Margarita roja rojita

Inexorablemente, bajo el influjo de la realidad política y
social, Margarita y Coche debían dejar de ser adecas. Ese día llegó el
pasado 3 de diciembre de 2006, con el triunfo de la candidatura presidencial
de Hugo Chávez en todos los estados del país, incluyendo Zulia y Nueva
Esparta, únicas entidades bajo el control de gobernadores adversos a la
revolución bolivariana.

De hecho ya desde hacía tiempo Margarita y Coche eran
chavistas de corazón. El pueblo insular captó el mensaje del comandante
revolucionario y se identificó con su preocupación por los pobres y los
excluidos de la atención oficial. Esa empatía, sin embargo, no pudo ser
manifestada adecuadamente pues se atravesaron personajes como Irene Sáez y
Alexis Navarro, quienes, desde la Gobernación del Estado, se condujeron como
enemigos de la revolución; la una por serlo en toda la extensión de la
palabra y el otro por aliarse con los factores de poder tradicionales.

La raigambre adeca en Nueva Esparta tuvo una similitud
progresista en las lejanas épocas de ³la revolución de octubre² (de 1945),
cuando muchos creyeron el cuento de la reforma agraria y el aliento
antiimperialista pregonado por la junta cívico-militar que derrocó al
Presidente Medina.

El adequismo se enquistó en Margarita como una endemia
regional y se hizo resistente a las corrientes de cambio, tanto así que ni
siquiera la vacuna del MEP, elaborada con el mismo virus, sirvió para
atenuarles la dolencia política.

Para colmo contagiaron a los demás entes partidistas y así el
clientelismo, la matraca, el caciquismo, las tribus judiciales y todas las
corruptelas posibles se aposentaron entre los beneficiarios de la
conchupancia insular.

Desde luego los adecos no han desaparecido de estos lares.
Todavía quedan focos perniciosos cuyo principal bastión se encuentra en Los
Robles y las urbanizaciones ³navegadas² de sus alrededores. Como quien dice,
un Chacao o una Baruta de contrabando, con todo y plaza Altamira.

Además, aún tenemos a Morel Rodríguez, gozando de buena salud
política. No obstante, esa plaga también tendrá remedio si se aplican las
medidas adecuadas.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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