La ley de Anís tía

Mas que malvada, la tía  Malinche es perversa, maligna, siniestra, malévola, maliciosa y retorcida la muergana; quien no siente remordimiento alguno por sus actos depravados  que van dejando una estela de terror y muerte a  lo largo de las calles, avenidas  y caminos de esta patria, cuyo único pecado es querer ser libre y soberana.  A cada rato, esa cohorte de  degenerados, liderados por la “tía” van anunciando la voz de las campanas para anunciar su misa de terror y tercamente se empeñan en destruir  los destinos de un pueblo, que resiste contra los vientos huracanados que pretenden derrumbarlo.

         Recordando a Miguel Otero Silva en sus “casas muertas”, ni las sombras borrarán el color de las flores  ni el perfil de las masas, cuyas raíces son las que sustentan esta patria y esta revolución.  No intenten buscar la revolución entre las ruinas de las casas muertas, sino búscala allí  en las casas vivas de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) donde palpita la mirada intensa del comandante Chávez.

          Precisamente, ante la verdad de una verdad, a la Malinche casi se paraliza el corazón, el rostro se le volvió pálido; en tanto al monstruo de rama verde  los ojos se le pusieron puyúos,  al abuelo le dio por vestirse de “Superman” y al otro le dio por creerse el “pollito pio”.  En medio de esa nostalgia fue que acordaron planificar la folklórica “salida”, cuyas principales acciones fueron: Instigar a la desobediencia de las leyes, instigar al odio,  apología del delito, instigar a delinquir, causar lesiones personales a todo tipo de personas (niños, niñas, mujeres, hombre y ancianos), violencia y resistencia a la autoridad,   causar pánico y zozobra en la colectividad, agavillamiento, obstaculización de la vía pública  con cualquier tipo de objeto, dañar los sistemas de transporte y servicios públicos e informáticos o de comunicación, destrucción de caminos y obras, daños a la propiedad pública, asociarse para delinquir, fabricar e importar artefactos explosivos e incendiarios, perturbar la tranquilidad pública, ultrajar y violar a los funcionarios públicos, usar a menores  en la comisión de algunos delitos, incendiar universidad, preescolar y cualquier otra institución, traicionar a la patria, rebelión, insubordinarse, instigación a la rebelión militar, falsa alarma, ultraje al centinela, revelación de secretos militares, uso de uniformes militares, encubrimiento, uso de armas de fuego, dañar las instalaciones eléctricas, terrorismo, tráfico de drogas, fraude, estafa, usura, delitos de corrupción, guayas y otras cosas más que forman parte del delito sumarial.

          Triste decirlo, pero mientras preparaban todo esto, entre drogas y tragos, algunos jóvenes le decían: anís tía. Y por supuesto, con la debida atención de “guarimbera mayor”, la tía, muy atenta ella, les complacía en todos sus caprichos, con algunas ramitas que, precisamente, no eran de moringa.  

         Como las piedras de un fogón encendido, los guarimberos desataron las llamas y las balas, momentos después cuando el “pollito pío” les exhortó a que descargaran “toda su arrechera”. De inmediato brotaba la sangre de cuarenta y tres seres humanos, venezolanos, víctimas inocentes, asesinadas por quienes pretenden hoy ser liberados por la ley de “anís tía”. Los piqueteros, grupo de encuentro, nos aponemos  rotundamente a esa ley.



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Eduardo Marapacuto


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