Toque de pimienta

El silencio en tiempos de golpe

Algunos revolucionarios quieren hacer un alto en el camino y dedicarse a la reflexión para calibrar los errores y hacer propósitos de enmienda.

Los motivos son loables. Hay que actuar con serenidad ante los altibajos de la vida. Ubicarse en la cima de la montaña, contemplar el paisaje y fijar el mejor rumbo para llegar al objetivo.

Lo único malo es que los contrarrevolucionarios no hacen lo mismo y mientras unos se contemplan el ombligo, otros cumplen el cronograma del golpe de Estado cuya ejecución comenzó antes del 2-D.
Esa montaña que se pretende escalar para admirar el paisaje es un volcán en plena ebullición, cuyo estallido puede ocurrir en cualquier momento.

Tras la derrota de los sectores socialistas, pues lo que ocurrió fue una derrota, por más que se la quiera disfrazar como victoria estratégica, lección necesaria o cualquier otra idiotez similar; tras la derrota, decimos, sentarse a cavilar resulta, cuando menos una forma de alentar al adversario.

En este preciso momento los interesados en salir de Chávez a costa de lo que sea se encuentran ejecutando el siguiente paso de la agenda que consiste en convencer a los más ilusos que el resultado del referendo constitucional es el principio del fin para la revolución bolivariana.

Ante esos sectores no hay otra alternativa que multiplicar los mensajes de alerta para el pueblo chavista. Anunciar a los cuatro vientos que quieren repetir el escenario del diciembre de 2001, cuando iniciaron la escalada que culminó en el golpe de abril y siguió hasta convertirse en huelga insurreccional y paro petrolero.

Invitar a comerse las hallacas en paz es una táctica para distraer a los más crédulos. Mientras claman por la reconciliación señalan a Chávez como responsable del maletín repleto de dólares, acusan al gobierno venezolano de estar en connivencia con las FARC y tener a Ingrid Betancourt en territorio criollo, refutan la elección del Poder Moral calificándola de nula y continúan el descrédito contra las instituciones gubernamentales.

Silenciar las voces de alerta resulta absurdo y constituye una forma de complicidad. En Margarita la revolución está muda o poco menos.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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