La Otan, Gadafi, y el mirarnos en ese espejo

  “Los días de Gadafi están contados”. En esos términos se expresó la señora Hilary Clinton.

 Trinidad Jiménez, Ministra de Relaciones Exteriores de España  manifestó, “tenemos que aumentar la presión”, para que Gadafi se marche.

  Franco Frattini, canciller italiano de Berlusconi, siguiendo el guión de la OTAN en Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, expresó que el gobierno de Gadafi “se acerca a su fin”.

  La funcionaria española se atrevió también a inmiscuirse en los asuntos de Siria, al decir en aquella ciudad árabe que “Al Assad, ha perdido legitimidad porque ha empleado fuerza contra su propio pueblo”.

  Los países miembros de la OTAN están asumiendo,  como EEUU, el derecho a intervenir en asuntos internos de otros países. Están unidos militarmente y en torno a una sola política.

  En España, una crisis económica profunda, que lanzó millones de trabajadores a la calle y enfrentada oficialmente exprimiendo a empleados y obreros, provocado protestas a lo largo de todo el país,  está generando un conflicto político de gran magnitud. Tanto como para que el derechista Partido Popular, esté exigiéndole a Zapatero se vaya.

  En Grecia, las manifestaciones por medidas oficiales criminales contra trabajadores que implican aumentos desmedidos de impuestos, rebajas de salarios, elevación inhumana de la edad para poder optar por la jubilación, han sido reprimidas con excesiva violencia.

 Igualmente, la crisis golpea con ímpetu en Francia e Italia, donde gobiernan Berlusconi y Sarkozy, quienes además hacen gala de una conducta personal no digna de imitación.

 Los depósitos libios en estos dos últimos países, cuyos gobiernos habían tenido muy cordiales y hasta íntimas relaciones con aquél, alcanzan cifras astronómicas. Lo que hace suponer que ponerse en posesión de ellos podría ser una de las motivaciones del cuadre en la OTAN para salir de Gadafi.

  El representante de los grupos disidentes libios, ahora mismo en Abu Dabhi, se acaba de comprometer que una vez se instale un nuevo gobierno, aumentarían la producción de hidrocarburo. Esta oferta, toma mayor dimensión si consideramos que la OPEP se negó a esa propuesta. Para EEUU y miembros de la OTAN todos, de los grandes consumidores, hubiese sido bueno que se aumentase la oferta para provocar una caída de precios. Esencialmente por esta meta hacen la guerra a Gadafi.

  Curiosamente debemos anotar que Libia y Emiratos Árabes Unidos, forman parte de la OPEP. Este emirato votó por la opción negada de aumentar la producción.

  A la OTAN no le mortifican las políticas neoliberales y excluyentes de sus países miembros, incluyendo Estados Unidos; tampoco lo que suceda en aquellos que tienen como sus aliados y seguros servidores. Sin mportar lo que sus gobernantes hagan, gozarán de aprecio y defensa siempre que lo que estén alineados con los intereses de los países que la integran. Palabras democracia, libertad, soberanía o derechos humanos, nada significan.

  El pueblo árabe está muy disperso. Hasta enfrentado de manera abierta. Tanto que Abu Dabhi, se presta como escenario para que se reúna la Otan y planifique maldades contra otros árabes. Ante el problema libio, que no es Gadafi, sino la libre determinación de los pueblos y soberanía, el mundo árabe no fijado una posición unitaria de defensa de esos principios sagrados como el Islam. Africa, continente al cual pertenece Libia, tampoco ha hecho nada loable.

 La OTAN actúa con entera libertad.

 La “izquierda internacional”, aparte de firmar comunicados y  manifestar su indudable buena fe, no ha podido hacer nada significativo para defender los principios que la OTAN socava en Libia y Siria. Porque aquélla es débil en demasía y no está en capacidad de asumir tareas de tanta envergadura.  Se necesita el concurso de fuerzas mayores y políticas más allá a las de ese círculo que en veces suele ser inflexible.

 Uno debería celebrar que, pese a todo, el cuadro político de la América latina de hoy es diferente al de los pueblos árabes. La unidad o cercanía entre nosotros, pudiera haber protegido la dignidad de los libios. Por estas cosas, se debe privilegiar la creación de UNASUR y el CELAC. Hacer que ésta, tan pronto como sea posible asuma las funciones que anhelamos.

 Tomemos en cuenta que los vientos de cambio se intensifican, pese al pesimismo habitual en algunos; independientemente de lo que puede suceder luego, el triunfo de Humala en el Perú, fue una derrota contra el imperialismo.


damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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