Heridas", propongo un análisis desde ópticas que el "cientificismo puro" se niega a ver. Lo cuántico y lo sintérgico son verdades que nos ocultan. Si hoy la ciencia demuestra que podemos transmitir información a través de un átomo —logrando que la materia y el dato viajen superando viejas barreras—, nuestra política debe dar ese salto cualitativo.

Frente al "zafarrón" de un sistema que lanza patadas de ahorcado y bombardea la estabilidad de las naciones, debemos actuar con la dignidad de la Zarigüeya: resistencia silenciosa, permanencia y construcción social profunda. Frente a la "rata" que infecta, conspira y abandona, nosotros somos la persistencia de los pueblos y de un territorio que se niega a ser asfixiado. Mientras tanto, enciendo el televisor para intentar anclarme a una realidad que parece fragmentada.

En el Palacio de Miraflores, este lunes 19 de enero, Venezuela intenta retomar el pulso tras los traumas de aquella madrugada fatídica del 3 de enero: el bombardeo a Caracas y otras regiones del país, y el secuestro del presidente Nicolás Maduro junto a la Primera Combatiente. En la pantalla, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, proyecta una imagen de gestión que contrasta con el mar de emociones que sacude mi pecho.

Mis sensaciones, recolectadas desde visiones remotas de un multiverso de posibilidades, son estremecedoras. Aún resuena el abecedario metálico de la muerte: más de 160 aeronaves a más de 45,000 pies de altura, se hacían invisibles, pero con una vibración que nos trituraba el cráneo. De pronto, el cielo se quebró con los flashes cegadores de las explosiones iluminando la noche como relámpagos de azufre. Era una sinestesia de terror: el sonido denso del olor a pólvora y carne quemada que se metía por los poros, un estruendo que se podía oler y una muerte que se podía escuchar. Los helicópteros de ataque, a ras de ventana, terminaban de vomitar su odio en la oscuridad.

Hoy, al mirar por la ventana hacia el horizonte, solo veo un Zeppelin extemporáneo. Un artefacto lento, un ruido monótono que marca el fin del estruendo. En este silencio recuperado, solo queda la utopía de John Lennon. La Nana de Petare arrulla al niño, con la armonía patria, en el muro escrito un graffiti rebelde, rasgos apresurados, la conseja de Alí Primera, "La patria es el hombre".



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Lorenzo Angiolillo Fernández


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