El juego está trancado

Dícese que el Amor es un sentimiento positivo acerca de las personas, animales o cosas. Algo que nos obliga a justificar hasta los errores de aquél o aquello que amamos. Con amor hasta el mal sudor es un perfume.
Pero cuando el “amor” se da hacia personas, sistemas u objetos por razones egoístas, estamos hablando de pasiones y apegos insanos, porque al final destruyen a quien los padece y alimenta. Es así como la codicia, el apego por el dinero, está atentando incluso contra la supervivencia del planeta y de todo lo que vive sobre él. Grave para la humanidad si podemos entender que La Tierra puede vivir sin nosotros, pero nosotros no podemos vivir sin Ella.

Los rancios burgueses e imperialistas que están en Copenhague no parecen darse cuenta. Para ellos, lo importante no es la supervivencia de la especie humana sino la permanencia del chorro de sangre, sudor y lágrimas que, transformado en dinero contante, ingresa en sus bóvedas bancarias.

Ya el capitalismo ha alcanzado su fase terminal, aquella que, de continuar, acabaría con todo lo que vive. De allí que la lucha por el socialismo sea de vida o muerte. Es indispensable para la supervivencia de todos, hasta de los que ya casi han acabado con nuestro habitat. Este hecho sobrepasa cualquier otro problema que tengamos.
Si el marido se fue o la mujer anda con otro, si me pueden botar del trabajo por ser chavista y militante del PSUV, si la casa tiene goteras, si te secuestraron el carro para que pagues a los secuestradores, si tu dinero ya no crece como antes, si los banqueros malandros te robaron los ahorros, si te traicionó el compañero más querido para venderte, si te roban los derechos de autor, si quieren convertir el Internet en una herramienta exclusiva del “gran hermano” imperial para espiarnos a todos, si ya no confías en nada ni en nadie porque la traición y la codicia está pegada de las paredes y los postes de las ciudades y los pueblos...

No son más que síntomas de la enfermedad social que vive el mundo, donde el corazón ha sido sustituido por la chequera, los sentimientos por las habilidades empresariales, el ser humano ha dejado de ser humano para convertirse en “mercado consumidor” y la cultura imperialista pretende (y lo ha logrado en gran parte) que la gente cierre los ojos a toda realidad que no sean las vidrieras de las tiendas que venden fantasías inútiles, los canales de televisión que mienten a diario y todo lo que diga el imperialismo.

Este apocalipsis social augura sin embargo una nueva era en la que podría ser, si se lucha con perseverancia y se busca de nuevo el amor por algo que trascienda nuestros propios intereses egoístas: que se construya una sociedad socialista, algo bueno que todavía no se conoce pero hay que buscar, más allá de los intereses individuales.

Ver a las demás personas como células de un gran cuerpo celeste del cual todas y todos formamos parte y en el cual, quienes quieren acumular más de lo que pudieran gastar en toda su vida son como células cancerosas, que terminan acabando con todo el cuerpo; rechazar el mal conocido y saltar al bien desconocido, con la seguridad de que encontraremos un camino de supervivencia y evolución material y espiritual para la humanidad. Ser revolucionarias y revolucionarios. Esa es la salida.

Podemos hacer muchas críticas, plantear muchos problemas, pero hablar en momentos en que se debe actuar equivale a rendirse. Ningún problema de los existentes en este momento en Venezuela, y en el mundo, puede ser solucionado en el marco del capitalismo. El juego está trancado y es necesario una jugada audaz, revolucionaria, sin temor, para poder avanzar.

En Venezuela, sin hablar demasiado, el Ministerio de Comercio ha dado pasos que son apenas botones de muestra de lo que se puede lograr con el socialismo. Aún a pesar de que estamos inmersos en el lodazal de la mentalidad mercantilista burguesa, a pesar del escorpionismo burgués, a pesar de todas las trabas que se ponen al avance de este proceso revolucionario que, más que servir a un grupo político, si se realiza como es debido puede marcar el inicio del sistema que puede salvar al mundo...

“A pesar de” que todo conspira contra el proceso revolucionario, los avances del comercio socialista que se han realizado, iniciando con los útiles escolares y ahora con los mercados de juguetes a precios muy por debajo de los especulativos de los comerciantes capitalista, son innegables. Son una prueba de que sí es posible servir al pueblo desde un cargo gubernamental cuando se tiene la voluntad, que se puede utilizar el dinero público para que la gente sencilla se beneficie y no para crear una red de peculado teñido de rojo por fuera, pero adequísimo por dentro; que se puede ir creando elementos del socialismo para ir sustituyendo, paso a paso, los elementos fundamentales del capitalismo, hasta que podamos lograr la total socialización de los medios de producción más importantes, al mismo tiempo que se estimula y se favorece la propiedad privada masiva de los bienes indispensables para que el pueblo tenga una mejor calidad de vida: La vivienda familiar, por ejemplo.
Los pininos que está dando el comercio socialista, junto con la distribución de las tierras a los trabajadores del campo, son dos importantes fundamentos que no deben ignorarse cuando hacemos un análisis de la situación actual en el país.

El juego está trancado para el capitalismo y ellos lo saben, por eso están atacando desde dentro y fuera del gobierno, tratan de calentar la calle y sacan a los sifrinos escuálidos de los salones de belleza para ponerlos a echar tiros contra el pueblo estudiante. De ahora en adelante nada será igual.

Un fantasma recorre el mundo: El fantasma del socialismo, y los exorcistas del imperialismo trabajan a todo tren para conjurarlo. Pero nacerá el Sol, y todo ojo verá que ese presunto fantasma es una esperanza recién nacida que toma cuerpo, y que los falsos exorcistas son los zombies de un sistema no-muerto que se niega a desaparecer.


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Andrea Coa


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