Los medios y su borracho olímpico

El borracho que gobierna el mundo goza de la alcahuetería de todos los medios que controla el imperio norteamericano, para esconder su reciente pea olímpica. Por esa razón no lo vimos con el rostro desencajado, la mirada perdida, agarrando glúteos, haciendo muecas e imposibilitado de mantenerse en pie por si mismo, en ninguno de los periódicos escuálidos de circulación nacional que le rinden pleitesía. Por eso tampoco escuchamos las voces de Colomina, Castillo o Angola, justificando el carácter humano del hecho o gritando que “con mi borracho no te metas”, porque les convenía más hacerse los locos(as). Menos mal que aunque el beodo puede intervenir los teléfonos de sus connacionales, no puede impedir que la cómica que puso en Beijing, circule por todo el mundo a través de la internet.

Pero como Bush afirma recibir órdenes directas de Dios, podríamos pensar que la curda in comento también responde a un mandato divino, lo cual explicaría porqué la Conferencia Episcopal y su vocero más emblemático como es el adeco Monseñor Lucker, no armó un escándalo por el mal ejemplo que ofrece el individuo, como sin duda habría sido el caso si el borracho fuera Fidel, Evo, Ortega o Correa. Ni pensar en la avalancha mediática que nos atosigaría de aquí a noviembre, si en vez de Bush se tratara de Chávez.

Lamentablemente para la oposición pitiyanki, entre tantos defectos que tiene el Presidente, su condición de abstemio, que también lo distingue de varios mandatarios de la Cuarta, resulta ser uno de los más molestos. Siendo en general los venezolanos tan aficionados a la caña, y siendo el país un gran importador de whisky desde la época de la “Gran Venezuela Saudita” del primer gobierno de Pérez, les enerva que Chávez no deje espacios para atacarlo por ese flanco.

Mientras que durante los gobiernos de Lusinchi o Caldera el escocés era elemento infaltable que se trasegaba a granel hasta las gargantas de los selectos invitados a Miraflores o a los despachos ministeriales, en eventos que luego eran reseñados en las “páginas sociales” de la prensa, tal práctica se cambió por completo desde la llegada de Chávez a la presidencia, porque ahora en los  brindis se prescinde de las bebidas alcohólicas. Claro, uno entiende que la pérdida de un cliente tan importante, debe ser otra razón de peso para la pertinaz oposición al actual gobierno, por parte de los dueños de las industrias de bebidas espirituosas y de los grupos importadores. Pero es que verdaderamente Chávez no ayuda: encima de que no bebe ni estimula el consumo de caña, promueve la lectura y el trabajo, lo cual evidentemente no conviene a la burguesía nativa. Según él, Dios se permitió descansar en el séptimo día porque no existían los gringos.             

(*) Profesor UCV

charifo1@yahoo.es



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Douglas Marín *


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