Monólogos decoloniales

Inventamos o erramos en la era algorítmica: pedagogías críticas frente al tutelaje neocolonial

Vivimos un tiempo histórico paradójico, signado por nuevas formas de dominación que no se expresan únicamente a través de la ocupación territorial o la explotación industrial clásica, sino mediante sofisticados dispositivos digitales que configuran subjetividades, modelan percepciones y administran emociones. Nunca antes la humanidad había estado tan interconectada técnicamente y las subjetividades habían sido tan vulneradas por formas sutiles y profundas de dominación.  El capitalismo del siglo XXI ha encontrado en la infraestructura tecnológica y el ciberespacio, así como en los algoritmos, una herramienta privilegiada para consolidar lo que puede denominarse un tutelaje neocolonial digital.

El capitalismo, en su fase digital, no ha abolido las viejas colonialidades; las ha potenciado, actualizado y vuelto capilares. Hoy, la conquista no se ejerce sobre territorios geográficos exclusivamente, sino sobre territorios mentales, disputados mediante guerras cognitivas permanentes, algoritmos extractivistas y una pedagogía del consumo que moldea deseos, miedos e incertidumbres.

No basta con reconocer las transformaciones tecnológicas en curso; es imprescindible analizarlas desde las categorías críticas de la colonialidad del poder, colonialidad del saber y colonialidad del ser. Estas categorías, desarrolladas por pensadores como Aníbal Quijano, Walter Mignolo, Edgardo Lander, Nelson Maldonado Torres, Ramón Grosfoguel, Enrique Dussel entre muchos otros, permiten comprender que la dominación contemporánea no es solo económica, sino geopolítica, epistémica y ontológica.

En este contexto, la tarea urgente es construir una con-ciencia que supere la falsa conciencia ideológica descrita por Karl Marx, articulando emoción, pensamiento y acción transformadora, desde pedagogías críticas y alfabetizaciones digitales emancipadoras.

En este artículo planteamos una urgencia: repensar la relación entre tecnología, conciencia y emancipación desde un horizonte decolonial y liberador. No se trata solo de usar las herramientas digitales con mayor destreza técnica, sino de construir una con-ciencia capaz de superar la falsa conciencia inducida por el capitalismo cognitivo. Se trata de articular emociones y sentipensares transformadores, como acción pedagógica crítica, que desactive los sesgos neocoloniales y colonialidades incrustadas en plataformas, lenguajes y relaciones de poder digitales.

 

Inventamos o erramos en la era del tutelaje digital

Pedagogo crítico como sujeto colectivo histórico que piensa en medio de pantallas encendidas: ¿Quién habla cuando hablo en esta era digital?
¿Soy yo… o es el algoritmo que me antecede? Me miro en la pantalla y me pregunto: ¿mi conciencia sigue siendo mía o si ha sido tercerizada, administrada, modulada por centros de poder invisibles? que, sin ocupar mi territorio, ocupan mi imaginación.

Pueblo venezolano como sujeto colectivo e histórico: Nos dijeron que la tecnología era progreso, también nos dijeron que la conectividad era libertad, que el mundo sería más democrático si todos tuviéramos acceso a la red, pero, no nos dijeron que la red también podía convertirse en red neocolonial y prolongación de la colonialidad.

Pedagogo crítico: Hoy comprendo que la colonialidad no terminó con las independencias Nuestraméricas, solo cambió de forma. Lo que ayer fue ocupación territorial, hoy es ocupación cognitiva. Lo que ayer fue esclavitud material, hoy es dependencia algorítmica. La colonialidad del poder, sigue viva. Solo que ahora circula en servidores, plataformas y centros de datos. Se actualiza en tiempo real.

La colonialidad del saber ya no impone conocimientos únicamente mediante lenguas extranjeras; impone tendencias, verdades virales. Decide qué es visible y qué es invisible. Qué conocimiento cuenta y cuál se descarta como irrelevante, la colonialidad del ser es la más silenciosa. Se instala en el miedo, en la ansiedad permanente, en la comparación constante, en la sensación de ineficiencia productiva y de rendimiento. Es una alienación reforzada por la autoexplotación, ahora el amo y el esclavo, se sintetizan en una sola persona, mediante el teletrabajo. ¿No es acaso esto una nueva forma de ideología?

Es el reforzamiento permanente de la falsa conciencia: esa inversión de la realidad que hace parecer natural lo que es producto histórico. Hoy la falsa conciencia es digital. Creemos elegir libremente lo que en realidad ha sido previamente filtrado y somos manipulados. 

