Alquimia Política

Un argumento en defensa de Mario Silva


En días pasados, un connotado “chavista” portugueseño, quedó abismado al oírme hablar del bachiller marginal Mario Silva (conductor del programa de TV “La Hojilla”); el asombro no era porque estuviera increpando un punto a favor de Silva, en lo concerniente al pleito jurídico que el dueño del diario El Nacional tenía contra él, sino que “un intelectual como yo”, estudiado, le diera crédito a una persona que tenía un lenguaje soez contra los adversarios políticos: “No parecen cosas de un doctor, buscar argumentos de defensas contra ese hombre tan grosero”. Mi actitud fue pasiva al principio pero luego tenía el deber de defender mi postura, no por Silva, sino por mi condición de académico, irreverente en la discusión, pero leal en la acción.

El asunto radica en que lo que me vincula a Silva no es su lenguaje soez sino su postura leal y solidaria. Nunca he renegado que entre el año 1998 al 2003, asumí críticas duras contra el proceso. Críticas alimentadas por una manipulación mediática asfixiante y por mi condición de anarquista que confronta todas las estructuras de poder y autoridad; pero la presencia de visiones críticas en los medios impresos, de Internet, y la digna cuadratura del Canal 8, al hacer real el lema de una televisión en contacto con la realidad, fue haciendo de mí un soldado más del proceso revolucionario. En ese trayecto me he identificado, como expresara el amigo y siempre recordado Carlos Escarrá (soy muy amigo de su hermano Fernando), con la postura crítica de Silva, sobre todo, con su delicadeza en decir las cosas como son y no bajo el adorno y la arrogancia de los exquisitos de otros medios de comunicación (algunos chavistas) que con las banderas de un necesario “perdón” y un llamado a la “tolerancia”, creen ganar terreno en un grupo de desadaptados que están heridos a muerte al perder sus “gotas gordas” de petróleo que agrandaban sus arcas. El asunto es de interés, de lucha de clases, de plata. Y lo que lamento es que aún sigamos dándoles espacios a personas que no están convencidas de un proceso franco de transformación y moral socialista; hay muchos “Páez y Gómez” que se han ganado el respaldo de quienes toman las decisiones. Lo cierto del caso es que me identifico con un hombre que actúa como piensa y siempre piensa en descubrir las matrices de opinión que las transnacionales y los medios de comunicación privados, cocinan para nosotros los que caminamos por ahí.

Mi argumento en defensa a ese altercado entre Silva y MEO, lo encontré en un estupendo ensayo, y era al que me refería cuando este amigo del PSUV me increpó, titulado “Cóncavo y Convexo”, escrito en 1994 por el colombiano Mario Botero Montoya, especialmente en el aparte VIII subtitulado “El arte de injuriar”. Allí el autor dice que la grosería es el espasmo sin ritual y la injuria, en cambio, es una manifestación inteligente que se hace a través del dominio del idioma. La grosería, agrega Botero Montoya, es el tedio de la ira, reporta cierto nivel de dominio y se erige según la época, pero ello no quiere decir que por pasar la época se pierda su sentido, sólo que se va al olvido el significado originario y lo que tiende a prevalecer es el sentido que a título étnico o de grupo, cada sociedad le va dando a las palabras. Por ejemplo, “puta”, en el italiano del siglo XIII, fue sinónimo de señorita; por delicadeza se decía “hijo de señorita”; el sinónimo, con el uso, se convirtió en antónimo. Por ello decir “hijo de puta”, es en realidad hacer referencia a que es “hijo de señorita”, pues sitúa toda responsabilidad del significado al sentido originario en un acto ajeno a cualquier voluntad de agredir; pero si el sujeto al cual se le dice “hijo de señorita” asume para sí que quien lo acompaña en el señalamiento tiene otra connotación que no es la originaria, entonces es él, el mencionado como “hijo de señorita”, quien agrede, quien injuria. El autor Botero Montoya nos recuerda una frase del filósofo Spinoza: “Lo que Juan dice de Pedro, dice más de Juan que de Pedro”.

Lo cierto del caso es que me pareció simpático encontrarme con esta reflexión y la argumenté entre mis amigos de café sin esperar ser atacado, pero ello me hace recordar otra frase de ese monstruo de la política inglesa Churchill, la cual dijo haciendo alusión a sus adversarios políticos: “Tienen todos los atributos de un perro, menos la lealtad”. Y me refiero no a adversarios de oposición, sino a esos adversarios internos que le han hecho tanto daño al proceso revolucionario.

Por otra parte, agradezco a personas como Mario Silva por sacrificar la paz de su vida cotidiana para mostrar una realidad que aparece entre líneas y que nos invade por todas partes. Hoy más que nunca es necesario atacar de frente la alienación y sus circunstancias. En un sentido puntual, y lo digo con toda la responsabilidad que ello implica, estoy convencido, cada día más, que estamos en el sendero correcto.

azocarramon1968@gmail.com


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Ramón E. Azócar A.

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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