Sí somos una amenaza

La moral, la vergüenza, la dignidad y la decisión irrevocable de ser libre, demostrada por el pueblo venezolano, civil y en uniforme, tras la amenaza del imperio norteamericano, es emblemática. No hay duda, se trata de una amenaza para quien practica lo contario. Eso es precisamente lo que representa el gobierno norteamericano y su presidente, un negro que se ha quedado sin ubicación étnica, porque le ha dado una patada a quienes como él, afroamericanos le dieron el voto creyendo en la promesa de cambio, que se ha convertido en mortal pesadilla para los negros que son asesinados diariamente por la policía en las calles de las ciudades de la “Unión”.

La Ley Orgánica para la Defensa de los Derechos de Niñas, Niños y adolescentes, que en nuestro país los hace sujetos de derecho y en consecuencia les protege contra los abusos y discriminación por parte de individualidades o instituciones del orden que sea, es un principio doctrinario ejemplo para el mundo. Por supuesto, que esto representa una amenaza, para quien gobierna un país, donde los niños son acusados, juzgados y sentenciados a prisión perpetua sin derecho a la defensa, por un acto cometido a partir de los cuatro o cinco años. En otros casos son encarcelados hasta que cumplen los 14 años, edad en la cual la democrática legislación norteamericana considera es apta para ser ejecutados. De eso recordamos una escalofriante reseña internacional de hace años, que daba cuenta de un niño encadenado en una celda a la espera de su ejecución.

Pero además esta ley nuestra, la LODDNNA, es también una amenaza para la política exterior del gobierno norteamericano, que etiqueta a niñas y niños latinoamericana(o)s, como mercancía, cuyos mercaderes son protegidos por la democrática Ley imperial, que ampara la permanencia ilegal de 25 mil niñas y niños guatemalteca(o)s, en territorio norteamericano mediante adopciones ilegales, arrebatados a sus madres por los traficantes de persona y pese a estar ubicados y reclamados por la Fundación de sobrevivientes, representada por la activista por los Derechos Humanos, Norma Cruz, el gobierno del “Premio Nobel de la Paz” Barack Hussein Obama, se niega a su repatriación. Estas hijas e hijos de la Patria Grande, fueron arrebatadas y arrebatados a sus progenitoras, a través de la violencia, a quienes secuestraron en estado de gestación, para someterlas a cesáreas forzadas. Muchas de ellas han sido asesinadas, por no aceptar la aberración. Esta es otra página del expediente del “campeón en la defensa de los Derechos Humanos y la honestidad universal”, que declara a Venezuela, amenaza para la seguridad de su gobierno y su política exterior.

No puede ser otra la categoría de Venezuela, porque frente a este ejemplo que antecede sobre el trato a las madres guatemaltecas, en nuestro país, hay una Ley, que garantiza a la mujer una vida libre de violencia, la cual tipifica como violencia de género, no solo lo físico, sino los gestos, palabras y hasta miradas contra la mujer. Es obvio que representa una amenaza para los principios del gobierno del señor Obama, que ampara a quienes trafican con personas desde Guatemala y otras zonas del mundo.

En geografía convivimos y nos desplazamos por el territorio nacional, con dignidad y libres de prejuicios, blancos, negros, aborígenes, mulatos, nativos y extranjeros, cuyos derechos son respetados tal como lo establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

En este país, cada seis años, elegimos un presidente constitucional, con poderes, responsabilidad y compromiso con el pueblo y no un relacionista público de las transnacionales y el sionismo mundial, como lo hacen los colegios electorales en Estados Unidos de Norteamérica, cada cuatro años.,

En nuestra patria el derecho a la vida, a la educación, a la salud, al deporte y recreación, al libre tránsito, a la participación en las gestiones de gobierno, la defensa del ambiente y los recursos naturales, forman parte de las garantías constitucionales y en consecuencia son inviolables. Esto no tiene cabida en los predios del emperador, “Premio Nobel de la Paz”. Por eso y muchas cosas, llenas de amor y dignidad, sí somos una amenaza.


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Cástor Díaz

Periodista CNP 2414

 cd2620@gmail.com

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