Lo que pudiera haber para Venezuela detrás de las elecciones en EEUU, gane Biden o gane Trump

Mi amigo me llamó; está muy lejos y desde su palco, muy cercano, escruta con demasiado cuidado la política de Estados Unidos y su relación con Venezuela. Por lo que sabe, cree que ahorita, jueves 5 de noviembre a las 5 de la tarde, Biden pareciera ganar las elecciones. Pero aún faltan horas para que sepamos en definitiva quien será el próximo presidente de aquel país.

Habiendo todavía dudas, optamos por analizar los hechos y el futuro en base a las dos opciones, gane Biden o Trump.

Lo primero que resaltó, es lo mismo que ya habíamos leído en la prensa internacional. La habitualmente elevada abstención ante cada proceso electoral sufrió un cambio significativo. Según los datos que maneja, ella se redujo al 35 por ciento aproximadamente. Es decir, del total de ciudadanos con derecho a votar, el 65% ejerció ese derecho. Según el diario El País de Madrid, nunca antes, después del 1900, se había alcanzado un promedio tan alto.

La agresividad de Trump, sus rasgos muy personales y hasta el desafío suyo ante una buena parte de la población, la crisis honda en la economía, los derechos ciudadanos, la manera banal como el presidente maneja la pandemia, preferencias y la opción de votar por correo y hasta por adelantado, contrario a aquello de tener que hacerlo un día específico, determinado y laboral, contribuyeron a ese sustancial aumento en el número de votantes. Pero también pareciera ser que, sectores de la juventud y de los afrodescendientes, sintieron el peligro que para ellos significa la continuación de aquél en la Casa Blanca. Trump, de hecho, no ha sido más guerrerista que Obama u otro cualquier presidente republicano o demócrata, pero cada día, con sus poses, hasta enfrentamientos con sus habituales socios como los de la UE, actitud amenazante generalizada, produce ese temor y en estos tiempos, donde abundan quienes están muy bien armados, eso crea además incertidumbre.

Al final de nuestra conversación, por las informaciones que llegaban y la negativa de los tribunales en algunos Estados a atender las demandas de Trump de detener los conteos, se sintió más seguro en el triunfo de Biden, sin negar que dentro de la realidad todavía existen márgenes, aunque sean muy pocos, para que el resultado cambie.

Los dos, coincidimos que, el mejor resultado para Venezuela, sería aquel en el que el candidato ganador, sea quien sea, pierda en La Florida.

Y dijimos eso porque, a ambos no nos cabe duda, que el cúmulo de sanciones que el gobierno de Trump ha aplicado sobre Venezuela, más que a Maduro, está afectando dramáticamente a la economía toda y particularmente a los trabajadores y en general a la casi totalidad de la población, también tienen el fin siniestro de atrapar esa votación de La Florida. Pues porque, siendo este un espacio donde los candidatos trataban de asegurarse el voto latino, sobre todo de cubanos y venezolanos, y dado que en ese universo predomina una percepción simplista y extremista del asunto, el presidente Trump y su contendor, se han sentido tentados a hacer lo que sea para asegurarse esa votación, tanto con el discurso como en los hechos.

El gobierno venezolano, por distintos mecanismos, pareciera estar preparado para resistir por más tiempo de los que sus adversarios más contumaces desean, como que pudiera ganar las elecciones venideras por la AN y con eso, como cuando ganó la ANC, tomar un nuevo aire. Y legalmente, a la presidencia de Maduro, todavía le queda mucho trecho.

La soñada opción de "La Salida", la invasión y la guerra interior pareciera haber perdido sustancialmente el sustento que alguna vez tuvo. El carácter de las elecciones mismas en EEUU, la pandemia, el cuadro político suramericano con los últimos elementos como el triunfo de Luis Arce y el MAS en Bolivia, la derrota de la derecha en Chile en el referendo por el proceso constituyente, que envolvió de hecho un descomunal descalabro de las políticas de Piñera, la incertidumbre en Ecuador y Perú, no parecen favorecer tampoco ese dorado sueño de la ultra derecha venezolana. Sin olvidar que, la situación interna de Colombia y particularmente del gobierno de Duque, no están en su mejor momento. Sin olvidar a Brasil, donde Bolsonaro tampoco parece tenerlas de lo mejor consigo.

Es decir, en Suramérica, las fuerzas que habían venido manifestándose a favor de la intromisión en Venezuela, que tampoco era radicalmente en favor de la guerra, las cosas parecen tomar otro signo mucho menos favorable.

Lo de Bolivia, donde quedó demostrado que lo del fraude, en buena medida manejado por Luis Almagro y la OEA, dejó a estos en una muy mala situación y desventaja.

