El caradurismo de la oposición

No es que su cara sea tan dura como una roca del precámbrico. No, muy por el contrario, es blanda, frágil, de una gran debilidad, no puede rosar un pétalo de rosa por que se irrita, le da alergia. Cuando ven a Chávez, se le enrojece el rostro; cuando oyen a Nicolás, zapatean. Ambos los sacan de sus casillas, lo cual ocurre sin que ninguno de los dos se lo haya propuesto, mucho menos pensar que hayan urdido un plan para desestabilizar la tranquilidad de tan “pequeños angelitos”. Tales cosas se producen porque, en política, hay que pensar con el cerebro y la oposición, por lo menos sus principales dirigentes, ponen a funcionar su aparato digestivo a un ritmo intenso y acelerado lo cual determina que su vesícula segregue demasiada bilis, la cual constituye el catalizador fundamental en su proceder: que amarga es la hiel.

Y no lo digo yo, por mi condición de militante del Chavismo, que hago mía la consigna: “Yo soy Chávez”, aunque reconozca que en este difícil camino de construir un nuevo proyecto de nación hayamos cometido errores. Pero, los dirigentes de la oposición, a lo largo de estos trece años de proceso revolucionario, no terminan de entender lo que ha ocurrido en el país. Siguen concibiendo la política y analizando la gestión del Gobierno a partir de los mismos conceptos del pasado. “No hay peor ciego, que el que no quiere ver”. El enseguecimiento político conduce a una pérdida total de la capacidad de reflexión, sesga el análisis, coarta la sindéresis, elementos que deben guiar la acción de quienes dicen ser dirigentes. Conducta ésta que le ha impedido evaluar, políticamente, sus errores. El primero de ellos, su error originario, se produjo en el año 1999, cuando ante la convocatoria de la Corte Suprema de Justicia de la Asamblea Nacional Constituyente, afirmaron la impertinencia de la misma. Los resultados fueron 131 diputados para el Gobierno, seis diputados para la oposición. Derrota que impidió sabotearan el proceso de discusión y aprobación del nuevo texto constitucional, no pudieron impedir que en ella se plasmaran los novedosos principios político constitucionales, que llevaron a destacados constitucionalistas de diversas latitudes a considerarla como una de las mejores del mundo. La Constitución Bolivariana, aprobada abrumadoramente por el pueblo venezolano, mediante referéndum consultivo, fue promulgada sin mayores contratiempos, con lo cual se dio inicio al proceso de transformación de la formación social venezolana. Las sucesivas derrotas electorales, la del golpe de estado de abril del 2002, la del paro petrolero del 2002-2003, la del retiro de las elecciones parlamentarias del 2005, entre muchas otras, han determinado el rumbo seguido por la oposición durante estos trece años.

Allí comienza su caradurismo. Con el mayor descaro y sin la menor vergüenza, hacen afirmaciones que ni ellos mismos se creen, lo cual los ha vuelto mitómanos. Hablan de unidad, pero están hechos añicos, no logran entender que ésta no puede darse a partir de acuerdos burocráticos, intentan revivir el pactismo a la vieja usanza del puntofijismo sin darse cuenta que la situación política de nuestro país es muy distinta a la de aquel entonces y, por si fuera poco, no quieren entender que en el seno de la MUD, ninguno, absolutamente ninguno de sus dirigentes “calza los zapatos” de Betancourt, Caldera o Villalba. Dicen oponerse al ajuste del precio del dólar decretado por el gobierno, pero FEDECAMARAS -su principal mentor- apoya la medida y dice que el mismo sigue siendo bajo. Llegaron al absurdo, ante la renuncia del Papa Benedicto XVI con la intención de sacar provecho político, de decir que ello era un ejemplo a seguir, sin conocer las razones que lo condujeron a dimitir, y estas por lo informado no eran nada santas. Han llegado al extremo de desmeritar la obra libertadora del Padre de la Patria, Simón Bolívar, han pretendido matarlo, no han logrado entender que, como bien lo dijo Mario Briceño Iragorri: “Para nosotros Bolívar no figura en la lista de los `fieles difuntos`. Bolívar no es un difunto. Bolívar es el héroe permanente y ubicuo…Debemos tenerle cerca para escuchar sus admoniciones y enseñanzas y así medir nuestro deber de hoy en el campo de la dignidad humana”.

Cuanta falta hace una oposición seria, el gobierno la necesita.

npinedaprada@gmail.com


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Nelson Pineda Prada


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