La realidad que debemos cambiar

La realidad venezolana actual, luego de la invasión por las fuerzas armadas de Estados Unidos y de las directrices económicas y políticas del presidente Trump, sobre el desempeño interno de lo que nos queda de gobierno, es muy triste, muy lamentable y desalentadora, pese a que haya quienes no se den cuenta de ello, quienes la subestimen y quienes crean que abre un caudal de nuevas posibilidades de crecimiento. Juan Vicente Gómez, a pesar del atraso e ignorancia existentes entonces en el país y de la corrupción y el entreguismo ante los explotadores extranjeros, tuvo que asumir el inicio de la explotación petrolera, negociar a su manera con las compañías extranjeras, recibir el dinero del crudo vendido y cobrar los impuestos generados por su explotación. Todas estas actividades hoy les están vedadas al Estado venezolano, pues es el Departamento de Estado quien las realiza, recibe los fondos y los administra. Y, además, con esos ingresos sólo podremos comprar mercancías gringas. Regresamos a la época de la Guipuzcoana. 

La causa principal de esta nueva situación no es sólo el control del petróleo venezolano, ni el despojo de las otras riquezas: oro, hierro, bauxita, tierras raras, sino la necesaria subordinación de Venezuela, como demostración de la nueva política estadounidense para la región. EEUU siempre ha deseado, como potencia imperialista, dominar ampliamente su continente, sólo que hoy es algo que se les hace imperioso, ante la pérdida de espacios en otras partes del mundo, por la aparición de nuevas y poderosas economías, algunas militarmente respetables. La primera potencia mundial no está en su fase terminal, ni da sus últimos zarpazos agónicos, como algunos tienen décadas señalando. Han regresado, si se quiere, a su línea política original de sustento. América les garantiza todo lo necesario para seguir a la cabeza del capitalismo mundial. Ya controlan el canal de Panamá, restringen la influencia de México y deciden las elecciones de gobiernos de Centro y Suramérica. Vendrán la toma de Groenlandia y la anexión de Canadá. 

Pero los procesos políticos están sometidos a muchas vicisitudes y contradicciones, no siempre predecibles, ni controlables, por lo cual el desafío a los poderosos debe ser inteligente, y no en la forma alegre e irresponsable, como se hizo a partir de 1999, con la llegada al poder de Hugo Chávez. Sé que esta verdad disgusta a quienes admiran al comandante eterno, pues ellos descargan la mayoría de sus críticas sobre el régimen de Maduro. Pero, el inicio del desastre actual: económico, social, político e internacional, tuvo sus bases en los gobiernos de Chávez, cuyas políticas Maduro continuó y enriqueció con sus propios errores. “Aquí huele a azufre”, “váyanse al carajo yankis de mierda”, “exprópiese”, arengas anti capitalistas en el Bronx, “si nos agreden, será un Vietnam toda América latina”, “ni una gota de petróleo”, “entran, pero no salen”, expresiones muy sentidas y muchas de ellas justas, pero nada sagaces en la boca de quienes gobiernan.

Pero hay también otros responsables de este proceso multicausal, pero esta vez con total conciencia del daño que hacían en su ineptitud delictiva. Hoy están agrupados alrededor de María Corina Machado, pero son los mismos que desde el triunfo inicial de Chávez, desconocieron su victoria pese a ser refrendada por el organismo electoral del pasado adeco copeyano, y decidieron derrocarlo por las vías que fuera. Consideran que nunca han perdido las elecciones y que están predestinados a ser gobierno; su primer llamado a paro petrolero y huelga general insurreccional ocurrió tan temprano como en 2001. Luego el golpe de Estado de 2002, el sabotaje petrolero y huelga empresarial de 2002 - 2003, las abstenciones y sabotajes electorales, las guarimbas, acciones vandálicas y terroristas, uso de jóvenes como carne de cañón, sanciones, recompensas, robo de activos en el exterior, incursiones mercenarias e invasión final de Venezuela. Nada de esto se puede obviar, al enjuiciar los gobiernos de Chávez y Maduro. No sería justo, ni científico.

