Contrarréplica a Ernesto Villegas

La evolución del proceso bolivariano, conflictos, enseñanzas y dudas. Contrarréplica a Ernesto Villegas

¿Usted cree don Ernesto Villegas que sería ético el que yo hoy me pusiera a sacar artículos suyos de los años 1997-2000, sobre el Chávez de entonces para colocarlos como representativos del debate de esta hora y de estas circunstancias? ¿Artículos por demás extraídos del diario de Luis Teófilo Núñez y Andrés Mata quienes mantenían y mantienen la norma que para publicar en sus páginas no se puede tener una posición firmemente de izquierda? Usted eso lo tiene clarísimo, señor. Ese, el diario por excelencia de Sofía Imber, Carlos Rangel, Oswaldo Álvarez Paz, Marta Colomina, José Rodríguez Iturbe, Roberto Giusti, Nelson Bocaranda Sardi, Asdrúbal Aguiar, del hoy Cabeza e’ Corcho Agustín Blanco Múñoz, del finado Alberto Garrido, … Yo nunca, por ejemplo, en lo más mínimo me hubiese podido medio entender con Andrés Mata, (¡y sólo digo medio entender!) y usted debe saber a lo que me refiero. ¿Qué tal, don Ernesto, si hoy nos pusiéramos a hurgar en los archivos de “El Universal” de entonces y los colocásemos en las páginas de Aporrea? Pero dejemos de lado este asunto y vayamos al meollo mi posición ideológica en cuanto a lo que aquí hoy, en el terreno político, debe colocarse sobre el tapete: El proyecto de Chávez en la campaña de 1998, se presentó como una gran esperanza de cambio, aún cuando no se perfilaba objetivamente como de izquierda. Una candidatura que para muchos desesperados, frustrados y estafados de los cuarenta años del puntofijismo resultaba la verdadera salida frente un Salas Römer. Nadie en 1998, podía decir entonces que Chávez iba a terminar declarándose socialista, y la verdad fue que millones de venezolanos de aquella época que pronto se iban a declarar lacayos y vende-patria, salieron a darle el voto. Tampoco nadie en 1958 pensaba que Fidel Castro terminaría por hacerse comunista. En 1812, Bolívar aparecía como un valiente soldado de la elite que no conocía en nada el fondo terrible de la miseria que anidaba en la esclavitud, en las inmensas desigualdades sociales de nuestra población. Su posición y visión políticas tendrán un giro de 180 grados en 1814, cuando Boves lo derrota con sus huestes compuestas de indios, de negros y mulatos. Comprende entonces Bolívar que será con ellos con los que tendrá amasar su larga guerra, que será con ellos con los que tendrá que hacer la república, y este hito marcará desde entonces su gran diferencia con Mariño, con Páez, con Santander.

En 1999, yo sentí que Chávez podía perder el rumbo de la independencia que desesperadamente reclamaba la patria, cercado como estaba por figuras horriblemente mafiosas como lo eran, por ejemplo, toda la banda que dirigía Luis Miquilena (que a la postre fue la que se impuso en todos los Estados y en muchos ministerios); gente horriblemente traicionera y confundida como Luis Alfonzo Dávila, Alejandro Armas, Ángela Zago, Alfredo Peña, Hermann Escarrá, Pablo Medina, Ernesto Alvarenga, David de Lima Salas, Antonio Di Giampaolo Bottini, William Ojeda y Yoel Acosta Chirinos (todos diputados a la Constituyente), entre muchos otros. Toda esa banda es la que aún bajo diferentes formas controla al PSUV en muchos Estados, y quizá cueste medio siglo para deslastrarse, por el sistema partidista, tipo la IV, que se ha utilizado para ganar elecciones y para respetar las denominadas normas de la democracia capitalista.

Miquilena echó del partido al senador William Izarra por radical, y yo me uní a él en una campaña por la Constituyente y recorrimos juntos centenares de kilómetros haciendo foros y debates, con nuestras ideas revolucionarias de izquierda y antiimperialistas. William escribió un libro sobre su lucha política dentro y fuera de las FF AA, me pidió que le hiciera el prólogo, siempre en busca de un destino claro entre tantas indeterminaciones de nuestros líderes. 

