Comunas: un proyecto y una experiencia multidimensionales

Ahora que se habla con tanto entusiasmo de comunas en Venezuela como una manera organizativa de acceder al socialismo en un futuro no lejano, es preciso acotar que las mismas debieran constituir siempre un proyecto y una experiencia multidimensional, dirigida -sobre todo- a que ese socialismo posible realmente trascienda los esquemas representativos de la democracia burguesa y de explotación capitalista, en un accionar constante y renovador del protagonismo y de la participación política de los sectores populares, sin que exista coacción alguna de parte de los poderes constituidos. Sería una suerte de ensayo de un nuevo tipo de civilización (o su punto de partida), basado en el principio ético y revolucionario antijerárquico de unidad en la diversidad, la autogestión y el apoyo mutuo, en oposición a los patrones de conducta egoísta, irracional y depredadora que han condicionado la vida de la humanidad desde hace, aproximadamente, dos últimos siglos.

Las Comunas, por consiguiente, no tendrían que decretarse oficialmente desde arriba, como es la tendencia aceptada, sino todo contrario, siendo ellas generadas y adecuadas desde abajo, como consecuencia lógica de las luchas, las necesidades, la voluntad y las perspectivas entrevistas por las mismas comunidades de construir un mejor nivel de vida, restableciendo -de ser posible aún- la armonía resquebrajada con la naturaleza y diferenciándose suficientemente de la sociedad consumista actual. Adicionalmente, las Comunas -como expresión genuina y primaria del poder popular por constituirse- habrían de echar mano a los distintos mecanismos legales y extralegales que permitirían realizar los cambios políticos, económicos, sociales, espirituales y militares que conformarán, a su vez, una revolución cultural definitiva, en la cual los entes públicos tendrán necesaria y forzosamente que transformarse en función de los intereses colectivos de las amplias mayorías.

Sin estas características básicas, las Comunas carecerían de sentido revolucionario y no abrirían cauce alguno para cimentar sólidamente la revolución socialista que se anuncia. De esta manera, las Comunas podrían cumplir un papel todavía mejor del que se cree comúnmente, asumiendo éstas unas funciones políticas y de autogobierno que harían absolutamente obsoletas las estructuras que componen el Estado burgués tradicional, ya que éstas últimas resultan totalmente incompatibles con el ejercicio del poder popular. En esta dirección, los movimientos revolucionarios populares debieran dar un paso adelante, siendo audaces en la formulación teórica de nuevos esquemas civilizatorios y organizativos, sin el lastre de los convencionalismos, prejuicios y certidumbres inculcados por la ideología de los sectores dominantes. De esta forma, podrían aprehender y explicar la realidad cambiante y caótica de nuestros tiempos, donde el concepto, la vigencia y la efectividad del Estado-nación estarían siendo seriamente erosionados, con una escasa asertividad de parte de aquellos que pretenden su reajuste, sea cual sea la dirección escogida.

Sin embargo, existiría siempre el riesgo no descartado que las Comunas reproduzcan en su seno justamente los elementos burocrático-representativos que desviarían y desvirtuarían su carácter revolucionario, lo cual exigiría de sus promotores e integrantes una revisión constante, además de debates reiterativos, no exentos de polémicas, culpas y responsabilidades.-

mandingacaribe@yahoo.es


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Homar Garcés


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