La guerrilla obsoleta

La toma del Palacio de Invierno por las huestes leninista en 1917, que puso fin a la dinastía absolutista de los Romanov en la vieja Rusia, sembró en la teoría política marxista, las idea de que el acceso el poder por los movimientos socialistas revolucionarios, sólo podía darse por la vía violenta o armada. Por consiguiente, la vía electoral o aceptar el juego democrático-liberal para intentar imponer una revolución socialista, quedó definitivamente cancelada para las organizaciones inspiradas en el marxismo-leninismo. Es más, quienes defendieran la vía democrática eran estigmatizados como reformistas, revisionistas o contrarrevolucionarios. Los triunfos obtenidos por los revolucionarios chinos liderizados por Mao Tse Tung, la revolución cubana encabezada por Fidel Castro y la gran victoria antiimperialistas de los revolucionarios vietnamitas, definitivamente dieron carta de ciudadanía a la vía armada como expediente para alcanzar el poder para los partidos revolucionarios. Sin embargo, en aquellos países de capitalismo desarrollado, la vía armada para imponer la revolución socialista se estrelló contra una muralla societal que todavía hoy está reclamando una explicación científica desde el propio marxismo. La caída del Socialismo Real que se llevó por delante a la Unión Soviética, canceló no sólo la lucha armada como recurso político, sino hasta el mismo socialismo fue declarado inviable como alterativa al capitalismo triunfante en occidente. Durante los años noventa de la pasada centuria asistimos a un discurso monocorde donde se nos decía que ideopolíticamente sólo debíamos pensar en empresa privada, mercado y democracia política, pues la historia llegaba hasta aquí; en adelante, el capitalismo sería un eterno presente. Por supuesto que la historia reciente parecía darles la razón a los intelectuales del capital. La Guerra Fría planteada como un enfrentamiento entre la democracia capitalista y la dictadura del proletariado socialista se definió a favor de los primeros. El capitalismo emergió triunfante en lo económico con la empresa multinacional al frente y en lo político, la democracia liberal era presentada como la única manera de resolver los conflictos políticos entre humanos.

Frente a la arremetida neoliberal de los años noventa, la guerrilla quedó como objeto de mausoleo. La vieja guerrilla colombiana y la guerrilla zapatista mexicana parecían más objetos del folklore que propiamente movimientos políticos con algún chance de llegar al poder. Sin embargo, estas reliquias sirvieron al imperialismo para construir una doctrina del antiterrorismo y poder justificar su tesis de la Guerra Preventiva, violadora de las soberanías nacionales y sobre todo, en una excusa para atacar todos aquellos gobiernos que de alguna manera marcaran distancia con los intereses imperialistas. La guerrilla devino así en un comodín político e ideológico de la estrategia imperial. Sin embargo, al final de los años noventa, con la llegada de Hugo Chávez al poder, ocurrió en Venezuela un hecho trascendental que afectó doblemente los cimientos del imperialismo en el mundo: la lucha anticapitalista se relanza con nuevos bríos y la materia prima reina del mercado mundial, el petróleo, alcanza precios inconvenientes para la acumulación imperialista de capital. Pero aún hay más, esta interpelación del dominio del capital en estas tierras se daba utilizando la sacrosanta democracia política, tan defendida por los intelectuales de la empresa privada como antídoto frente al autoritarismo socialista. Ante tal eventualidad, los políticos de los centros capitalistas avanzados respondieron con salidas netamente antidemocráticas e inconstitucionales: golpes de Estado y secesionismo, demostrando así que no tienen contingencia frente a esta nueva realidad política que nace en América Latina. Utilizando el expediente democrático han llegado al poder los gobiernos de Evo Morales, Daniel Ortega, Cristina Kishner, Lula Da Silva que a diferentes ritmos comienzan a marcar distancia del imperialismo. Históricamente esto significa que si bien la guerrilla estaba cancelada como vía política, la democracia liberal también quedaba eliminada como recurso sustentador exclusivo del dominio del capital. Peligrosamente, el imperialismo comienza a perder el uso monopólico del expediente democrático. Con Hugo Chávez al frente, se inicia un proceso que pone en agenda, el socialismo, el antiimperialismo y la democratización a fondo de las relaciones sociales en América Latina. El fin de la dominación imperial ha llegado envuelto en el manto de la democracia, anunciando por otro lado, la cancelación de la lucha guerrillera que paradójicamente venían haciéndole favores al llamado proceso de globalización del capital. La paz en Colombia, la anulación de los efectos geopolíticos del Plan Colombia, la neutralización de los planes anti estatistas y desintegracionistas urdidos por el capital mundial y, por último, la instauración del socialismo, pasan en esta hora històrica decisiva, por el desarme guerrillero y por la profundización de la idea democrática como arma ideológica de la lucha de clases.


(*) Prof.UNEFM-UNA

trompizvalles@hotmail.com


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Humberto Tròmpiz Valles (*)

Historiador y profesor universitario jubilado, especializado en historia petrolera de Venezuela.

 htrompizvalles@gmail.com      @trompizpetroleo

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