Ser de la oposición

Ser de la oposición es un acto masoquista. Es pactar con la rabia permanente hacia los pobres. Es practicar el racismo en mente, acción y espíritu. Es alejarse de Jesucristo que dijo “amarás a tus enemigos“ y “darás al que pida“.

Ser de la oposición es “fashion“ o súper agradable en los ámbitos comerciales o empresariales porque el socialismo o apoyar el desarrollo social verdadero de las grandes mayorías es algo chusma, decadente o de flojos.

Ser de la oposición es querer que EEUU nos invada, que el país se siembre de atentados, que el petróleo vuelva a ser de las empresas transnacionales que antes se lo llevaban todo. Es querer que los puentes se caigan, que el teleférico de Mérida no funcione, que el Metro de Caracas colapse, que el ferrocarril nunca se termine de hacer, que Transbarca no sirva.

Ser de la oposición es odiar las “canaimitas“ y los CDI y los libros de texto gratuitos en escuelas y liceos. Es querer que Rubén Limardo nunca se hubiese ganado esa medalla de oro olímpica, que Pastor Maldonado siempre pierda, que la Miss Universo esa que ganó ahorita no hubiese sido venezolana, que no haya una navidad en paz, que los “pata en el suelo“ no tengan su casita bien bonita, decente y equipada.

Ser de la oposición es contemplar con envidia, tristeza y desprecio el caminar tranquilo y feliz de la gente por los espacios públicos, parques y paseos rescatados por el Gobierno Bolivariano en todo el país.

Ser de la oposición es detestar a la vecina porque obtuvo su licenciatura en enfermería en la UNEFA y al vecino porque pudo comprarse su carrito “turpial“.

Ser de la oposición es explotar a alguien en una tienda de ropa o de zapatos o en una estación de gasolina, o en una casa de familia, en una panaderia, en una universidad privada, etc., y decir luego que es el Gobierno Bolivariano el que embroma a los pobres, el que paga mal a sus trabajadores, el que comete las injusticias.

Ser de la oposición es asumir una concepción del mundo y de la vida que abriga cosas terribles en el alma y en el cuerpo, generando enfermedades, dolores e insatisfacciones que luego se achacan a elementos externos.

Por eso ha sido tan difícil, es tan difícil, ser de la oposición venezolana. Por eso es tan difícil que, pese a los recursos, el tiempo y las malas energías que invierten los de la oposición para “oposicionar“ a nuestro pueblo, logren sus nefastos objetivos.

No volverán. Por malucos, racistas y egoístas no volverán.

Ser de la oposición es malo. Es anti cristiano.

Chávez nos abrió los ojos.

Sigamos adelante con nuestros errores y nuestros aciertos porque es preferible seguir empujando colectiva y amorosamente hacia el socialismo, con todo y nuestras limitaciones, que entregarle nuestro país a esa triste oposición que tanto daño se hace a si misma y que quiere hacerle mucho mas daño a los demás.

Viva nuestra revolución bolivariana, amiga, solidaria, humana, cristiana y socialista.

rafa_ven21@yahoo.es


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Rafael Rodriguez Vergara


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