Pareciera entonces que, el escenario ahora, después de las elecciones de EEUU, y con ellas mismas, tiene rasgos muy distintos. Pudiera ser que el presidente de aquél país no sea Trump. Pudiera ser que lo sea, pero en circunstancias muy distintas, hasta a las por él esperadas. Sería un presidente sin la aureola aquella de su primera elección y dentro de un país convulso o predispuesto a ello, por los factores económicos, lo dudoso del resultado y hasta la pandemia y el particular cuadro que ella pinta.

Pero todavía hay algo más. Las elecciones de diciembre en Venezuela crearán una situación novedosa. Como una AN integrada por factores distintos a los del oficialismo. Ya no sería esa ANC integrada por sólo un parte del universo venezolano. Allí estarán factores de la oposición que van a defender su derecho, representación e institucionalidad.

Esa AN servirá para legalizar la existencia de una oposición distinta a aquella que opta por el golpe, la invasión y las guarimbas; pero también al gobierno del presidente Maduro.

Y la oposición que se identifica con Guaidó quedaría al margen de la legalidad, sin representación alguna en el aparato del Estado. La figura del "presidente interino" quedará invalidada, sin soporte legal alguno y, además, las fuerzas que aquella cosa había defendido, totalmente disgregadas y casi disueltas.

La opción que pudiera tomar fuerza, entre factores democráticos, porque lo determina la constitucionalidad y gana respaldo político, sería el referendo revocatorio. Este escenario pudiera no ser propicio para las fuerzas extremistas, porque ellos no podrían justificar ante sus electores y los electores todos, acudir a un evento de esa naturaleza cuando han estado calificando al gobierno de ilegal y a Maduro de "usurpador". Ir a un revocatorio, donde existe la opción de perder, sería justificar a Maduro y hasta descalificarse ellos mismos. Sería mucho lo que se juegan, como perder lo poco que les queda.

¿Habrá en el nuevo gobierno estadounidense, sea Biden o Trump el presidente, disposición para seguir soportando a Guaidó y las persistentemente erradas políticas que encarna?

¿Estará ese nuevo presidente, habiendo cambiado el cuadro externo, el de Suramérica y el interno, el de EEUU, en disposición de seguir cometiendo los mismos errores y experimentando idénticos fracasos?

¿Cómo no concebir que el gobierno de EEUU opte por una nueva estrategia y distintos aliados?

Mi amigo piensa muchas cosas al respecto. Lo primero que pone empeño en recordar es que ya, con anticipación, Trump ha hecho saber que "no le gusta Guaidó", no le cree apto, lo que parece por demás evidente, para el rol que le pusieron a jugar. Pero además de no gustarle el personaje, que ahora aparecerá sustancialmente disminuido, dadas todas esas nuevas circunstancias, eso que pesa demasiado que llaman la realidad, impondrá cambios, como una nueva actitud.

Es mucho el dinero y los planes fracasados, que hasta han puesto en duda la eficiencia y seriedad de organismos estadounidenses para seguir corriendo los mismos riesgos.

Pero hay otras cosas. Maduro no ha sido fácil de derrotar y pese lo que digan sus contrarios, goza de cierto respaldo popular. No es un gobernante solo, atrapado por las fuerzas armadas, como pareciera ser la idea que se forja la ultraderecha venezolana y esta vende al gobierno de EEUU.

Pero ahora hay algo novedoso. La Ley Antibloqueo, promulgada por la ANC, más allá de la legalidad o no de la misma, es un instrumento o un discurso que revela al capital internacional, empezando por el estadounidense, lo más íntimo de las intenciones del gobierno; su disposición a tender puentes, dialogar y recomponer viejas relaciones. Por encima de la formalidad del discurso, que de paso tiende a edulcorarse, están las verdaderas intenciones, la disposición de quienes gobiernan en Venezuela, reveladas en ese instrumento legislativo.

La presión del voto de Florida, una vez contados los votos, dado el resultado definitivo, ya no tendría la fuerza de antes y más, como ya dijimos, si el ganador de la carrera presidencial resultó derrotado en ese espacio. Para Biden, electo presidente y habiendo perdido en La Florida, ya su "compromiso" no será exactamente el mismo.

Es evidente que la posición de los demócratas, el caso del gobierno de Obama lo revela, no es la misma frente a Cuba y ahora Venezuela del gobierno de Trump. Y si con este, en el supuesto que siga en la Casa Blanca, por todo lo que hemos dicho, esperamos cambios significativos en la formalidad de las relaciones diplomáticas y comerciales, más si el ganador resulta Biden, por lo que, como dice mi amigo, y uno mismo, "en 4 ó 5 meses va a comenzar a producirse un cambio en las relaciones entre EEUU y Venezuela".

¿Hasta dónde llegan esos cambios, qué habrá esencialmente en ellos, qué significarían para los intereses nacionales? Esos son asuntos a dilucidar aparte.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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