Los activos intangibles y la muerte de Michael Jackson

¿Por qué un hombre que tenía dos médicos de confianza acumuló en su organismo una mezcla mortal de medicamentos y no tuvo a nadie a su lado cuando se le detuvo el corazón?

Más allá de las peleas por la custodia de los niños, que trae consigo una cuantiosa herencia, con la muerte del Rey del Pop, la disquera Sony Entertainment ha logrado que las ventas de los discos de Jackson se disparen, equilibrando sus ingresos y aumentando sus ganancias.

En el neoliberalismo la propiedad intelectual es un valor de cambio, un papel negociable que produce mucha plusvalía para las empresas que, por medio de contratos de adhesión que elaboran de acuerdo a sus intereses, terminan teniendo la titularidad de los derechos de los artistas.

El hecho que les da el poder sobre los creadores es que SON LAS EMPRESAS TRANSNACIONALES LAS QUE TIENEN LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN y en el campo del entretenimiento, estos medios incluyen el capital necesario para montar los espectáculos, mucho más los apoteósicos que solía protagonizar el artista gringo recién fallecido.

En estos tiempos neoliberales, para las corporaciones los artistas son como la gallina de los huevos de oro, que crean la riqueza y sólo reciben la pollarina y, en el caso de Jackson, un gallinero de lujo (su Neverland), porque el volumen de riquezas que produjo a las disqueras fue tal, que aún quedó para él. La diferencia es que la gallina del cuento, muerta, no producía nada, y el artista pop, sí.

Su hermana, La Toya, afirmó que son varias las personas responsables de la desaparición de su hermano y que la razón fue "una conspiración para hacerse con el dinero de Michael".(...) “Michael valía más de mil millones de dólares en activos por derechos de difusión musical y alguien lo mató por eso. Valía más muerto que vivo". Acusó a los allegados del cantante de engancharlo a las drogas y aislarlo de su familia y amigos "para que se sintiera solo y vulnerable", y le obligaron a trabajar "hasta la extenuación" para que pudiera seguir ganando dinero.

Cuando la mina es productiva, la explotación es insaciable.

En el siglo 21, cuando la propiedad intelectual es una mina de dinero, la vida de Michael Jackson muestra el modo de explotación de las empresas transnacionales a los artistas. Mientras un obrero ha logrado conquistar derechos incluso a descansar, en el caso de Jackson su delicada salud, producto de la vida desordenada a que lo llevó el entorno farandulero, era secundaria ante la posibilidad de ganar otros centenares de millones para pagar las deudas a sus explotadores, el costo de un negro pobre de familia numerosa para convertirse en un blanco millonario.

Los “Derechos de autor”, los activos intangibles, se despliegan en torno a la muerte de Michael Jackson como el difuso e inasible móvil de un crimen.

Es el destino del proletariado farandulístico devenido en burguesía aluvional que, si bien como en el caso de este artista ganó lo suficiente para saltar de una clase social a otra, el costo fue la deshumanización. Ya no era un ser humano sino una máquina de producir dinero.

Número uno en la difusión de los decadentes valores de la oligarquía transnacional y ejemplo de su vida disipada, valorado por el dinero que podía producir con su extraordianrio talento, este muchacho se convirtió para quienes lo explotaban en una joya muy valiosa que se codició pero no se amó. Y que, al parecer, tiene muchos enemigos ocultos.

Es el triste destino del capitalismo, en el cual la gente vale por lo que tiene, y no por sí misma.

Mientras en el capitalismo el arte, cuando exitoso, es el camino a la disipación y a la muerte prematura, en el socialismo el arte será liberador, algo que se comparte, en tanto los artistas deben tener una existencia digna, sin privarse de nada que sea necesario.


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Andrea Coa


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