Abya Yala

Usted no sabe qué significa Abya Yala, pero no sienta culpa, no sienta vergüenza, no sienta tristeza.

Es lógica nuestra legendaria ignorancia, pues los latinoamericanos conocemos el significado capitalista del Apple iPhone, pero desconocemos el significado socialista de la aburrida Abya Yala.

Nosotros descubrimos la desnudez de la naturaleza, aprendimos a vivir amando el milagro del cielo azulado, y pudimos correr libres por la belleza del Universo.

Sin miedo supimos madurar los frutos, sin dudas nos vitalizamos en los árboles, y sin delirios de grandeza nos engrandecimos.

En esos frondosos paisajes no habían límites de pensamiento, no habían piratas de granadina, y no habían pecados escondidos en los espejos del océano.

Fue tan inmenso el amor precoz de Abya Yala, que su piel desató la envidia en los ladrones foráneos, en los faraones cavernarios y en los reyes pelmazos.

Todos codiciaban arrebatarle su sonrisa, porque las monedas de oro valen más que mil fugaces palabras, y porque un mapa enrumbado brillantemente hacia lo desconocido, es más peligroso que una promesa de mil colores en el desierto.

En un abrir y cerrar de ojos, nuestra querida Abya Yala fue el blanco de las crueles cruces extranjeras, y una gran nube negra empezaba a pronosticar el destino fatal, que la inmaculada joya del trópico sufriría a capa y espada.

Toreros ardidos en el fuego de la muerte mercante, quisieron usurpar el sagrado territorio de la aromatizada Abya Yala, sin pedir permiso y sin recibir invitación.

Un infierno de sudados hombres en el armario, ridículamente disfrazados de maquiavélicos payasos, anclaron el garfio de la cobardía con sus fierros en altamar, y he aquí la letanía que no tiene precio de venta al consumidor.

Abya Yala se ilusionaba con el sorpresivo horizonte, pero a cambio de su silencio recibió una bienvenida llena de latigazos, saqueos, vejaciones, decapitaciones, masacres y lamentos.

Sin hospitales y con cadenas de hierro, sin cementerios y con islas de cadáveres, sin esperanza y confinados a la lluvia de gallegos.

Las noticias calificaron como exitosa la osadía marítima, pero capitán que alfabetiza con la violencia, termina siendo el peor analfabeto del barco.

Supuestamente los rufianes nos descubrieron y nos conquistaron, pero esos verdugos llenos de vicios mundanos y sedientos de corrupción, no respetaron el espíritu pacífico de la decadente Humanidad.

Confundida por la traición de octubre, Abya Yala intentó recuperar la verde selva con sus pies descalzos, resistiendo con coraje el demencial ataque de los cuernos del toro, pero mientras más se oponía a ceder la voluntad de sus arcas, mayor sería el castigo ejecutado por la monarquía ibérica.

No hubo justicia, no hubo piedad, no hubo compasión. No podemos imaginar el salvajismo cometido por la horda de bandoleros, que supuestamente civilizaron la rebeldía de Abya Yala con una lengua, con una iglesia y con una viruela.

Sin embargo, Abya Yala terminó siendo la ceniza del ruedo, el cardumen en la piedra del racismo, y el advenimiento de una mulata sociedad encorbatada.

No culpemos a la maldita corona española, no culpemos a un impetuoso navegante italiano, no culpemos a la bendita mala suerte.

Si no hubiera sido Colón, entonces habría sido Hitler, Villa o Smith. Hay un sentimiento megalómano en cualquier pobre diablo, que utiliza la opresión para someter la dignidad de los más inocentes.

Endiosados mosquitos que vomitaron plagas en el alma de Abya Yala, porque los cofres con perlas preciosas, revelaron la energía sexual de la semilla guna, y derrocharon la fertilidad de nuestra idiosincrasia.

Por eso la cultura aborigen de los indígenas revolucionarios, fue transformada en la cultura aborigen de los animales salvajes.

Animales que fueron colonizados, esclavizados y asesinados, para que el cristianismo europeo del viejo continente, justificara la ensangrentada y americanizada mano de Dios, en el genocidio causado dentro del evangelizado nuevo mundo.

El gran patrimonio ecológico de Abya Yala, fue pisoteado desde que el grito de la estrella atlántica, predijo enhorabuena la gloriosa llegada a tierra firme, y provocó una encarnizada lucha para barrer el poder del pueblo originario, que jamás doblegó su gran valentía en tiempos de abusivo mestizaje.

Violaron nuestros derechos, violaron nuestros cuerpos, violaron nuestras geografías, violaron nuestros sueños, violaron nuestros tesoros, violaron a nuestras familias, violaron nuestras creencias, violaron nuestras vidas.

Olvidarlo sería olvidarnos de nosotros mismos, y recordarlo ayuda a dignificar nuestra propia existencia.

Fuimos violados en el año de 1.492, y seguimos siendo violados en el siglo XXI.

Desde la comodidad de sus colegios, los niños latinoamericanos dibujan con alegría, dos traviesas carabelas y una santificada nao. La Pinta, La Niña y La Santa María. Pero en esos maravillosos barquitos de papel, que todavía resplandecen bajo la luz del sol, se escribió una terrible historia de dolor para nuestros pueblos originarios.

Los niños cantan canciones divertidas y alusivas al descubrimiento de América, los niños son premiados con caramelos por sus tres barquitos dibujados, y los niños son intelectualmente condenados al fracaso de la mediocridad.

Los profesores confían en la educación de los libros hollywoodenses, y siguen festejando con bombos y platillos el día de la raza, porque la resistencia indígena no puede resistir el conflicto moral con su sentido de pertenencia, dentro de una colectividad hispana que se olvidó por completo de la estirpe de sus ancestros, y que solamente piensa en visitar los mejores centros comerciales, construidos sobre los cimientos de aquella olvidada resistencia indígena.

