Qué pena con el resto de los venezolanos…

Cada vez es peor el descaro y la ineptitud del gobernador del estado Zulia, Manuel Rosales, máximo líder de la oposición y nuevamente candidato a la Alcaldía de Maracaibo, con todo y la vergüenza que eso debería producirle.

No asume responsabilidad en esta región. Cuando habla de los atracos, asesinatos, secuestros y otros delitos en Maracaibo, acude a los medios de comunicación y en lugar de aportar soluciones, emplaza al Gobierno nacional a enfrentar la situación, como si él no tuviera competencia en el caso.

Una actitud deshonesta, sabiendo que el gobierno zuliano cuenta con la Policía Regional, una de las instituciones más antiguas del país, pero que no ha sido capaz si quiera de reestructurarla, pese a las críticas y las presiones de la propia población afectada por el baño de sangre.

Ahora divulga en algunos medios de comunicación avisos que muestran en fotos como se encontraba Maracaibo cuando él presidía el ayuntamiento y como está en estos momentos.

En la publicidad de la Gobernación se queja de que supuestamente abandonaron los trabajos que inició cuando era alcalde y habla de calles deterioradas, de la falta de embaulamiento de cañadas, de la red maestre, hospitales, en fin. Pero yo me pregunto: ¿Y él desde el Ejecutivo regional, porque no continuó sus proyectos? ¿Para que sirve entonces un gobernador?

Pensé que un gobernador tenía competencia para trazarse grandes proyectos de vialidad, vivienda, manufactura, educación, cultura, deporte, salud, pero realmente con Rosales no se sabe. Lo único que construyó fue un tramo de la Lara Zulia hasta el municipio Cabimas y con el chorro del peaje del puente sobre el Lago, debió de llevar la autopista hasta el estado Lara y no lo hizo.

Sin embargo, de esa forma, orquesta cualquier bajeza, porque afirmar en esas publicaciones que la Alcaldía no ha continuado la labor es un exabrupto, que en palabras de un alcalde que luego es gobernador y ahora quiere regresar a la municipalidad, raya en la burla, en la falta de respeto, para con la comunidad que lo eligió.

Se interpreta de esa forma, que si la Alcaldía no ejecuta las labores en Maracaibo, sencillamente no se hacen, porque el gobernador no asume ningún compromiso con la gente.

Me disculpan mi ignorancia, pero pese a la actitud de Rosales, creo que si el ayuntamiento tiene el deber de consolidar los barrios de Maracaibo, mayor debe ser el de una Gobernación presidida por un político que se deba al pueblo, no que se la pase buscando culpables y evadiendo sus funciones.

Actualmente orquesta una pantomima de asfaltado en algunos sectores, pero eso, sabemos bien, es pura campaña. Tuvo más de dieciséis años para pavimentar las calles y no lo hizo. ¿Y lo va a hacer ahora? Igual mentira mete con los hospitales: publica una foto de los centros de salud deteriorados y otra con la fachada pintada, pero ojalá nunca les toque ir a una emergencia.

Y así hace con otros sectores, donde ha echado un brochazo de pintura para engañar a la gente. Luego se explaya con la ejecución de los trabajos, cuando todo es maquillaje.

¿Quien no es gobernador así? Manuel Rosales tiene además la Gobernación para imitar la gestión del presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías y descalificarla en un discurso enrevesado y contradictorio, pues se copia de él y luego dice con la cara bien lavada, como decimos aquí en Maracaibo, que la gestión del comandante no sirve. Obviamente nadie entiende.

Es que el discurso de Rosales es una farsa, un disparate que no tiene pies ni cabeza y que termina enredándolo en sus propias “espuelas”.

Aunque que se puede esperar de un político que se niega a darle paso a los nuevos dirigentes como hizo con Juan Pablo Guanipa, que se olvidó de los políticos que una vez le metieron la mano como Saady Bijani, que enfrenta a Julio Borges, sin importarle un pito el pacto de unidad nacional de la oposición y que no le preocupa bajar de jerarquía con tal y que eso le garantice mantener saciada su sed de poder.

Un verdadero bochorno y en honor a los zulianos y tomando en cuenta que un político se constituye en referencia de la región de donde es oriundo o a la que supuestamente se debe, tengo que decir, expresar, gritar: ¡nosotros no somos así! Por cosas de la vida, quizás, a esta noble tierra le correspondió tener a un dirigente político de esa naturaleza, pero repito son excepciones.

Rosales tampoco se da cuenta de que ya la gente no come de paños de agua caliente y menos da credibilidad a esas promesas electoreras que hace en su empeño de ser otra vez alcalde, y que sabemos incumplirá como una vez incumplió y ha incumplido en la Gobernación del Zulia…que pena con el resto de los venezolanos ¡Santo Dios!

albemor60@hotmail.com



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Alberto Morán


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