Para el imperio el enemigo a eliminar es la constitución bolivariana

La convocatoria a una asamblea nacional constituyente realizada por el presidente Maduro envuelve una gran paradoja: por una parte, fue convocada por un gobierno que dada las circunstancias políticas reinantes, no tiene el más mínimo chance de ganarla; y por la otra, la oposición que cuenta con el caudal de votos suficientes para copar casi la totalidad de los curules, la rechaza en las calles de manera violenta y criminal. Esta irracionalidad opositora se hace más evidente, cuando aceptamos que la asamblea convocada se aspira a que sea originaria, por consiguiente, el ganador se le lleva casi todo, es decir, la fuerza política que domine la mayoría de los asambleístas, tiene el suficiente poder legal y legitimo para reformar el estado a su antojo. Ganando la asamblea constituyente, la oposición puede salir del gobierno madurista sin disparar un solo tiro. En lo que sigue, intentaremos aproximarnos a una explicación de las fenoménicas paradojas que envuelven a las cúpulas polarizadas en este extraordinario acto comicial.

El gobierno de Maduro, a partir de la soberana paliza electoral del 6D-2015, internalizó la idea de la imposibilidad de ganar elecciones regionales o generales en el futuro mediato. La carencia alimenticia y medico-asistencial del pueblo, unida a la debacle del salario real de la masa trabajadora en las actuales circunstancias, hacen patente esta perspectiva. En consecuencia, al madurísmo se le ha planteado la disyuntiva de la pérdida política sin posibilidad de regreso, o la derrota electoral con perspectivas de regreso triunfal en el futuro próximo. Si se afincara en defender una gestión de gobierno mediocre y atravesada por manifiestos casos de corrupción, en elecciones regionales, esto sería su epitafio político. De allí las maromas del madurísmo para diferir el referendo y/o elecciones regionales. Descartada esta salida, el gobierno optó por la derrota decente y con posibilidad de regreso, o sea, el llamado a una constituyente donde el gobierno va a defender el CONSTITUCIONALISMO REVOLUCIONARIO implantado por el comandante Chávez. Es en esta salida donde del gobierno tiene todo el chance de salvar el chavismo duro y de pegar contra la pared al oposicionismo neoliberal y fascista. Ahora si queda claro que el llamado a una constituyente por un gobierno que no la puede ganar tiene sentido político.

El rechazo a la constituyente manifestado por el oposicionismo cipayo encuentra su razón de ser en las evidentes apetencias imperiales por los recursos naturales del continente latinoamericano. Venezuela ocupa un lugar privilegiado en cuanto a riquezas naturales y geopolíticas que la convierten en la Joya más preciada de la corona; además de petróleo, nuestro país tiene inmensas reservas de gas natural, oro, agua, coltán, minerales estratégicos y una rica biodiversidad. Los Estados Unidos como potencia hegemónica del capital, tiene una gran dependencia de estas riquezas naturales y lo que es aun más grave para ellos, como contra tendencia a la caída de la tasa de ganancia de sus corporaciones multinacionales, el imperio yanqui necesita convertir estos recursos del subcontinente americano en patrimonio común de la humanidad, o sea, a la libre disposición de sus capitales. Por otra parte, el gobierno mundial del capital también se ha propuesto la superexplotación de la mano de obra periférica y reservar su patrio trasero como mercado para su producción excedentaria. La competencia que naciones como China, Rusia y la India vienen planteando por los recursos de Latinoamérica, exacerba más el interés geopolítico yanqui por esta región. USA ha considerado este subcontinente hispanoamericano y del Caribe como su espacio vital desde los años aurorales de su fundación como país (Doctrina Monroe). En consecuencia, el petróleo venezolano forma parte fundamental de su seguridad nacional.

En atención a lo expuesto sobre las necesidades del patrón de acumulación del capital imperial, para el gobierno mundial del capital, el apoderamiento de las riquezas naturales venezolanas relaman un marco jurídico que establezca la doctrina del patrimonio común de la humanidad y el régimen neoliberal ingles sobre los recursos naturales, llevándose por delante todo vestigio de soberanía nacional y de consagrados derechos laborales de las clases trabajadoras. Frente a estas apetencias imperiales, la Constitución Bolivariana se erige como una muralla china salvaguarda de la soberanía nacional y de las conquistas sociales alcanzadas por el constitucionalismo revolucionario manifestado en el citado texto. No por casualidad, el oposicionismo cipayo llamó a votar en contra de esta constitución en su referendo aprobatorio y fue una de las primeras cuestiones que eliminó en su efímero Carmonazo. La MUD acepta como única alternativa al gobierno de Maduro, su derrocamiento por la vía violenta, para de esta manera barrer la constitución del 99 y tener manos libres para liquidar cualquier vestigio de democracia liberal y/o participativa y protagónica, Sin este corset jurídico, la oposición estaría lista para eliminar físicamente al chavismo duro, o sea, para instaurar un período de terror fascista que haría palidecer a Robespiere. La única manera que el imperio y sus cipayos criollos logren enterrar en estos linderos el nacionalismo ancestral y la esperanza socialista sembrada por el comandante Chávez, seria a través de la barbarie fascista.. El madurísmo no puede brindarle al imperio la oportunidad de que la MUD se salga de los libertarios límites de la constitución legada por el genio político del Chávez. Si la revolución pierde elecciones dentro de su marco constitucional, siempre habrá la esperanza del regreso triunfal.

Vistas así las cosas, los revolucionarias debemos empujar el llamado a asamblea constituyente de Maduro con el fin expreso de lograr dos objetivos: 1) blindar el constitucionalismo revolucionario decretado por el Comandante Chávez que en este continente nació con la constitución de Haití de 1801 y ; 2) Aprovechar la coyuntura política que brinda este llamada comicial para ir sembrando la semilla de la organización política que tenga como propósito histórico, el cambio epocal, o sea, la propuesta anticapitalista que supere los límites del llamado progresismo latinoamericano. Ni más ni menos.



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Humberto Trompiz Vallés

Historiador y profesor universitario jubilado, especializado en historia petrolera de Venezuela.

 htrompizvalles@gmail.com      @trompizpetroleo

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