En las calles latinoamericanas se sigue celebrando el día de la raza. Aunque a puerta cerrada, se aprueban leyes que promueven la tolerancia hacia los indígenas, en las calles latinoamericanas se sigue celebrando el día de la raza.

Una discriminada raza con sabor a canela, que se amarga en el polvoriento pergamino de la biblioteca, y que se endulza con las letras bolivarianas de los caciques venezolanos.

Como periodista de investigación, realicé un sondeo en la plaza Bolívar de la ciudad de Maracaibo (Venezuela), para evaluar el grado de identidad cultural que manifiestan los venezolanos.

Entrevisté a 500 personas que caminaban por esa popular plaza, y a todos los entrevistados les hice un par de preguntas.

Primera pregunta:

¿Usted sabe qué significa Abya Yala?

Segunda pregunta:

¿Usted sabe qué significa Apple iPhone?

Nadie respondió correctamente a la primera pregunta. Los entrevistados dijeron desconocer el significado de Abya Yala, y se quedaron callados.

Todos respondieron correctamente a la segunda pregunta. Los entrevistados dijeron conocer el significado de Apple iPhone, y reconocieron que era el mejor teléfono celular del mercado, por su sofisticada tecnología y su diseño elegante.

El resultado de mi consulta pública, demostró que 0 personas conocen Abya Yala, y demostró que 500 personas conocen Apple iPhone.

Por eso se vislumbra imposible reconciliar el pasado con el presente, porque el futuro de Abya Yala luce tan violento como las inescrupulosas deforestaciones, que nuestros corazones sufren por la sequía del bosque amazónico.

Anualmente desaparecen dialectos, tradiciones, expresiones artísticas y costumbres, que representan la herencia cultural de los pueblos indígenas. No obstante, anualmente aparecen tabletas digitales, videoconsolas, automóviles y computadoras, que representan la ruina cultural para nuestra sociedad moderna.

Una sociedad moderna que puede vivir sin la Abya Yala, porque nació ciega y sordomuda para defender su majestuosa soberanía.

Desde las rocas de Canadá y hasta el suelo de Argentina, existen cicatrices afrodescendientes que no pueden borrarse con las manchas del petróleo, y debemos ser conscientes de la inminente extinción de los pueblos originarios.

Los indígenas latinoamericanos son humillados, porque no tienen plata para comprar una hamburguesa de McDonald's.

Los indígenas latinoamericanos son humillados, porque no celebran la locura de un gol en el Mundial de Fútbol.

Los indígenas latinoamericanos son humillados, porque no saben eructar los gases de una refrescante Coca-Cola.

Los indígenas latinoamericanos son humillados, porque no tienen un millón de seguidores en sus perfiles de Facebook.

Los indígenas latinoamericanos son humillados, porque no doblan sus rodillas en Génova, y porque sus rodillas no se doblan en Valladolid.

Los indígenas latinoamericanos son humillados, porque no vieron en el cine la nueva película del Capitán América.

Atrévase a romper los huesos de las calaveras, y dígame cómo humilla a los indígenas latinoamericanos. Quizás lo haga con la indiferencia, tal vez lo haga con un chiste sucio, o probablemente lo haga con la expatriación.

Siempre hay un motivo que justifica el proceso de Transculturación, visto como el desapego a nuestra cultura autóctona, y el apego a culturas extranjeras que adoptamos dentro de nuestro modo de vida.

Sin darnos cuenta, preferimos viajar por tercera vez a Disneylandia, antes que viajar por primera vez a Roraima.

Más temprano que tarde desaparecerá la cultura indígena latinoamericana, y no habrá proceso de aislamiento que salve a los pueblos originarios, porque las motosierras de los aserraderos necesitarán más y más madera, para fornicar las cuatro lujosas paredes de la gigantesca discoteca.

Abya Yala superó la prosa de las bestias de castilla. La pluma del buen alumno superó la rabieta del mal maestro, y la independencia libertó la cruzada de la religión.

El cristianismo no se impone con la fuerza brutal de la corona española, que cometió un trágico etnocidio de proporciones bíblicas en América, para apoderarse ilegalmente de todas las riquezas pertenecientes a los aborígenes.

Los tomates se deben cultivar sin egoísmo, para alimentar la esperanza de los hermanos más hambrientos de la Tierra. Los tomates no se deben cultivar con egoísmo, para jugar con la comida de los hambrientos en el festival de la Tomatina.

El cristianismo es una libre elección que se ofrece con amor, con devoción y con perdón. Los latinoamericanos perdonamos el etnocidio cometido por la corona española, porque realmente comprendimos el significado del amor de Dios, y será su tribunal divino el que ajusticie los pecados de nuestro Mundo.

No me busques en las páginas del diccionario, porque no encontrarás la razón de mi testimonio. Abya Yala cambió su sabiduría para siempre, porque la impunidad se olfateaba desde la madrugada.

Huele distinta, camina distinta, llora distinta. Las fantasmagóricas lágrimas de Abya Yala, se prostituyeron en una guerra de espinas, donde la tiranía política de los adinerados desgraciados, sigue vaticinando valles de maleza industrializada.

Pero todos aprendimos una valiosa lección. La evolución se consigue respetando a los animales. La involución se consigue festejando la tauromaquia.

Usted dice ser un hombre cristiano que ama al prójimo, pero no entiende el significado de Jesucristo, no entiende el significado de la Pachamama, y no entiende el significado de la Abya Yala.

Mejor compra el nuevo Apple iPhone en el corte inglés, y que seas muy feliz hasta la sumisa eternidad.



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso. Egresado de la Universidad del Zulia en Venezuela.

 carlosfermin123@hotmail.com

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