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Economistas de oposición propagan la tesis de la crisis económica

Los “economistas” de la oposición propagan la tesis de la inminente crisis de la economía venezolana, señalando como indicadores la presencia de una inflación creciente y un desabastecimiento general, especialmente en los rubros alimenticios. Pero no aclaran el estado de depresión en el cual se encuentra la economía globalizada, particularmente el de la Unión Europea y el suramericano, originada por la quiebra de la usamericana. Hecho al cual se le ha sumado el incremento de los costos de los alimentos en el mercado internacional, entre otras causas, por la creciente demanda originada en las economías emergentes de Asia. Obviamente, estas graves alteraciones del mercado mundializado tienen una incidencia en la conducta del nuestro, aun cuando su efecto no es determinante. Ciertamente, sobre todo, el alza de los precios en los alimentos influye en nuestra inflación, pero posiblemente tiene más peso en su repunte el crecimiento de la demanda interna como consecuencia del incremento de la capacidad adquisitiva de los sectores no privilegiados de la sociedad. Esto sin contar la escasez artificial generada por el acaparamiento y el contrabando de extracción, con la especulación aparejada, que refuerza aun más la presión inflacionaria. Sin embargo, aparte de la molestia ocasionada por la falta de productos esenciales en nuestra dieta, con indiscutible efecto político, este fenómeno no afecta el ritmo ascendente de los indicadores que muestran los niveles de la calidad de vida de los venezolanos.

Esa situación favorecida de la economía venezolana, casi sin dudas es el resultado, no sólo del alza de los precios del petróleo, sino de la independencia económica adquirida como resultado de una política eficaz. Una conducta que frenó la descapitalización del país ocasionada principalmente por los altos gravámenes de la deuda pública, la presencia especulativa de los “capitales golondrina”, y la fuga de capitales. Y aunque la distribución interna de los excedentes sigue siendo marcadamente desigual, el incremento de los salarios por encima de los niveles de inflación, y la ampliación de los espacios públicos en el área de los servicios (educación, salud, transporte, etc.), explican el ascenso acelerado en el nivel de vida colectivo, conjuntamente con un crecimiento exponencial de las expectativas, que traducidas en presiones sociales, aumentan las posibilidades de realización del proyecto socialista.

Así los agoreros pronósticos de los “economistas”, cuya capacidad prospectiva es equivalente a la de los metereologos, están más destinadas a atemorizar que a prevenir catástrofes. Y sí ese terrorismo psicológico tiene un efecto político, este se manifestará más en la pequeña burguesía, que aun cuando hasta hoy es la más beneficiada por la bonanza económica, constituye el grueso de la fuerza conservadora.


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Alberto Müller Rojas


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