Pueblo venezolano: También nosotros somos manipulados y muchos tenemos miedo, algunos somos apáticos y otros aplauden lo que sucedió el 3 de enero pasado. ¿Entonces, todo está perdido? Porque desde esa fecha mutó todo, la revolución ahora parece tutelada, la poca conciencia revolucionaria, ahora la escondemos, la borramos o se nos olvidó. Necesitamos con-ciencia, con guion, con pausa, con profundidad, conciencia que no sea repetición automática, sino reflexión situada y emancipadora, que abra la esperanza transformadora, con sentido y horizonte liberador.

Pedagogo crítico: la educación auténtica no es adaptación, sino práctica de emancipación, liberación y libertad. Debemos pasar de la conciencia ingenua a la conciencia crítica. Hoy esa transición debe darse en el terreno digital, porque el capitalismo también está mutando hacia un capitalismo digital de corte neofascista. No basta con saber usar plataformas, con producir contenidos y tener acceso, hay que comprender las relaciones de poder que atraviesan cada interfaz.

Pueblo venezolano: La alfabetización digital que nos ofrecen es funcional al mercado y al capitalismo digital. Nos entrenan para consumir, para competir, para exhibirnos. Pero no para cuestionar la arquitectura misma del sistema. Entonces nos preguntamos: ¿Es suficiente emanciparnos tecnológicamente?

Pedagogo crítico: es necesaria una distinción dusseliana: emancipación no es lo mismo que liberación. La emancipación puede ser formal: acceso, inclusión, participación superficial. La liberación es más profunda: implica transformar las estructuras que reproducen exclusión. Podemos estar conectados… y seguir colonizados y colonizados.

La liberación exige ética. Exige situarse del lado de las víctimas del sistema. Exige preguntarnos: ¿quién queda afuera de esta revolución digital? ¿Qué saberes no son traducibles en datos? ¿Qué memorias no caben en el algoritmo?

Pueblo venezolano: no estoy entendiendo nada, estoy más confundido, entonces no somos poder popular protagónico y soberanía popular, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela nos dice en su artículo 5, “…que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo…” entonces no habrán más elecciones, sigo sin entender y saber nada de lo que sucede en la Patria.

Pedagogo crítico: vivimos en guerra cognitiva permanente, no con tanques, sino con relatos y narrativas de miedo, no con fusiles, sino con flujos informativos inculcadores de tutelajes neocoloniales y prolongación de colonialidades, como patrones ideológicos de poder vertical tutelar, de saberes inoculadores de subalternización e inferiorización de los saberes populares, para configurar un ser con subjetividades miedosas, sumisas que continúen con la alienación de un pueblo sujeto a tutelaje. Están en disputa nuestros afectos, nuestras esperanzas, y también nuestros miedos.

Pueblo venezolano; Ahh, comienzo a ver mejor, lo que estaba mirando borroso y confundía por el miedo que nos produjo la intervención militar gringa del 3 de enero, pero, ahora también tengo mucha ansiedad, porque sigo sin entender lo que pasó y lo que está pasando, veo muchos personajes que reaparecen, otros que siguen estando, y muchos gringos viniendo, ofreciendo mentiras como hace 533 años, como en la conquista pues, ¿Seguiremos siendo pueblos conquistados, ahora neocolonizados y colonializados?

Pedagogo crítico: no hay un único entendimiento y conocimiento válido, tampoco una sola racionalidad legítima. La modernidad occidental no agotó las posibilidades del mundo, hay otras posibilidades civilizatorias, tenemos que resistir, para poder seguir existiendo, pero, el capitalismo digital actúa como un neoconquistador, un nuevo Yo conquire, diría Enrique Dussel. Nos empujan a ser neopositivistas, medirlo todo, cuantificarlo todo, a reducir la experiencia humana a información procesable, a ser un dato más. También nuestras emociones y sentipensares son administradas y convertidas en dato. Frente a ello, el sentipensar emerge como acto de resistencia, Sentir y pensar juntos, impide que nos fragmenten.

Pueblo venezolano: Seguimos confundidos, no sabemos si somos poder popular, porque ahora muchos, que eran enemigos de la revolución, hicieron guarimbas, trancaron calles, se enfrentaron con nosotros, quemaron personas que murieron, están siendo liberados y eso nos divide, no nos vamos a juntar con ellos, también sabemos que hay algunos presos inocentes, detenidos injustificadamente, nos dañó la polarización político partidista, prolongó la división y fragmentación fratricida. 

