De Yendrick Sánchez a Gaby Arellano

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Hay veces pienso que Alberto Nolia tiene razón, cuando se refiere a la impunidad. Para unos funciona a la perfección la Ley. Para otros, campea la impunidad. Hace diez meses aproximadamente, cuando el Presidente Nicolás Maduro se juramentaba en la Asamblea Nacional, un joven (acostumbrado a ciertas locuras) burló los anillos de seguridad, e irrumpió en la Asamblea, llegando hasta el estrado donde el Presidente se dirigía a los diputados y al país. Todo el mundo se sorprendió ante la ocurrencia. Los funcionarios detuvieron al joven y lo encarcelaron. Más tarde fue trasladado a una cárcel en el estado Falcón. No se ha sabido más nada de él. Pienso que aún está detenido. Tampoco sé si lo sometieron a un proceso de curación, ya que parecía no estar bien del todo.

2

Entre el 15 y 16 de abril, después de la victoria de Nicolás Maduro, el hoy gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles, se dirigió a sus partidarios y los llamó a coger la calle con arrechera. Consecuencias: ardió la candela en varias ciudades del país. Pero lo más grave: se produjeron 11 muertos, todos del chavismo (incluyendo a dos menores de edad). De los responsables materiales nada se sabe. Mientras que el responsable intelectual tiene nombre y apellido. Pero se impuso la impunidad. No hay manera de ver que las leyes se apliquen por igual, para todos los venezolanos y venezolanas, como debe ser.

3

Ahora vuelven las acciones locas y desesperadas a teñir de sangre al país. Esta vez no fue Henrique Capriles el instigador. Fue su compañero Leopoldo López, quien dicho sea de paso, le quitó el liderazgo de la oposición. Eso es lo que se percibe a nivel nacional. Bien el señorito llamó, junto a la diputada María Corina Machado a calentar las calles y a rebelarse contra el gobierno nacional. Ese llamado de estos dos representantes de lo más rancio de la derecha, ha causado muertes, incendios y destrozo de bienes públicos y privados. Y aún, en los momentos en que escribo estas líneas, todavía persiste la rebeldía no sólo contra el gobierno revolucionario, sino contra la propia sociedad.

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¿Por qué el titulo De Yendrick Sánchez a Gaby Arellano? Le explico: Mientras el joven fue apresado y confinado en una cárcel, Gaby Arellano, se subió a una camioneta (junto a ella estaba Leopoldo López) y comenzó, a través de un megáfono, a insultar a la Fiscal Luisa Ortega Díaz. No dejó lo que no le dijo. ¿Y qué pasó? Nada. Aquí nunca pasa nada. Por allí anda muy oronda convocando a otra marcha contra CONATEL. Mientras tanto, los guerreros de López siguen cumpliendo con el guión. Calles trancadas, a pesar de que existe una Ley que prohíbe ese tipo de acción. Puerto Ordaz no se ha salvado de esta barbarie. Pero nada pasa. La impunidad se impone.

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Algo pasa con nuestras autoridades. ¿Cómo es posible que se tolere las trancas de calles, impidiendo el libre desenvolvimiento de los ciudadanos que requieren ir al trabajo, los muchachos a la escuela, los enfermos al hospital o una clínica? Reitero, algo pasa. No puede ser que nos encontremos en un país donde cada quien hace lo que le da la gana. ¿Y las autoridades? Bien gracias. Yo estoy de acuerdo con las manifestaciones en la calle, pero que sean pacíficas. ¿Ustedes creen que en los Estados Unidos se toleraría acciones de esta naturaleza? Nada que ver. ¿Ustedes creen que alguna persona  en ese país va a decir que está dispuesto a matar al Presidente Obama y se va quedar como si nada?  No. Preso y con larga condena. ¡Ahh!, pero eso es allá. Aquí las autoridades le tienen miedo al coco de los derechos humanos.

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Por cierto, hablando de los derechos humanos. ¿Quién está violando los derechos humanos en Venezuela? ¿El gobierno o los guerreros de Leopoldo López? La cuestión luce del tamaño de un elefante. Son los revoltosos quienes están violando los derechos de los venezolanos y venezolanas. ¿Quiénes están destruyendo los bienes públicos y privados? ¿Quiénes están trancando las calles? ¿Quiénes están abogando por la muerte de Nicolás Maduro? ¿Quiénes están rompiendo vidrieras de bancos y saqueándolos? ¿Quiénes están impidiendo que la gente vaya a trabajar con tranquilidad? Eso, y mucho más es violar los derechos humanos.  Mientras los gringos no le paran a eso. Allá aplican la Ley, aquí no. Esa es la diferencia. Nolia tiene razón. ¡Se cansa uno! ¡Volveré!

Puerto Ordaz, 17 de febrero de 2014



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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