La mediocridad de Hugo

El trauma con Venezuela y la vinotinto, no parece cosa de los Hugo. Porque el Chávez se desborda de amor por el país heroico al norte del sur. Tanto como tiene para prodigarlo a todos los países de este continente, empezando por México que es nuestro norte. A quien parece incomodar nuestra presencia, esfuerzo heroico y permanente por salir de la oscuridad y del montón, es a aquellos, para decirlo a lo francés, de los Sánchez. Los mismos que actúan programados para esparcir el odio. Porque es evidente que no es a todos, aunque se apelliden Sánchez, a quien nuestra presencia y empuje, que nos llevó hasta el sur, remontando riscos, atravesando ríos, soportando temperaturas inclementes y aún tener fuerzas y talento para plantear combates de los cuales la más de las veces y cuando fue preciso salimos gananciosos. Tuvimos audacia y arrojo para combatir y talento para aportar ideas para el mejor vivir y sobre todo para clavar la enseña de la libertad y la igualdad. Y para más vainas, entre esos heroicos y abnegados hombres de la patria, hubo muchos de apellido Sánchez.

¿Quién en su sano juicio, medianamente culto e informado puede ignorar el rol político, económico y cultural que Venezuela ahora juega en el mundo y especialmente en América Latina?

Antes que Hugo, hubo un Sánchez, boliviano, a quien decían o el mismo se decía “Platiní”, por el excelente jugador francés de nombre Michel. Ese de apellido prestado para usarle como nombre, tomado de una rutilante figura, por aquello de “a falta de pan, buenas son tortas”, en una oportunidad, justamente con motivo de la inauguración de una Copa América”, se burló con crueldad y mal gusto, de unos muchachos quienes justamente, para mala dicha del insultante, bajo la conducción de Richard Páez, iniciaban el proceso que ha llevado al fútbol venezolano a dónde ahora se encuentra. Allí se encuentra, aunque a Hugo Sánchez, eso escueza el alma.

Lo del color vinotinto que no se debe a la simpleza y ridiculez empleada por el mexicano, sino a otra circunstancia, aún admitiendo que hubiese sido como lo dijo, nos llena de orgullo y a él, si fuese sensible, porque el talento deportivo no es suficiente para ser gente, debiera rendirlo de admiración frente a nuestros muchachos y técnicos. Si, como los héroes de la patria, ascienden a la cumbre por esfuerzo y derramando sangre.

Mientras Venezuela pagó millones de dólares a entrenadores traídos del extranjero, hasta algún mejicano entre ellos, nos llenaban las redes de goles. Con Richard Páez, un exjugador nativo de la Mérida venezolana, médico traumatólogo, hombre inteligente y sencillo, nuestros atletas del futbol comenzaron a encontrarse y asumir su tarea con dignidad. Luego, otro venezolano, de por acá del Estado Sucre, un nacido en la humilde población de Güiria, del color de su gente, ha continuado con éxito y a base de talento, el trabajo cuyos resultados molestan a Hugo Sánchez.

El simplismo de Hugo, quien por cierto fue un absoluto fracaso como director técnico de la selección del hermano país azteca, donde abundan excelentes futbolistas como lo fue él mismo, llegó a su mayor expresión cuando afirmó que los venezolanos deben salir a jugar al exterior porque nuestro fútbol es pésimo. No vale la pena argumentar contra tal muestra de ignorancia, simplismo y vulgaridad. Es suficiente preguntar y preguntarle:

¿Fue por la poca calidad del fútbol mejicano que él se fue a Jugar al Real Madrid? ¿Por qué el español Butragueño terminó su carrera en México?¿Cuándo Pelé, en su período de declinación y suspendida la prohibición que jugase en el exterior, se fue a Estados Unidos, lo hizo por qué el futbol brasileño no servía? ¿Por qué ahora mismo muchos jugadores mejicanos se van a Europa? ¿Por qué brasileños, argentinos, uruguayos y paremos de contar lo hacen? ¿Por qué hay mejicanos que por jugar en España, como Rafa Márquez, hasta toman la nacionalidad española, lo que debe doler mucho a un manito? ¿Por qué le despierta odio que en los últimos cuatro o cinco años jugadores venezolanos se hayan vuelto atractivos al fútbol europeo?

¿Por qué tanta envidia y odio en alguien a quien los venezolanos amantes del fútbol siempre admiramos, aplaudimos y le tuvimos como nuestro?

Sin duda alguna, Hugo, la exestrella del Madrid, fracasado estratega mexicano, nada tiene que ver con “Los hijos de Sánchez”, los de la novela o texto antropológico de Oscar Lewis, quienes son el purito pueblo mexicano.


damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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