La primera reacción que uno tiene, con una salud mental aceptable, es la sorpresa ¿Cómo puede alguien creer esto? Unos momentos después, caemos en la cuenta de que los humanos desarrollamos muchas patologías mentales dentro de una situación de gran estrés que puede quemar a la gente, produciéndoles esa dolencia llamada “burnout”. También pensamos que los que aceptan esos mensajes, “bajados” como línea o sesudos análisis, están en un profundo duelo, estacionados en situación de negación de la realidad. Lo peligroso es que se puede convertir en un brote psicótico colectivo inducido.
He leído en estos días varios de estos mensajes, como un extraño entretenimiento. Como ver una película de crueldad surrealista de Yorgus Lanthimos o de Luís Buñuel. Porque el director de estos mensajes es un fabulador nada realista, que compite por lo más absurdo, es víctima de una crisis psicótica él mismo, o quiere provocar esa patología adrede, con sociopatía evidente. Ya está superada la etapa en que el militante dispara insultos llenos de odio, desprecio y asco. Ahora viene el intento de racionalización extrema, es decir, retorcerse los sesos para hacer aparecer una capitulación como la máxima expresión del heroísmo, presentar una subordinación rastrera como la más alta manifestación de autonomía, la más evidente abyección del miedo puro y simple como expresión de audacia, rebeldía y hasta astucia estratégica. Y, encima, exigir lealtad, fe y confianza, a la manera de aquel Tertuliano, apologeta del siglo II, quien afirmaba claramente que hay que creer precisamente porque es absurdo, reflejando la paradoja de aceptar la fe precisamente cuando algo parece irracional o imposible, destacando la primacía de la fe sobre la razón. Y con todo ese soberbio histrionismo, como el de ese Ministro que pretende poseer “la verdad histórica” porque sí.
Empecemos con lo que parece ser todo un lineamiento para los militantes del PSUV y el Polo Patriótico, divulgado por la red X. Allí, se presenta como un reconocimiento “a su liderazgo y fortaleza” de Cabello y Padrino, la reciente reunión de estos sujetos con el jefe del Comando Sur, de apellido Donovan. Destaca el mensajero que Donovan se sentó con los (¿hijos?) “reconocidos” con “pragmatismo”, palabra muy usada en estos días, como luego veremos. Después de afirmar que “la entereza de nuestra gente hizo que Estados Unidos se siente de tú a tú (¿?) con Venezuela en una mesa de respeto e intereses comunes”, señala el mensaje que “el reconocimiento internacional es el resultado de años de resistencia, de valentía y de una moral inquebrantable. Estamos cobrando la victoria de haber aguantado con firmeza el asedio más grande de nuestra historia”.
La trampa es evidente. Primero, no fue una reunión de “tú a tú”, mucho menos una conversación entre iguales. No, fue una reunión del jefe con unos subordinados. Segundo, no hay ningún “reconocimiento internacional” aquí, porque, como han insistido de Trump para abajo, este gobierno es ilegítimo, solo sirve de instrumento del General Captain Rubio y el Rey Trump. El supuesto reconocimiento (es claro el eco del niño abandonado que agradece el reconocimiento del padre distante) no fue otra cosa que una reunión para alinear, como dijeron los “visitantes”, a los susodichos venezolanos con la política militar y los intereses de EEUU; o sea, para darles órdenes. Tampoco fue una reunión “diplomática”, de “alta política, prudencia e inteligencia estratégica”. Ni hablar de que las órdenes del jefe militar a sus subordinados tuvieron algo que ver con “proteger y cuidar al presidente Nicolás Maduro y a la primera dama y diputada Cilia Flores” Y de ñapa dicen que “debemos sentarnos con quien sea y luchar por su liberación, dignidad y respeto”. Mentir sin pestañear, es el lema de estos tipos.
El loco sigue: “Cada decisión tomada protege al pueblo de la violencia y de cualquier intento de agresión extranjera”. O sea, no hubo intervención, bombardeo, captura (o, peor, secuestro). Nos reunimos con el malandro que acaba de robarnos y bombardearnos “para proteger al pueblo”. Encima, hay una apelación a una supuesta sabiduría popular que respalda la conducta de estos dirigentes que capitularon: “el chavismo de base sabe que la prudencia es sabiduría y que este nivel de conciencia nos hace invencibles”. Por supuesto que el pueblo es sabio. Por eso constituye un insulto este mensaje, que además es todo un lineamiento. Para el remate, una afirmación cómica que puede pasar por soberbia: “siempre tuvimos la razón y nuestra soberanía no tiene precio” (excepto nuestros puestos, claro). Y viene la demanda final abusiva: “Máxima confianza en la dirección político-militar de la revolución: tenemos plan, tenemos proyecto, tenemos historia”. Bueno, sí: el plan de entrega del país (porque han dicho que todo esto, Ley de Hidrocarburos incluida, lo tenía previsto Nicolás), el proyecto de mantener sus cargos al servicio del más fuerte, y tienen una triste historia, de bulla antiimperialista a subordinación total al imperialismo.
