"El arado y el mar"

La rata de Allup arremete contra Ramírez, un pilar de la dignidad chavista

Dijo un clásico: “que la mezquindad de la inmediatez no nuble la visión de las estrellas”. Eso, lamentablemente, está ocurriendo en la Revolución traicionada. El canibalismo, la mezquindad engulle a la dignidad, se va perdiendo el sentido de lo grande, todo se sacrifica en el altar de lo táctico. Lo que ayer fue “tomar al cielo por asalto” hoy se transforma en un reptar sobre las miasmas de la mediocridad, espasmos oportunistas maquillados de coloretes que a nadie engañan.

En medio de este paisaje cloacal, los ejemplos de dignidad atormentan por igual a los dos bandos en pugna. Unos entregan a sus mejores hombres, le temen a la sombra de los Samanes; otros arremeten contra los pilares que sostienen el sueño que los desvela: el pueblo rebelde reclamando sus derechos.

Rafael Ramírez Carreño, luchador forjado en las calles de la cuarta, sin capucha frente a la represión, dando la cara por sus ideales que heredó de sus padres y sus tíos que fueron muchos, líder de sus amigos, toda su vida ha luchado por un mundo diferente al capitalismo. La leche materna lo nutrió de la rebeldía que venía de las montañas trujillanas y de los mares neoespartanos. Desde pequeño militó donde no había más privilegio que el deber cumplido con la Patria, y la cárcel y el peligro eran condecoraciones que se portaban con orgullo en el corazón puro.

Con Chávez encontró su Revolución, allí desplegó su esencia de líder y luchador, se entregó desde antes del 4 y después no regateó su solidaridad, peleó firme en el golpe, condujo con entereza al lado del Comandante la recuperación de la industria petrolera. Años, muchos años, al lado del Comandante le tatuaron la disciplina en la frente, la lealtad en el corazón y la humildad en su conducta.

Asesinado el Comandante, el trauma lo llevó a cobijarse en la disciplina, apoyó al gobierno sucesor, y cuando la mezquindad afloró en las conductas, soportó con estoicismo andino las zancadillas de los mediocres. Al final, terminó en el norte frío que siempre despreció, es un castigo doble, lejos de su Patria sufriente y en manos del horror.

Es allí que la infamia va a buscarlo, es que la dignidad irradia hasta debajo de las piedras; allup insinúa traición, lo rebaja a los pantanos de la politiquería, del abandono de los valores maternos. Es una maniobra vil de la derecha, que se aprovecha de un hombre que creen desprotegido, sin amigos, sin militantes. Se equivocan, más allá de la mezquindad de quienes debían defenderlo, Ramírez tiene amigos, épica, historia que dan un paso al frente por él.

La derecha, como parte fundamental de su ataque al Chavismo, necesita crearle a los chavistas una imagen de corruptos, desleales, capaces de cualquier traición por unos cuantos denarios; allí se inscribe el ataque a Ramírez, un pilar de rectitud, de dignidad. Intenta allup embarrarlo con los excrementos de sus laboratorios de manipulación, pero se estrella contra un muro forjado en años de combate contra lo que allup representa: la infamia.

Nosotros estamos con Rafael Ramírez. En estos tiempos donde nadie mete la mano por nadie, nosotros nos damos enteros y sin condiciones en defensa del Flaco Ramírez, y cuando decimos nosotros estamos hablando a nombre de miles de obreros, de miles de combatientes revolucionarios que no tememos aparecer junto al que ahora no quieren nombrar ni defender.

Los ataques de las ratas no mancharán la dignidad chavista.



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Toby Valderrama y Antonio Aponte

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