Desde nuestra separación de España, nos hicimos lenta pero constantemente cada vez más independientes, soberanos y democráticos. Fue un proceso de altibajos, avances y retrocesos, de despojos territoriales de nuestros vecinos, de la agresión de potencias como Inglaterra y de guerras intestinas. Desde los inicios de la explotación petrolera, la conquista de estas condiciones puede medirse por el grado de control nacional, sobre la producción y comercialización del petróleo, que alcanzó su máximo nivel con la nacionalización petrolera y la creación de Petróleos de Venezuela (PDVSA), durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Somos la hechura de poco más de cien años de explotación petrolera. Todo ese magnífico esfuerzo social desde la independencia para acá, hoy aparece como perdido, por lo que se hace necesario retomarlo y transitar el camino de la reconquista de la soberanía arrebatada. 

Es cierto, que no existe un país totalmente soberano, en el sentido literal de la palabra. La soberanía de los poderosos, la más amplia existente, tiene como límite la soberanía de sus pares igualmente poderosos. Ellos disponen de un aparato militar, científico y productivo importante, que les permite defender sus soberanías y hacerlas valer ante apetencias ajenas. Luego, el grado de soberanía que se tenga no depende del discurso que exista al interior de un país, sino de la capacidad real de ese país para defenderla. Es decir, para lo que se llama el ejercicio de la soberanía. Es también cierto que Venezuela nunca ha sido soberana en el mismo grado que lo son EEUU, Rusia y China, ni siquiera en el grado menor en que la ejercen los principales países europeos u otros similares asiáticos. Esta realidad, sin embargo, no significa que no se tenga que aspirar a tener cada vez mayores grados de soberanía, ni mucho menos que se renuncie a reconquistar la soberanía perdida actualmente. 

Quienes defendemos a nuestra patria por encima de todo, aspiramos que quienes internamente están al mando hoy, producto de las obligadas negociaciones que tuvieron que hacer en minusvalía con el gobierno estadounidense, asuman un proceso inteligente de rescate de la soberanía perdida. Nos basamos, para este deseo, en el discurso de la presidente Delcy Rodríguez, luego del criminal bombardeo contra nuestro país y del secuestro del presidente Maduro y de Cilia Flores. Esta aspiración no la podemos tener con María Corina Machado, pues ella sería cabecilla de la subyugación y la entrega ante EEUU, como lo ha pregonado tantas veces. Pese a oponernos al gobierno de Maduro y a condenar sus acciones irresponsables en las relaciones con EEUU, es de justicia señalar que mantuvo valientemente su posición, equivocada o no, pese a las amenazas de muerte y de secuestro y ahora el enjuiciamiento, por parte del país más poderoso de mundo. No lo hemos visto suplicar, ni asumir el cobarde comportamiento de otros, que han corrido a refugiarse en la delación y la calumnia contra nuestro país.

De las peores situaciones se puede salir exitosamente, y más si hay tiempo suficiente para ello y hay deseos, unidad e inteligencia para hacerlo. Pero, de ahí a pensar que Donald Trump ha hecho todo lo que ha hecho, para lograr que superáramos una crisis económica que él mismo ayudó a generar, y que su relación con nosotros es la de ganar/ganar, es, por decir lo menos, una grandísima ingenuidad. Con Venezuela como protectorado, luego de la invasión, Trump controla más del 50% del petróleo mundial, para venderlo a quienes quiera, los sionistas genocidas de Israel incluidos. Con nuestro petróleo se pagan todos los gastos de la movilización de la cuarta flota y de la invasión y los bombardeos que sufrimos. Tiene a su disposición los minerales, metales y tierras raras, que la industria gringa necesita, el agua dulce de la que EEUU carece y, además, su patrimonio personal se ha incrementado enormemente.     

Estabilicemos sí el escenario político nacional, organicemos una economía para el desarrollo y el bienestar ciudadano, logremos la paz interna necesaria para recorrer el difícil camino de rescatar la soberanía perdida.       

 


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Luis Fuenmayor Toro

Médico-Cirujano, Ph. D., Ex-rector y Profesor Titular de la UCV, Investigador en Neuroquímica, Neurofisiología, Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología. Luchador político.

 lft3003@yahoo.com      @LFuenmayorToro

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