El último amanecer

El amanecer del 12 de Octubre de 1492 fue único e irrepetible para la humanidad.

El amanecer del 12 de octubre de 1492 una parte del planeta sintió lo que sentiríamos hoy si una invasión extraterrestre amaneciera oscureciendo nuestros cielos.

Los atónitos indígenas apenas podían creer lo que estaban viendo; al disiparse la neblina, unas siluetas fantasmagóricas se dibujaban en la bahía de la isla de Guanahani.

Ese impactante momento no se ha repetido nunca más en el planeta, pues para que algo así se repita tendría que venir una expedición del espacio exterior a posarse en nuestros cielos y eso nadie sabe si sucederá o en todos casos, cuando.

Si esa expedición extraterrestre viniera, ojalá no lo haga de la misma manera como aquellos, para entonces extraños seres, vinieron a América en 1492.

El imperio Romano extendió sus fronteras en el mundo conocido como ningún imperio lo hizo jamás, sin embargo en su conquista no destruyeron ni aniquilaron civilizaciones; en su conquista causaron las muertes relativas a una invasión territorial pero no se empeñaron en exterminar a los habitantes de los espacios invadidos para suplantarlos por su propia especie; eso sucedió aquí desde el mismo momento histórico de la mañana del 12 de octubre de 1492.

Una vez invadido los espacios territoriales y exterminada la mayor parte de la población, los sobrevivientes terminaron mezclándose, producto de las violaciones que sufrieron las indígenas, luego trajeron mano de obra esclava desde África; hombres, mujeres y niños que habían sido cazados, secuestrados, transportados y tratados como animales, vinieron encadenados a levantar los edificios de la raza superior, la raza europea.

El imperio español se transformó en el imperio más rico del planeta al tomar bajo su propiedad todo el oro, la plata, las perlas, la madera, los suelos, las aguas, la sal y, lo más importante pero menos apreciado, los millones de hombres y mujeres que pasaron a ser propiedad del rey de España por obra y gracia de la divinidad imperial y la bendición de la iglesia católica.

No se puede cuantificar el daño ni el valor del robo que sufrieron los habitantes primitivos de la América, pero nada puede ser totalmente malo ni totalmente bueno, pues, como dijo el poeta "siempre hay algo de maldad en el virtuoso y hay algo de virtud en el malvado". Nos quedó de herencia la mezcla de razas que hoy nos identifica, el idioma y, por supuesto, la mayoría de las costumbres.

De esa violación extrema surgimos como pueblo único, añorando en un principio los orígenes, europeos o indígenas, y madurando luego en la propia identidad producto de esa mezcla.

Bueno hoy 12 de Octubre de 2017, quise reflexionar un poco sobre este día y dejar aquí plasmada, la necesidad de reencontrarnos con nuestros orígenes. Cada quien agarre el que más le guste; americano, español, frances, portugués, mezclado en diferentes proporciones; que si mis ojos, que si mi pelo, que si mi color, que si mi nariz, que si mi boca…no importa, cada quien acepte el origen y la proporción que le haga más feliz; eso realmente no importa ya.

Pero hay algo que si importa y es el epilogo de mi reflexión: Respetemos la memoria de esos seres que fueron inmolados y cruelmente masacrados, torturados y reducidos a la esclavitud; respetemos su memoria y (independientemente del origen que cada quien crea tener) sintámonos orgullosos y honrados por el privilegio de pisar la tierra de estos gloriosos y sufridos pueblos; sintámonos guardianes de su herencia y de su coraje, sintámonos obligados a cuidar el territorio que ellos defendieron.

Busquemos en el fondo de nuestro corazón, el reencuentro con esas almas nobles que pisaron estas tierras antes que nosotros, cuidemos su heredad y seamos guardianes de su cultura; hasta que, siguiendo el eterno ciclo de la vida, les devolvamos su tierra, con nuestros hijos o con los hijos de nuestros hijos convertidos en lo que fuimos en un principio (una raza noble y orgullosa de sus raíces).

Hoy quinientos veinticinco años después de aquel día (no le pongamos adjetivos, ya para que) hoy quinientos veinticinco años después de aquel día, abracémonos con alegría y comprometámonos a cuidar la herencia de los primitivos habitantes de este sagrado suelo que tenemos el privilegio de habitar, sintámonos guardianes de la cultura Caribe, Jirahara, Pemon, Quechua, Aymara, Guarani, Maya, Aztecas…y un sin fin de gente buena, quienes sufrieron en carne propia la invasión europea, llena de soldados, de gente extraña y un solo Dios.

Hoy quinientos veinticinco años después, sintámonos honrados de haber nacido en el sagrado suelo americano.

¡Viva Guaicaipuro, Viva Guaracay, Viva Tupac Amaru, Viva Tupac Katari, Viva Arichuna, Viva Manaure, Viva Paramaconi, Viva Paramacay, Viva Tiuna, Viva Yaracuy, Viva…Viva America!

Que ese último amanecer que dio muerte a las razas originarias y vida a la nuestra nos obligue a reencontrarnos con nuestra tierra y no dejemos que nos la sigan contaminado ni envenenando; ese es nuestro mayor homenaje a los verdaderos dueños de la pachamama.

Ojala la humanidad no viva de nuevo una invasión similar, ojala no escriba un artículo parecido a éste un alienígena, dentro de quinientos veinticinco años, conmemorando el exterminio de la raza que tuvimos.



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Oscar Jiménez


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