¿Con Obama volvería la leche de padre?

La dama, sentada en un rincón de la pequeña sala de su casa, vigilaba hacia la puerta de entrada de la parroquial. El cura, en la noche anterior, antes de salir hacia Cumaná, le había dicho casi en murmullo:

“Juana, entre la una y dos de la tarde de mañana, debes estar pendiente de mi llegada. Cuando veas la camioneta en la puerta, inmediatamente mandas a la muchacha. No te descuides, porque es mucha la gente que está mosca y tú sabes cómo es la cosa. En minutos, después que llegue, se forma un zafarrancho y no puedo ni debo guardarle a nadie para darle después, porque eso me trae problemas. De ahora en adelante, debo mandar a todo aquel que llegue a hacer cola en la puerta y repartir hasta agotar la existencia”.

“Recuerda que, como siempre, no es mucho lo que llega y demasiado la necesidad de la gente.”

“Es verdad que antes le he guardado a ti y otras de las hermanas allegadas a la iglesia, de las que siempre están dispuestas a colaborar conmigo. Pero eso ha provocado muchos chismes que hasta a Cumaná han llegado. Por lo que el Obispo me llamó la semana pasada y me exigió que evitase se repitieran esos comentarios”.

A los pocos minutos de iniciado su cuidadoso control, doña Juana observó la llegada del vehículo del cura y, como éste, desde el puesto de adelante, donde acompañaba al conductor, le hizo una seña casi imperceptible, muestra que había traído la cosa.

“¡Morocha! Deja todo como está. Corre a la casa Parroquial que ya llegó la leche e´ padre.”

“Leche de padre”, ese era el curioso nombre que en aquel pueblo oriental, ya bastante poblado, le daban a la leche en polvo, en envase metálico por todas partes escrito en inglés, con palabras que hablaban del programa denominado “Alianza para el Progreso”. Lo de “padre”, se lo aplicaban por la circunstancia que se distribuía por intermedio de la iglesia y, en aquel pueblo, por el cura en persona.

Aquella repartición peculiar, era una manifestación, de cómo los gringos, bajo el gobierno de Kennedy, para la distribución pertinente de aquella limosna, no confiaban en los adecos, quienes gobernaban en ese período. El propio cura, todo lleno de bondad, manifiestamente honesto y pulcro, antes de esa nueva remesa, hizo sus comprensibles e inocentes excepciones con las “allegadas a su iglesia”; pero entre los gobernantes abundaban, bien lo sabían en la Casa Blanca, quienes eran capaces de hacer desaparecer como por acto de magia, toda la carga, si se les daba la oportunidad y les acompañaba la “leche”. ¡Y otras eran las altas autoridades eclesiásticas de aquel tiempo!

En ese asunto, en el de la repartición de la leche, que les puso al margen de lo que pudo ser un negocio lucrativo, unos cuantos adecos tuvieron “mala leche”.

En su más reciente discurso al Congreso, Obama informó que en marzo próximo, específicamente el 21, iniciará una gira por América Latina, la que aprovechará para un relanzamiento del programa de Kennedy, Alianza para el Progreso, que ese día cumplirá 50 años de nacimiento.

Piensa uno, siempre de buena fe, que Obama, para tratar de “impulsar el desarrollo en el continente nuestro” y de nuevo como una muestra más del desprendimiento del capitalismo para el cual gobierna, volverá a mandarnos, junto con los marines, buques con “leche de padre”. Pero es posible que no, porque son otros tiempos y ellos ahora tienen muy “mala la leche”. Pero no es malo soñar con pajaritos preñados que hasta tomen y produzcan leche.

El problema que confrontaría Obama, es el derivado de la cuestión:

¿A quién confiar la repartición de esa leche?

Por supuesto no la entregarían a Chávez, ni siquiera a Mercal o Pdval. Ni de vaina, pues eso fortalecería al proceso.

Pero eso no es problema, pues antes no se la entregaron a los adecos gobernantes, porque se la hubiesen robado.

Les queda el cura. ¿Pero cuál?

Obama no es pendejo. Se la hace para subsistir con su sueño que manda en la Casa Blanca. Sabe que los que a mano tiene son Porras o Luckert. No confía en curas como los del pueblo oriental, porque cura orillero es peligroso. Pero en aquellos dos tampoco.

Por eso Barack se rasca la cabeza y medita:

“No tengo mucha leche, se me acaba; ni deseos de soltar la poca que me queda; Kennedy, contó con excedentes de producción lechera; es decir, tuvo mucha leche y aún así le mataron. Mi caso es otro. Para más vainas, estos curas, Porras y Luckert, que en el creer de muchos son buenos para repartirla, han dado muestras de no estar con el proceso pero tampoco con el “progreso” y temo el de desaparecer de barcos y todo. Quedaría, aquí en esta blanca casa, en blanco. Sin leche y destetado”


damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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