Apenas leemos la prensa internacional esta madrugada cuando nos enteramos alarmados, a través del diario El País, de España, radio Francia y otros medios Europeos, de la más grave catástrofe ambiental que haya sufrido Hungría, y probablemente Europa Central, en su historia cercana, debido a la fuga de “lodos rojos” originada por la ruptura de una balsa y/o dique de una fábrica productora de aluminio en Ajka, una población de unos 30.000 habitantes a 165 kilómetros al oeste de Budapest. La producción de una tonelada de aluminio deja como desechos secundarios cerca de tres toneladas de lodo rojo; recordando que los mismos son desechos industriales y ambientales altamente tóxicos por su composición de soda cáustica y metales pesados (hierro, aluminio, silicio, titanio, magnesio, cadmio, cobalto, etc.) con la presencia añadida, pero no bien reconocida, de desechos radioactivos altamente peligrosos para la vida humana.
Cómo es, o al menos debería ser, del dominio de todos los habitantes de Ciudad Guayana, y aunque Ud. no lo crea, a unos escasos 10 kilómetros del centro de la ciudad, y a la orilla de nuestro río padre el Orinoco, tenemos “contenidos en enormes diques”, en equilibrio inestable, millones de metros cúbicos o toneladas de “lodos rojos” acumulados a través de los años---no dispongo de las cifras exactas al respecto-- de manera no sólo negligente, sino profundamente irresponsable.
En nuestra región Guayana los denominados “lodos rojos”, desecho tóxico, producto del procesamiento químico industrial de la bauxita (mineral natural que proviene de Los Pijiguaos) para obtener la demandada alúmina, insumo fundamental (además de la energía eléctrica barata) para la obtención del aluminio primario en nuestras plantas industriales de Venalum y Alcasa. Todo ello siguiendo un proceso económico perverso, que sigue subsidiando al capitalismo transnacional, sin sonrojo alguno, no sólo con nuestra alúmina sino nuestra limpia energía eléctrica hidráulica y los enormes pasivos ambientales que a nadie parecen preocupar.
Al parecer, hasta ahora se han producido algunos muertos, muchos heridos, y cientos de contaminados por esta contaminación ambiental ocurrida en Hungría; y lo que es mucho más grave, se ha generado contaminación y daños ecológicos y ambientales (probablemente de por vida) de un sector geográfico muy cercano a Budapest y con posibilidades ciertas, ya confirmadas, de derrame sobre el río Danubio, el más importante de esa zona Europea. Hablar de daños reales, medibles o cuantificables, sería un acto de irresponsabilidad o de ligereza; pero lo que si es cierto y totalmente demostrable es que los daños ambientales son irrecuperables (especialmente en las fuentes acuíferas de aguas profundas, por los metales pesados y los residuos radioactivos que hoy sabemos deberían estar presentes ), demostrándose, una vez más, cómo un modelo económico y social que no está al servicio del hombre, puede destruir no sólo el presente de las poblaciones y gentes comunes y corrientes que están en el entorno de la fábrica, sino que de manera irresponsable y antiética conspiran contra las generaciones futuras, hipotecando sus potencialidades de desarrollo autónomo e independiente por conductas depredadoras e irresponsables que sólo han contribuido para hacer inmensamente pobres a unos muchos y groseramente ricos a unos pocos.
La potencialidad de una catástrofe ambiental en Guayana, similar y quizá mucho peor a la de Hungría, es obvia y no amerita mayor análisis. La situación no es sólo en el sector aluminio sino en todo el sector siderometalúrgico, incluyendo empresas privadas que impunemente siguen violando de manera reiterada las leyes ambientales y las que rigen la protección de nuestros trabajadores (INPSASEL), que aun a costa de su propia vida terminan su existencia laboral haciendo huelgas ante portones inútiles para resolver sus discapacidades (físicas, económicas y emocionales) para enfrentar una vejez, que pudo ser digna, con enfermedades ocupacionales perfectamente prevenibles.
Han transcurrido más de diez años del inicio del proceso de transformación asumido por nuestra revolución bolivariana y estamos abocados al lanzamiento exitoso del Plan Guayana Socialista; intentando romper con el pasado indeseable de la mal llamada IV República. Sin embargo, los poderes del status quo siguen vivos al interior del Estado y en los aparatos de gobierno conspirando contra ello. El burocratismo, el clientelismo, el partidismo, el nepotismo, el amiguismo, la incompetencia e incapacidad, agravada por el narcisismo de algunos funcionarios, nos hacen pensar que es indispensable retomar en serio el camino de las tres R sugerido por nuestro Presidente el pasado año. Planteamiento que ha sido, lamentablemente, desoído y fracasado por sus numerosos funcionarios.
Creemos necesario no sólo retomar tal recomendación, ahora más como un mandato, incorporándole una (R) adicional que transforme la Revisión, Reimpulso en Reflexión (no entendida como simple cálculo o deliberación burocrática sino como meditación e introspección profunda) siguiendo siempre con la conseja de la Investigación- Acción del maestro Paulo Freire que siempre planteó a la “Reflexión” como la acción mediadora entre la Investigación y la Acción transformadora. Freire nunca asumió la acción sin la reflexión.