Posteriormente, cuando William Izarra, en aquellos avatares y días aciagos, él se decide por la candidatura (de los Comandantes) de Francisco Arias Cárdenas, yo me aparto de su rumbo y me coloco del lado de Chávez. Con todo, flotaba todavía en el ambiente una enorme versatilidad política, una indefinición e incluso una retirada frente al descomunal empuje que iba adquiriendo la derecha. Pero a partir del 2000, para mí quedó claro que con todas las deficiencias del proceso en aquel momento no había que vacilar. Emprendí frontalmente una lucha contra los jeques ideológicos de la ultra-derecha como Jorge Olavarría y Allan Brewer Carias (quien en esa época intentó una demanda en mi contra), y la emprendí al lado de hombres como Giandomenico Puliti (con quien ese año escribí OBISPOS O DEMONIOS a quien luego asesinaron unos sicarios). Mire, don Ernesto, es millones de veces más terrible luchar solo y sin partido, y sólo por lo que te dicta tu conciencia, que disparar tras las fortificaciones de un partido político, y eso es lo que yo he hecho toda la vida. Y por eso mismo pude atacar ferozmente a Miquilena cuando aquí todo el chavismo lo idolatraba. Por eso mismo pude desenmascarar a Luis Velázquez Alvaray cuando casi todo el chavismo lo acataba y respetaba y lo mismo hice en casos como los de Baduel, el ex ministro Arnoldo Márquez, Ismael García, Fernando Báez,… Había gente que cuando yo atacaba a estos personajes me catalogaban de anti-chavista y de enemigo del proceso, y me preguntaban “¿Pero coño, Sant Roz vas a seguir con esa vaina cuando es el mismo Presidente quien los ha colocado en esos puestos?”. ¡YO NO TENGO NADA QUE VER CON ESO, Y SÓLO SIGO LA VOZ Y EL OLFATO DE MI CONCIENCIA!

Se da usted cuenta, don Ernesto, la lucha solitaria que me ha tocado en la que muy fácilmente se pueden levantar expedientes de todo tipo y colores.

Deberían ocuparse de buscar mis artículos proféticos de aquella época.

Realmente fue a partir del 13 de abril de 2002, cuando el grueso de la población venezolana comenzó a sentir que al fin podía contar con un líder de dimensión continental, que ya estaba maduro para ir levantando una verdadera vocación socialista, con el valor para arrostrar los más terribles desafíos que representa enfrentar al imperialismo norteamericano. Pero ya entonces me quedaba definitivamente claro que el hombre que el pueblo tanto había esperado estaba listo y formado. Aquello fue definitivo para mí.

Don Ernesto, creo que usted no leyó mi artículo “Sant Roz, un infiltrado en Aporrea” (http://www.aporrea.org/medios/a77652.html). Yo esperaba de usted una respuesta más directa a mi artículo.

No necesito decir que apoyo o no a Chávez, sino que sencillamente amo a este país con devoción sincera. Aún cuando todos me señalasen de ser antichavista por ese y otros artículos yo no dejaría de amar a mi país, no dejaría de defender a Venezuela y no dejaría de luchar por todo lo que Bolívar nos exige desde sus dolores (que él definió como “dolores futuros”). Hay algo que usted debe entender, me identifico con el Presidente en tanto que su acción se acerca a esos valores antiimperialistas, anti-sensualistas y utilitaristas (que aquí nos inoculó la filosofía liberal de Jeremías Bentham), contra los cuales yo he escrito toda mi vida. No soy, señor, bolivariano de nuevo cuño, y a usted le consta. No soy antiimperialista de nuevo cuño, y a usted le consta. De esto se podrá dar cuenta si lee “Nos Duele Bolívar” (Kariña Editores - publicado en 1983) y si lee “Maldito Descubrimiento” (Kariña Editores - publicado en 1989). En el 2002 publiqué “Las Putas de los Medios” y “Bolívar y Chávez” que usted conoce porque se los entregué personalmente.

