El peso de la derrota

Varios factores afectan muy negativamente a la oposición política al presidente Chávez. En estos momentos, el primero y más importante de todos ellos es el relativo al peso de la derrota sufrida en el período 2002-2003, cuando utilizaron todas sus fuerzas en diferentes formas de lucha de calle, que se hicieron más fuertes e insistentes alrededor del golpe de Estado de abril de 2002 y durante el paro general y sabotaje petrolero de finales de 2002 y comienzos de 2003. A pesar de la fortaleza exhibida, de la incorporación multitudinaria de personas, de su persistencia casi obsesiva, no pudieron derrocar al gobierno constitucional bolivariano y tuvieron que abandonar los espacios de lucha hasta ese momento ocupados.

Más adelante, como consecuencia de estas dos grandes derrotas iniciales, fracasos de un claro carácter estratégico, pierden claramente el referéndum revocatorio presidencial y poco después el Presidente se reelige con más de 7 millones de votos, sellando definitivamente la derrota de la oposición y completando un ciclo político de gran movilidad y permanentes luchas. Esta derrota de la oposición tiene su explicación en los aciertos de su adversario: El Gobierno Nacional y en los graves errores de conducción de las fuerzas opositoras, que pecaron de inmediatistas pensando que tenían las suficientes fuerzas para derrocar al Presidente de la República, único objetivo de las luchas realizadas, las cuales nunca se plantearon objetivos diferentes a ser alcanzados en distintos plazos: Corto, mediano y largo.

Apostaron todas sus cartas al todo o nada, por lo que al perder se encontraron en una situación miserable, que no terminó de hundirlos y hacerlos desaparecer de la escena política debido a los errores cometidos con posterioridad por el Gobierno, que sirvieron para darles cierta cantidad de oxígeno, a partir fundamentalmente de la autoderrota que el Gobierno se inflingió en el referéndum modificatorio de la Constitución. Le ocurre a la oposición lo mismo que le ocurrió a la izquierda venezolana luego de la derrota de la insurgencia armada, que la mantuvo sin posibilidades de incidir en forma importante en los acontecimientos políticos venezolanos hasta la ocurrencia de la explosión social del 27 de febrero de 1989.

Hoy, las movilizaciones opositoras de calle son muy poco concurridas; nada que ver con las grandes manifestaciones multitudinarias de 2002 y 2003. Se ha perdido una capacidad de convocatoria que se llegó a tener en grado máximo en un momento dado. Ni siquiera las manifestaciones estudiantiles antigubernamentales, muy aplaudidas y estimuladas por los medios de comunicación privados, llegaron a incorporar un importante número de manifestantes, como para ser tomadas en cuenta por el Gobierno. Se trata de actos de asistencia escuálida, lo que nos retrotrae al origen del término utilizado por el Presidente para bautizarlos.


lft3003@yahoo.com


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Luis Fuenmayor Toro


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