Una cuestión de lástima

La lástima es una sensación de muy vieja data, es el recurso último, ante una situación deplorable, que no tiene remedio, y que indefectiblemente nos sumerge en una atmósfera tan angustiosa que no sabemos ya, qué hacer ante tan triste cuadro. Así nos hemos sentido ante la enclenque oposición venezolana, que ha quedado reducida a los medios de comunicación privados, cuyos manejadores parecen haber cursado un doctorado en imbecilidad. Son tan Cretinos que mienten sobre sus propias mentiras, deyectan sus porquerías sobre sus propias inmundicias. En su afán de desconocer la Historia, han terminado por olvidar su propia historia de rapiñerías. La delincuencia mediática suelta a lo largo y ancho del suelo nacional, en cualquier cantidad de programitas, a sus melindres haciendo uso de una idéntica verborrea que dice cualquier irracionalidad refritada muchísimas veces en contra del futuro del heroico pueblo venezolano. Arremeten y vuelven a arremeter en su práctica reiterada de inventar y reinventar matrices de opinión, en contra de una realidad qué le es adversa, y que más allá, no los incluye.

La lástima entonces, es quizás el único recurso que nos queda frente a este espectáculo deprimente que minuto a minuto invade las pantallas, embadurna de tinta sus diarios palangristas, chicharrea con sus graznidos de cuervos las ondas hertzianas. No hay otro recurso que la lástima como terapia para impedir que contagien a uno que otro desprevenido por ahí que pudiese caer en la confusión. Esa confusión nefasta en la que han hecho caer ellos a algunos compatriotas. Esa confusión es más terrible que la muerte, porque es la confusión que a ellos los ha vuelto imbéciles en su entrega incondicional a la voracidad imperial.

Nos da el pálpito que Globoterror, y toda la mediática oposición, anda desatada como loquita de arrabal, creando una nueva matriz de opinión, esta vez han escogido la Educación, a propósito del inicio del año escolar 2006-2007. Ya comienzan con la musiquita y las entrevistas a alguno que otro educador o sindicalero adeco o copeyano desde los poquísimos colegios que por algún motivo no han podido iniciar sus labores. Pero lo más importante para ellos es llegar al punto de la clase de Educación que quieren para sus hijos. En ese sentido le conceden una minicadena al vicepresidente de un fósil de partido que todavía se sigue llamando Copey; un tal señor Solórzano, conocido en su casa a la hora de pagar las deudas, con cara de inquisidor, y de perdonavidas, el fulano se explaya en insultos y advertencias, en su supuesta defensa de “la buena educación” para sus hijos.

Nosotros pudiéramos entender que los copeyanos pujen por una Educación copeyana, que los adecos clamen por una Educación Adeca, con la esencia de la American Wife of Life. Pero lo que no podríamos entender es que ellos no entiendan que nosotros tenemos obligación de impartir una Educación Bolivariana, antiimperialista, y socialista, puesto que estamos construyendo el Socialismo del Siglo XXI.

Resultaría inadmisible que nosotros pretendiésemos profundizar una Revolución que garantiza la felicidad a todos los venezolanos, con una Educación adeca, copeyana y proimperialista. Le haría falta una dosis mínima de humor a esta desmadrada oposición para comprender lo que se comprende por si sólo: Toda Revolución verdadera se convierte en una revolución cultural. Y ya se habrán dado cuenta que nuestra Revolución Bolivariana va para allá.

Estamos persuadidos que perdemos el tiempo al seguir hablando de lo que no tiene remedio, pero era necesario que le asomáramos la lástima que sentimos por la oposición de los medios privados; para que sepan que ya no los vemos como seres normales, sino como locos peligrosos, imbéciles y cretinos.


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Eduardo Mármol


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