Pedagogo crítico: Con Martin Luther King Jr, aprendimos que la política sin ética se vuelve técnica de dominación. Simón Rodríguez nos advirtió, Inventamos o erramos. Inventar hoy significa construir soberanía tecnológica, pero también soberanía cognitiva. Significa diseñar plataformas que no reproduzcan racismo epistémico ni dependencia y tutelaje estructural del Imperio en declive. Significa formar ciudadanos digitales críticos, no consumidores obedientes.

¿Es posible? Sí, pero no será automático, ni concedido; debe ser conquistado pedagógicamente. Necesitamos pedagogías críticas repensadas para el siglo XXI,
investigadores comprometidos, comunicadores éticos, programadores con conciencia histórica. Necesitamos comprender que cada clic también es un acto político. Porque la historia no terminó, la colonialidad no es destino social, ni
el algoristmo es Dios.

Pueblo venezolano: Éramos un dato, no lo sabíamos, pensamos que con asistir a marchas, gritar consignas, y participar con oportunismo, sin ser corresponsables en los territorios sociales, era suficiente para convertirnos en poder popular, resulta que el 3 de enero, nos despertamos de un sueño, que nos hizo mirar en el espejo de la realidad concreta, no se han superado, las desigualdades, injusticias y exclusiones, ¡Esa era y es nuestra cotidianidad! 

Pedagogo crítico: Lo que manifiestas es cierto, La pregunta sigue abierta:
¿Seremos sujetos de nuestra propia narrativa digital o simples datos en la narrativa de otros? Si aceptamos pasivamente la arquitectura impuesta, erramos.
Si inventamos alternativas, resistimos, es esa la dialéctica, con resistencia comienza la liberación. No una liberación romántica ni abstracta, sino una liberación concreta de nuestras mentes, de nuestros afectos, de nuestras epistemologías liberadoras.

Necesitamos una actitud crítica permanente. Una disposición ética a no naturalizar la dominación, mientras exista conciencia crítica, la colonialidad es posible superarla con decolonialidad, mientras exista imaginación política, ningún algoritmo tendrá la última palabra.

El primer movimiento de todo proceso emancipatorio es epistemológico: hay que develar lo que nos oprime para poder desactivarlo. El texto como narrativa decolonial contribuye a superar la noción marxista de ideología como falsa conciencia, nos sitúa en el contexto contemporáneo del capitalismo digital. Se trata de una alienación expandida que opera a través del tutelaje neocolonial, mediante la colonialidad y las guerras cognitivas que actúan permanentemente.

Reflexiones finales

El capitalismo digital es una realidad y no es neutral. Está atravesado por relaciones de poder que reproducen colonialidades históricas bajo nuevas formas. Sin embargo, también abre posibilidades inéditas para la articulación de resistencias, redes solidarias, encuentros y producción corresponsable de saberes y conocimientos.

El desafío político de nuestro tiempo consiste en transformar la alfabetización digital en práctica emancipadora y liberadora. Lo que implica:

  • Superar la falsa conciencia ideológica.

  • Construir con-ciencia histórica situada.

  • Integrar emoción y razón en el sentipensar crítico.

  • Diferenciar emancipación de liberación.

  • Promover soberanía tecnológica y justicia cognitiva.

Inventar, como proponía Simón Rodríguez, es hoy una tarea urgente. Errar sería aceptar como inevitable el tutelaje neocolonial y la colonialidad algorítmica.

La historia no está cerrada. Tampoco lo están los territorios digitales. Allí se juega, en gran medida, el horizonte de nuestras identidades nacionales democráticas, nuestras culturas y nuestras soberanías.

Emanciparse del capitalismo digital implica luchar por la soberanía tecnológica, por plataformas públicas y comunitarias, por una regulación democrática de los datos. Pero la liberación va más allá: supone construir un nuevo sentido común tecnológico, arraigado en nuestros sentipensares, en nuestras historias de resistencia y en nuestras utopías concretas.

Como enseñó Pablo Freire, nadie se libera solo. La tarea es colectiva. Este artículo aspira a ser un grano de arena en esa construcción: una herramienta más para que educadores, comunicadores, activistas y ciudadanos comunes podamos mirar la pantalla con ojos críticos y, al mismo tiempo, con esperanza creativa. Porque, como dijo Simón Rodríguez, o inventamos, o erramos.

 


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Pedro Alcalá Afanador

Doctor en Ciencias Gerenciales - Doctor en Ciencias Sociales - Especialista en Salud Pública - Psiquiatra - Médico Cirujano

 alcalaafanadorp@gmail.com      @alcalaafanadorp

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