Mi palabra

¿Cuándo habla chiste malo Guaidó?

¡Me da igual lo que hablen de mí!

Total, soy peor de lo que dicen

Guaidó

Se cumplen 14 años de haber intervenido el Comandante Chávez, en la sexagésima primera Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) levantando una verdadera tormenta, al expresar, después de hacer la señal de la cruz ¡Ayer el diablo estuvo aquí ¡Huele a azufre todavía! en alusión a George W. Bush, el causante directo de varias invasiones, dejando destrucción, muertes y los horrores de la guerra, plasmados por el destacado pintor Pablo Picasso, en su cuadro el "Guernica" muchos años atrás.

Ahora, se presenta el caso Guaidó, queriendo presentar un gazapo haciendo el papel del verdadero usurpador, al anunciarse por adelantado, como el orador por Venezuela en la actual edición de la asamblea de la ONU. Los jodedores, lo buscaron en el supuesto número de anotados, y no aparece, ni siquiera en el personal para atender a los invitados; tomando la ocurrencia de este personaje un motivo para gozar, hasta etiquetarlo, como chiste malo Guaidó.

A las pocas horas, se presentó el lógico representante de Venezuela; el propio, como –dicen– los actores de la nueva generación: Nicolás Maduro Moros, quien de moro no tiene nada, para despecho, frustración y seguir haciendo el ridículo el peluchito de Trump, para terminar nuevamente haciendo el papel de hazmerreír de un sector importante de la población, y del otro lado, la arrechera va en aumento por haber causado tantas calamidades al lado del llamativo Elliot Abrams, tan macabro, como el rostro que presenta, cargando el veneno para aplicar el tratamiento necesario para hacer sufrir a la gente, buscando un levantamiento del pueblo contra el Presidente Maduro.

Nadie duda que el calamitoso Guaidó, se haya anotado en una lista, la que mucha gente sabe, lo intuye, de la que no lo salva, ni el "todopoderoso" de Donald Trump, quien tiene los días contados en la casa de inquilinato de Washington, y no precisamente por mala paga. Lo único que no sabemos, es el sitio de reclusión, y para suerte de él; la nueva política del gobierno bolivariano para tratar de humanizar las cárceles, ahora, no son presos, sino privados de libertad, pero este Guaidó, se le pueden aplicar todos los calificativos posibles, porque en su caparazón, lo único que cabe, es el de un vulgar preso, capaz de venderle el alma al diablo por un puñado de dólares.



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Narciso Torrealba


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