A Eveling Trejo: ¡Misericordia! ¡Por favor!

      A veces amanezco pensando que podrá sentir una persona como el caso de la alcaldesa de Maracaibo Eveling Trejo de Rosales, que de un día para otro, dejó en la calle a 2700 trabajadores de las familias más humildes del municipio, quienes tendrán orgullo y toda la dignidad del mundo, pero en el fondo de su pobreza e indefensión suplican con el alma y el corazón que les devuelvan el trabajo. ¡Piedad para ellos por la vida de Cristo!

      Parece increíble que el dinero obnubile e insensibilice tanto a un ser humano. Hay personas ricas de cuna que no saben lo que es la pobreza y aunque eso no los justifique, creo que tienen una gran diferencia con aquellas que nacen sin nada y después se hacen de dinero, como el caso de Eveling Trejo. Y, sin embargo, conociendo esa vida de penurias, carencias y necesidades, después de millonarios no sienten una  pizca de compasión por la gente necesitada.

      La señora de Rosales se niega a ver en los ojos de los “salserines” la miseria y la desventura en que los dejó con su terrible decisión. El trabajo es una buena razón para sentirse útil en la vida, pero ella les arrebató esa disposición de un solo plumazo y sin la menor clemencia. ¡Misericordia! ¡Por favor!

      En el caso de los obreros del barrido manual sucede una realidad muy particular. Hay personas que expulsan del trabajo ¡¿cómo no?!, pero seguramente cuentan con sus prestaciones canceladas como lo estipula ley y, de no ser así, tendrán un bien para vender, la caridad de un amigo o alguien confiable a quien pedirle plata prestada; quizás esto no sea lo más recomendable, pero son oportunidades que en el momento se pueden presentar.

      No así sucede con los “salserines”, primero; no le cancelaron sus prestaciones, segundo; lo único que tenían para subsistir era ese sueldo miserable, según la cual, si cobraban temprano llevaban la comida temprano, si cobraban tarde llevaban la comida tarde y si no cobran no le llevan comida a los hijos. Viven al día, ¿qué les puede quedar para comprar un bien? Tercero, quien presta dinero a una persona que apenas gana para  mal alimentarse. Ojalá cuenten con la caridad de algún amigo. Eveling Trejo debe saber que condenó a esa gente al infierno.

      De esas personas botadas con la mayor inclemencia, muchos no saben hacer más que limpiar; otros son mayores  y, como se sabe, en este país rayar en los 50 años es peor que cometer un pecado, porque un pecado lo perdona Dios, pero esa edad el mercado laboral de este país ¡jamás!, primero muerto que bañado en sangre.

      Si  los “salserines” se hubiesen metido con alguien, no quieren cumplir, paralizan las actividades de la Corporación, de alguna manera amenazan la paz laboral o provocan alguna otra causa que vaya en contra de la Alcaldía, estaría de acuerdo con que los despidan, pero esta gente trabajaba y lo único que exige es que la dejen seguir trabajando ¡más nada!, sólo que a la señora de Rosales se le ocurrió la “brillante” idea de echarlos a la calle para ahorrar dinero.

      ¿Por qué no le pidió la renuncia a ese montón de asesores, directores, subdirectores y gerentes que tienen abarrotado el ayuntamiento y ganan una bola de billete?, esos si son una carga económica.

      Pero bueno, no hay que perder la fe, las esperanzas son las últimas que se pierden y allá Eveling Trejo con su conciencia y ese descorazonado proceder que dejó en la nada a esa gran cantidad de trabajadores.

      Sé que muchos marabinos, zulianos, venezolanos como seres humanos sensibles, en este instante se estarán peguntando lo que puede estar sucediendo en los tristes hogares de esos “salserines”, ¿qué ha ocurrido a la hora del desayuno, a la hora del almuerzo o a la hora de la cena en estos día sin sueldo?, pero eso no le importa a nuestra primera alcaldesa. Ella si tiene para comer ¡y mucho!

albemor60@hotmail.com



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Alberto Morán


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