"Culebras" sifrinas

Leer crónicas, ver videos y oír testimonios de compatriotas opositores quejándose de las protestas de otros opositores resulta a veces dramático y otras veces gracioso. Además, podría servir para un interesante estudio etnográfico, titulado Apuntes para la antropología de la clase media (loca).

El guarimbismo tuvo al principio eso que llaman "apoyo irrestricto de la sociedad civil". Pero luego de unos días la modalidad de bochinche inventada por "el hermano de María Conchita" empezó a caer pesada y luego se ha tornado decididamente insoportable.

No es para extrañarse porque consiste en bloquearse a sí mismo, encerrarse en su propia urbanización a respirar humos de sus propios desechos y a atormentarse con cacerolazos endógenos.

¿Por qué la gente acomodada apoyó semejante necedad?, sería una primera pregunta para la aproximación etnográfica. Una hipótesis es que creyeron (nuevamente) que así vendría el derrocamiento fast track de la Revolución. Valía la pena, pues.

Pero no duró mucho la paciencia de los habitantes no pirómanos de las urbanizaciones de Caracas, y otras ciudades. Y por eso hace ya rato que comenzaron los impases y las "culebras" (¡uf, qué marginal!) entre vecinos por este asunto de poner barricadas, quitar alcantarillas e incendiar la basura dizque para fastidiar a Maduro, aun a sabiendas de que en esa calle nunca han vivido autobuseros.

Un video que anda por ahí muestra a una chica que quita los obstáculos y otra que vuelve a ponerlos. El diálogo (más bien, el atajaperro) está lleno de prejuicios raciales y sociales. Lo que dice la mujer que guarimbea no es apto para todo público, pero incluso la dama que quiere desbloquear la calle deja ver los profundos complejos de este estrato social, pues cuando trata de evitar que la confundan con una partidaria del gobierno, alega que ella no es ninguna bruta, que es una persona con estudios, "soy odontóloga", proclama.

Otra pieza digna de ser fuente en el estudio antropológico es el relato de la escritora y periodista Milagros Socorro de la situación que vivieron ella y Betsimar Díaz, hija del recién fallecido artista Simón Díaz, enfrentadas a una caterva de desquiciados que las llamaban "perras", entre quienes pudieron reconocer a varios de sus vecinos.

Otros colegas periodistas sufren de una manera peculiarmente hiriente este drama de la clase media loca. Algunos pasan una ordalía para salir de sus residencias en el Este o Sureste de Caracas y cuando llegan a los medios donde trabajan se ven obligados a escribir bonito sobre la forma de lucha de los pequeños nerones y deben ocultar las "culebras" sifrinas que saltan por doquier. En la línea editorial se encuentran con la mamá de las guarimbas.


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Clodovaldo Hernández


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