Historia viva

Bogando por el Arauca

Una vieja conseja decía que "Caracas es Caracas y lo demás, monte y culebra" este embuste, para decirlo llanamente, no es más colonial porque le falta el traje de conquistador pero aún pulula en algunas mentes estrechas, quizás por ello hemos estado de espaldas a la frontera con Colombia y a todas las fronteras, no obstante algunas avances en ese sentido, porque ir a la raya imaginaria que divide las dos repúblicas en Arauca resulta un riesgo que solo sus habitantes lo entienden y que es menester tratar con cuidado y ponderación.

Lo que si podemos decir es que han sido nuestros romanceros llaneros de allá y de acá, de ayer y algunos, de hoy (muy pocos) los que nos han dibujado en verso la magnificencia de esos parajes lejanos del Arauca, desde sus cabeceras hasta su baja rivera donde entrega sus aguas cansadas de navegar por Colombia y el Apure, para dormir en el Orinoco, así lo describió el maestro Genaro Prieto o el Tigre, Francisco Montoya de San Juan de Payara nativo del curso bajo del Arauca o Jorge Guerrero del caserío Leche y Miel en el alto Arauca cuando el mismo río ingresa a Venezuela como un alma errante de donde beben esos pueblos.

Un amigo binacional me dijo: "Caminé por una trocha peligrosa entre Fruta y Miel y Arauquita en la frontera colombo venezolana, no vi a nadie pero todos los de allá me vieron. Al primero que no vi fue al gobierno colombiano, o no sé si estaban ocultos para que digan que ellos no están metidos hasta los tuétanos en una agresión contra Venezuela. No lo sé, solo lo supongo." Buena la oportunidad del 16 Congreso Nacional de Historia para que Argenis Echenique o sus discípulos lo anoten y hagan conocer antecedentes sobre el tema.

Nos toca revisar el relato histórico fronterizo donde observo indicios que dan cuenta de un latente peligro para ambos pueblos: una guerra declarada, porque no declarada ya la hay desde que Alvaro Uribe Vélez y al gobierno de EEUU les dio la gana de agredirnos.

Hagamos una síntesis histórica del tema y hay que señalar que ese llano tiene una línea imaginaria político administrativa que se diluye en una cosmogonía común ancestral de millones de años de existencia humana y que desde la entrada de los españoles se ha consolidado una multiplicidad étnica que define a los pueblos de la Orinoquia, tanto de allá como de acá. Eso es lo que llamamos cultura llanera, cuya sangre combustionó la guerra de Independencia con miles de hombres, mujeres, caballos y vacunos.

En tiempo reciente vino la guerra contemporánea, cuando el pueblo colombiano exigió la paz, cansado de verter tanta sangre bajo el cielo cundinamarqués y se hicieron los acuerdos en 2016, la oligarquía colombiana a regañadientes tuvo que aceptarla. Venezuela y Cuba estuvieron ahí y todavía están para tender puentes no obstante las provocaciones uribistas. Ahora está en proceso una nueva oleada de violencia fronteriza en tanto habrá elecciones en mayo próximo, es previsible un comparsa las lances de apariencia nacionalista.

El amigo binacional sigue diciéndome: el tema es bastante escabroso paisa. Se lo digo porque allí el problema es por el control del corredor de la droga, el gran negocio del mundo. Recuerda que aquí convivimos hace más de 50 años con ese asunto. Que en mi criterio afecta ahora más a los pequeños y medianos productores de la franja fronteriza, por la sencilla razón que hasta el uniformado de menor rango anda buscando su tajada, es decir, se han degradado mucho los organismos de seguridad de Estado…" Aquí va la advertencia para los altos mandos que tienen que lidiar ante la amenaza de grupos paramilitares colombianos, que ahora se llaman "disidencia" y las arbitrariedades de algunas autoridades militares que ven en el pueblo al enemigo cuando debería ser lo contrario. Según algunos es el "billete" el que manda en la frontera, pero ¿Es así y que ocurre con las miles de familias afectadas? No es un asunto sencillo pero la aproximación cívico militar debe ser el mejor instrumento para recuperar territorios para la seguridad y la paz social.

Nos toca volver a un punto de encuentro, como es tradición en esa frontera familiar y común, donde coexisten colombianos y venezolanos, llaneros de allá y de aquí, familias de una frontera binacional que en tiempos no muy lejanos se encontraron en asuntos académicos en los 90 que dejaron huellas imborrables, pero para ello debe existir un mínimo de garantías de seguridad y paz.

¿Quién garantizará la paz en Arauca? ¿El gobierno colombiano? No le interesa. ¿Los paramilitares y el narcotráfico? Menos. Los verdaderos interesados son los pueblos que cohabitan allá con apoyo de nuestros militares que con igual entereza tienen que lidiar con el terror paramilitar, las arbitrariedades de las autoridades colombianas y algunas veces venezolanas asociadas al cáncer de la corrupción que es la mejor arma del narcotráfico para intentar romper la moral de la nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana

Una inyección de entusiasmo nos la enseñó Bolívar con la titánica Campaña de la Nueva Granada cuando los llaneros del Llano alto lograron liberar Cundinamarca, recordemos a Juan José Rondón para seguir gritando que todavía no habían entrado en batalla y ahora vamos a una que tiene perfil diplomático para evitar las provocaciones. El pueblo colombiano y el venezolano quieren paz y por ella tenemos que seguir la lucha de Bolívar y Rondón.

 



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Aldemaro Barrios


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