Hay otro texto digno de comentar. Hasta se divulgaron unas láminas hechas por un señor Rivero, que se presenta como un historiador de, nada menos, la revolución bolchevique. El tipo hace la analogía entre la capitulación de la alta dirigencia policial-militar-burocrática del PSUV y el acuerdo de Brest-Litovsk, un acuerdo de paz suscrito por la dirigencia bolchevique, en los meses inmediatamente posteriores a la revolución de octubre de 1917, por el cual Rusia cedía grandes territorios a Alemania, su enemigo en la Primera Guerra Mundial. A la luz de esta comparación increíble, Delcy se convierte en una versión femenina de Lenin. Aquí la analogía histórica viciada se convierte en algo halado dolorosamente por los pelos. Un claro delirio.
No dice el historiador comparatista que el acuerdo de Brest se buscó porque la paz fue una promesa de los bolcheviques al pueblo ruso, agotado por la Guerra, para lograr ganar la mayoría en los consejos de trabajadores o soviets, junto a las consignas de tierra para los campesinos y pan para las ciudades exhaustas. El proceso de negociación fue complejo, intrincado, incluso de hecho fue, por un rato, de "ni guerra ni paz" por la discusión intensa en la dirección bolchevique y la continuación terrible de los combates. Sí, los bolcheviques retuvieron el poder, y acto seguido trataron de avanzar con la revolución, no para aplicar la política del enemigo alemán. La capitulación de la cúpula militar policial burocrática venezolana, en cambio, ha implicado la subordinación total del aparato burocrático estatal a los dictados de Trump. No es cualquier cosa la nueva ley de hidrocarburos. Los bolcheviques tuvieron futuro porque eran los dirigentes de una revolución triunfante, en cambio los capituladores son los dirigentes de una dictadura que ha perdido el apoyo popular y se acaba de robar unas elecciones violando la constitución desde hace años.
Pero se sostiene que el "enemigo principal" para Delcy y compañía, no es el imperialismo, sino MCM, de quien, de paso, se ha ido aplicando su programa petrolero, a cambio de una paz de miedo y una falsa esperanza vana (que "devuelvan a Maduro"). No se ha "preservado la soberanía a largo plazo", se han preservado, por miedo, los cargos y la vida "poderosa" a cambio de entregar la soberanía. Remiten a un futuro indeterminado la “victoria”. Confían en el tiempo. Claro, Trump puede pasar, pero el imperialismo durará mucho más, y con los mismos intereses. En cambio, el chavismo, con esta burda manipulación, marcha a su extinción. Ni hablar de los que hablan de que, luego de Trump, “construirán el socialismo”, aprovechando la reactivación de la industria petrolera gracias a…Trump. Ufff!!!
Dejo de último el comentario acerca de un reciente artículo de Francisco Ameliach acerca del pragmatismo. Se echa de menos aquí una referencia más o menos honesta que explique en síntesis esa filosofía de Dewey y demás representantes. Pero lo central de la argumentación ameliachista es la distinción entre un "pragmatismo absoluto" (¿?) y un supuesto "pragmatismo chavista" que identifica con el antidogmatismo de Chávez, incluida su crítica al "purismo" de los grupos de izquierda y las experiencias socialistas del siglo XX. Esto para demostrar que hay una continuidad doctrinaria con Chávez, de quien reconoce que es autor de una ideología, no teórica, sino emocional, con una base "heroica", de la cual, por cierto, no dieron sus herederos una muestra el 3 de enero. Pero es que tampoco, con la apelación a la lealtad ciega y personal con los caudillos (Chávez, Maduro, ahora Delcy y cia), la creación de un partido que controlaba todo el Estado y el autoritarismo, se distinguieron mucho de los peores vicios de Stalin, Castro y Mao. Ameliach reconoce, explícitamente, que las decisiones de la actual cúpula chavista son pragmáticas, pero no pragmáticas "absolutas", sino “pragmáticas chavistas”. Y recalca que ese "pragmatismo chavista" se refleja en la Ley de Hidrocarburos, en la cual se echa por la borda todo el nacionalismo petrolero que viene desde antes de Chávez. Esto no es pragmatismo, es entreguismo o, en el mejor de los casos, oportunismo.
Aquí cabe recordar, a propósito de ese “pragmatismo chavista”, unas recientes declaraciones de Jorge Rodríguez. El presidente de la AN llegó a citar el famoso aforismo de Deng Xiao Ping (atribuido a su abuela) acerca de que “no importa el color del gato, sino que cace ratones”. Es claro que ambos "gatos" (el “pragmatismo absoluto” y el supuesto “pragmatismo chavista”) cazan los mismos ratones: mantenerse en los cargos a cambio de la soberanía nacional. Es decir, que, en realidad, no hay ninguna diferencia. Lo que sí hay es la diferencia con el respetable pragmatismo filosófico de Dewey y el evidente oportunismo de esta gente que quiere cortarnos con ese cuchillito de cartón.