Aunque toda la gente del PSUV, aunque todos los chavistas me execraran, yo no cambiaría en un ápice mi amor por Venezuela, y por eso la ultra-derecha sabe que cuando aquí millones de los llamados “revolucionarios”, en situaciones terribles, lleguen por lo terrible de las circunstancias a saltar la talanquera, mi posición será la de radicalizarme aún más. Más bien en ocasiones he vivido arrecho con Chávez porque no ha sido todo lo duro que he deseado. Esa es la verdad, y no por lo contrario. Y la amenaza contra mí no cesa desde el bando fascista, cosa que no ocurre contra casi nadie del chavismo. A nadie en Mérida han amenazado de muerte como a mí, por su posición radicalmente bolivariana desde que nací. Puede usted tener la seguridad, don Ernesto, de que yo no me volveré por eso un perro como Petkoff, como un Ismael García, Baduel, Luis Miquilena o Luis Velázquez Alvaray. ¿Usted entiende esto, don Ernesto? Que yo nunca iré por eso a Globovisión ni a RCTV.

Ese artículo mío del año 1999, poco antes de la Constituyente revela a un Sant Roz enfrentando a miles de bandidos que se pegaron detrás de Chávez para aprovecharse de su talento y de su liderazgo: entregado el MVR al mandato de Luis Miquilena y a centenares de adecos y copeyanos a los que yo no vi, ni a uno solo de ellos hacer verdaderos actos revolucionarios en la época tétrica del maldito puntofijismo. Sólo yo lo hacía entre el cúmulo de hombres que hoy apoyamos al Presidente, y escribía docenas de páginas contra ellos, contra Petkoff, contra Pompeyo, contra toda esa gente arribista del MAS. Y para su contento, don Ernesto, a mí nunca me han querido dentro de esas hordas fariseas “revolucionarias”, ni he buscado que me adopten para nada. No busco caerles simpático. Ese no es mi trabajo ni mi interés. Mi artículo, ese que usted expone para que me vean como antichavista, como enemigo de la revolución, es impecable en todo para su momento. Yo me lancé como candidato a la Constituyente y recorrí toda Mérida frente al trío de los propuestos por el MVR: Adán Chávez, Florencio Porras y Pausides Reyes, los dos últimos hoy ya nada tienen que ver con el chavismo (y son furibundos enemigos de este proceso). No sé qué lectura usted le da a ese artículo porque no lo analiza en nada: yo desafiando a la cúpula de la Iglesia, yo arrecho contra el método del kino que se implementó y que dejó por fuera a muchos luchadores honestos (que siguen criminalmente relegados), lo que luego pagamos bien caro. Una de las grandes tragedias que estamos padeciendo y que yo no sé cuándo la superaremos (pero que reconozco fue clave para que en poco tiempo se consiguiera derrotar a la Guanábana en la Constituyente) resultó ser el sistema de los cuadros escogidos apresuradamente por don Vito Corleone Miquilena. Unos cuadros inamovibles y plagados de los mil vicios de AD y COPEI y que siguen vivitos.

En fin, yo contra la señora Marisabel de Chávez totalmente secuestrada por los Otero y los Ramia. ¿Y será que a usted eso le parece malo y si estabas de acuerdo con ellos? ¿Le parece de maravillas aquellas juntas? Mire, la verdad es que cuando me he acercado a la política lo he hecho sin amarras y sin condicionamientos, más bien como un poeta. Cuando me he metido en los círculos de escritores me he conducido como un político y no me siento bien ubicado. En definitiva, ninguno de los dos me acepta, y no hago sino seguir mi propio olfato, mi propia ley. Por llevo treinta años acopiando documentos para un “Diccionario de Farsantes Venezolanos” que comienza con el Marqués de Casa de León en 1812. ¿Qué le parece?

Ese es el gran Comisario Político de la Revolución con el que se ha encontrado. Lástima.

 

jsantroz@gmail.com



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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