Después de más de diez años de “revolución” el Estado burocrático, ciego, sordo y malversador de los bienes comunes, sigue vivo, intentado hacer inviable el Plan Guayana Socialista (PGS) La evidencia empírica, más obvia, ante la crisis ambiental que se nos anuncia es: ¿Dónde han estado las autoridades de las empresas básicas de Guayana? ¿Dónde han estado las autoridades de la CVG? ¿Dónde han estado las autoridades del Ministerio del Ambiente en los últimos diez años? Será que tenemos que esperar una tragedia mayor a la de Hungría para salir en el despliegue de “Operativos” ya conocidos para aparentar que resolvemos problemas estructurales (oncológicos) con aspirinas y paños calientes. La “revolución” requiere de acciones transformadoras inmediatas, la hemos llevado, quizá sin querer y sin saber (nosotros todos) a la terapia intensiva. Por ello requerimos de medicina crítica trascendental (no paliativa) con carácter de urgencia. A estos fines rogamos, sugerimos, requerimos, demandamos, exigimos y recomendamos, de más procesos colectivos de toma de decisiones, fundamentados en más inter y trans-disciplinariedad, más diversidad, más ciencia, más conocimientos sistemáticos, más planificación, con más Política de Estado y de Gobierno, con ciudadanos más participativos y más responsables; y de menos decisiones individuales, particulares, alimentadas por cálculos burocráticos y clientelares con profundas raíces venidas de la ignorancia y la incompetencia manifiesta de funcionarios incondicionales. L a potencialidad de un desastre ambiental no es el único desafío o amenaza presente hoy en Guayana, basta evaluar la precariedad de nuestras empresas en sus diversos ámbitos: financiero (con estructuras de costos inadmisibles), dependencia y obsolescencia tecnológica, abandono de los mantenimientos preventivos, ineficiencias en las práctica operativas, agravada por la desmotivación e insatisfacción existente generada por la herencia histórica de gerencias malversadoras y corruptas, un sindicalismo primario y, lo que es más grave aún, una gran masa de trabajadores manipulados y desinformados, llenos de miedos y preconcepciones domesticadoras, preñadas por el propio sistema que queremos transformar. Estos trabajadores siguen sin asumir el rol protagónico que la historia hoy les exige. Por ello debemos aprovechar las potencialidades y oportunidades del “Poder Obrero” , quizá como la oportunidad de transformación que nos brinda la realidad histórica, con el nuevo “Modelo de Gestión” (PGS) , propuesto por los propios trabajadores a través del Plan Guayana Socialista (PGS) .
La intermediación de una clase de burócratas y tecnócratas, corrompidos por el poder tradicional, ha fracasado estruendosamente en nuestras empresas. Ello nos exige nutrir, cada vez más, la esperanza posible, la posibilidad de que algún día, más cercano que lejano, los trabajadores responsables, sensibilizados socialmente, asuman la dirección de nuestras empresas para que unidos en misión compartida con el Poder Popular (Trabajadores, Comunidades Organizadas y Gobierno ) empecemos a ser corresponsables en la dirección de colectiva de nuestros procesos económicos y sociales fundamentales : ¿Qué se produce? Cómo se produce? ¿Quién lo produce? y ¿Para qué se produce? Tal demanda no admite más demoras, y no permite exclusiones odiosas de ningún tipo, nos obliga a trabajar a todos los trabajadores unidos (obreros, técnicos, ingenieros, profesionales, académicos, investigadores, dirigentes comunales, políticos, intelectuales, vecinos, etc.) más horas y con mejor calidad para investigar, estudiar, reflexionar, evaluar y accionar juntos con mejores herramientas cognoscitivas e instrumentales.
Sólo hay un camino y es el de prepararnos colectivamente, cada día, más y mejor, política y técnicamente, para enfrentar el gran desafío. No hacerlo hoy nos hará repetir los mismos errores de ayer, esos errores que siguen siendo parte de nuestro indeseable presente. La patria nos exige conocer y dominar más ciencia, más tecnología, más teorías, mejores prácticas cotidianas, y sobre todo “construir” mejores hombres/ mujeres para enfrentar con más “recursos” las luchas por venir.
L a única revolución verdadera es la del conocimiento compartido, esa que llega a la consciencia del hombre, esa que brinda luz en la obscuridad, que libera en la propia cárcel, que rescata al hombre de su ignorancia, que lo hace dueño de su destino, que lo hace autónomo e independiente. Revolución que al mismo tiempo hace al hombre más gregario, más universalista, más solidario y, sobre todo, profundamente humano: beligerante ante la injusticia y promocionador de la equidad y la igualdad. Las generaciones por venir así nos lo demandan. No dejemos fracasar la revolución y hagámosla posibilidad cierta. El poder no está en Miraflores, ni en manos de un ministro o funcionario de turno, el poder está alojado, muchas veces invisible, casi escondido, en cada uno de nosotros. Ese poder puede ser infinito si trabajamos, armoniosamente unidos , a pesar de nuestras diferencias. No olvidemos al Libertador cuando nos dice: “Unión, unión, o la anarquía os devorará”.