De lo pedestre a la hipocresía en la diplomacia y política colombiana. Memorias de Veneco

El calificativo “veneco” lo escuché en Cúcuta por allá en los inicios de la década del sesenta. De cuando formábamos parte del MIR, ya en la etapa clandestina y por esos lados andábamos en las labores habituales de la militancia y aquella contingencia. Eran también los tiempos de cuando la prensa colombiana informaba de manera tendenciosa para confundir a los guerrilleros de la izquierda con los abundantes forajidos, bandoleros, asaltantes, que posteriormente derivaron hacia lo que ahora se conoce como paramilitarismo.

Cuando pedí a alguien, un farmacéutico colombiano por cierto, me explicase el significado de aquel calificativo, con pena y muy ceremonioso, me dijo –repito, hablo de los inicios de la década del sesenta , hace ahora cincuenta y cinco años – “eso quiere decir venezolano coño e’ madre”.

Para los forajidos y para las fuerzas del Estado colombiano, todo “veneco”, es decir todo venezolano era potencialmente un delincuente e indigno. Por eso, cuando aquellos asaltantes detenían un autobús en una carretera colombiana, dentro del área donde ellos operaban, bajaban a todo el mundo, requisaban, robaban y allí ejecutaban a quienes creyeran apropiado y “justo”. Los “venecos” estaban entre los preferidos. Por eso uno se abstenía de adentrarse en territorio colombiano más allá de Cúcuta o cuando más Pamplona.

La hermandad nuestra hacia el pueblo colombiano de toda la vida, ese tender la mano y mantener las puertas abiertas para que entren a refugiarse y compartir con nosotros, resultado de la prédica bolivariana, allá era y es respondida por alguna gente, mucho más de lo que uno deseara, y por el Estado, con la correspondencia que el término insultante amerita.

La mala lengua del vicepresidente colombiano Germán Vargas Lleras – tome en cuenta el lector el segundo apellido, el cual huele a rancio allá en Colombia y América Latina toda – no sólo discriminó a los venezolanos residenciados en Colombia de los planes sociales del gobierno, consistente en otorgar viviendas sino que nos estigmatizó usando un calificativo hiriente y de mal gusto. Lo que es mucho más grave y sucio en boca de un funcionario de tal nivel.

-“Por nada del mundo, estas casas no son para venecos”, dijo el funcionario, de tan baja calidad humana e intelectual que en fin de cuentas se descalificó él mismo. ¿Qué puede pensar alguien medianamente inteligente de semejante energúmeno?

Pero si el señor Vargas Lleras fue por demás ordinario, pedestre, quien terminó pegándose en la cabeza con el arma que blandía contra un inexistente atacante, la señora Canciller, la linda María Ángela Holguín, se refociló en la hipocresía. Pero pese ser canciller de Colombia y siempre se ha dicho que los diplomáticos colombianos son por demás hábiles, escurridizos, excelentes espadachines, esta vez la funcionaria pecó de muy poca habilidad en el manejo del discurso al intentar justificar al pedestre.

Empezó por decir la señora Holguín el lugar común según el cual “El no quiso hacer una afirmación peyorativa”. La creatividad para nada afloró en la bella dama. Quizás la trastada fue demasiado grande y abundante como para taparla con un discurso.

El habernos llamado “venecos” no tuvo en el señor vicepresidente intención peyorativa, dijo la dama. Es decir, él, vicepresidente de Colombia y de apellido Lleras, para más señas, no sabe que ese calificativo tiene connotación ofensiva en el léxico colombiano. Desconoce que lo usan unos cuantos connacionales suyos, por años, para desatar su odio contra nosotros que tuvimos la osadía de salir de nuestro espacio a repartir libertades. Contra los compatriotas de un tal Simón Bolívar, dicho así porque seguro estoy que el señor Vargas Lleras de esa manera lo menciona. El Chavo del Ocho, más creativo y hasta sincero y humano, hubiese dicho, “perdón, fue que se le chisporroteó”.

Pero él, el pobre hombre, “no quiso” para nada ofendernos y sobre todo a los humildes venezolanos, no muchos por cierto, si nos ponemos a sacar cuentas y comparamos, que del lado allá viven.

Dada la excusa de la señora Holguín, todo queda en cero. Todo se acabó. No hay motivos para sentirse heridos y menos discriminados.

“Olvidó” la señora canciller de Colombia que su vicepresidente no sólo nos insulto al llamarnos “venecos”, sino que discriminó a los venezolanos que allá viven cuando afirmó “esas casas no son para venecos”. Es decir, ese horrible, mezquino, xenófobo gesto del patán vicepresidente, no mereció ningún tratamiento por parte de la señora canciller, quien salió a aclarar y baboseó el agua. Ratificó que esa es la política de Estado y lo ha sido siempre aunque el “señor” Uribe Vélez, aproveche el incidente para darse golpes de pecho.

Pero el asunto queda más sucio, cuando después de afirmar que el señor -¿será un señor?- Vargas Lleras no quiso “hacer afirmación peyorativa”, aunque la hizo, hace un llamado a todos los funcionarios del Estado, lo que es casi lo mismo que decir, a los más pendejos, “al uso de un lenguaje respetuoso y por el respeto y manera como se usa el lenguaje”.

A la fama o prestigio de sutileza y habilidad de la diplomacia colombiana parece que, en este caso, como que se le amoló el serrucho. Pues el llamado al “montón”, no es más que un reconocimiento que el señor -¿?- vicepresidente metió las patas hasta las rodillas y dejó ver el tramojo o lo que es lo mismo la enorme carga de odio que alberga contra nosotros.

Para la señora Holguín su jefe no quiso ofender. Pero además de excusarlo le respaldo en su acto discriminatorio, pues no le enmendó la plana o ayudó a corregir el error de discriminar a los venezolanos al decir, “por nada del mundo esas casas son para venecos”.

Menos mal que el hombre anda en busca del equilibrio. Los malos siempre tienen frente así su contrapartida buena. Esa es, en buena medida, la lucha de este mundo. Por ella, Piedad Córdoba, a quien todo el mundo conoce, no es un personaje anodino como el señor Vargas Lleras, de quien en Venezuela pocos sabían de su existencia hasta ayer, acaba de aclarar ante el pueblo colombiano, que es mayormente bueno, lo que la canciller eludió, no con habilidad sino muy rústicamente, que mientras los gobernantes de allá discriminan a los venezolanos, sobre todo los humildes, acá se les trata con humanismo y hermandad; tanto que los planes sociales nuestros incorporan a los más de cinco millones de colombianos que con nosotros viven en igualdad de condiciones. Para muestra basta un botón; la propia Piedad Córdoba, no el gobierno venezolano, ha reconocido que “los venecos han otorgado”, sólo en los últimos años, “más de 280 mil viviendas a colombianos” residentes en Venezuela.

Mientras todo esto sucede, Santos, taimado, observa y prepara su “cañón de futuro”.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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