La fórmula desempolvada por Clinton, tiene antecedentes en Gómez

Leonel Fernández y la trampa tendida a Zelaya

El general Gómez, dictador venezolano entre 1908 y 1935, tuvo fama de ser ladino, astuto, como un zorro. Habituado estuvo, si no le convenía o necesitaba proceder por la fuerza, a resolver los problemas apelando a artimañas aprendidas en la vida cotidiana. En 1929, cuando un cruento terremoto destruyó Cumaná y una delegación de otra ciudad, acudió ante el Benemérito, como llamaban al dictador, a solicitarle trasladase la capital del Estado Sucre de aquella a la de dónde ellos eran oriundos, ante inesperada solicitud, Gómez, taimado, preguntó:

“¿Cuál es el estado del monumento al Mariscal?”

“Fue una de las pocas cosas que quedó en pie”, le respondieron los solicitantes.

El general, pensó un rato, volvió a tomar la palabra y dijo con lentitud:

“Vamos a hacer una cosa. Vuelvan a Cumaná, consúltenle a la gente si está de acuerdo con lo que ustedes proponen. Si la respuesta es afirmativa, le preguntan al Mariscal si quiere irse con ustedes y si acepta que vaya al galope del caballo”.

Y terminó diciendo:

“Si es así, no pongo reparos”.

La comisión regresó a su lugar de origen y por supuesto no se volvió a tocar el asunto, por lo menos a Gómez.

Usted podrá percatarse que esta es la táctica que usó Hilary Clinton, frente al presidente Zelaya, con la aparente anuencia y satisfacción del primer gobernante de Costa Rica, Oscar Arias.

Cuando Zelaya, fue a Washintong recientemente a conversar con la jefa del Departamento de Estado, ésta le dijo a aquel, más o menos a lo Gómez, y de la misma forma que nuestros viejos resolvían problemas entre tres:

“Hablen entre ustedes. Pónganse de acuerdo. Lo que resuelvan yo lo respaldo”.

De esa manera ladina, por lo general el creador del problema, el responsable, se salía por la tangente. O como decimos en lenguaje coloquial, se desataba el lazo.

Esta salida, que quizás algunos califiquen como un acto habilidoso o sabio de la diplomacia gringa, no es más que una burla a Zelaya, al pueblo hondureño que ha sabido defender sus principios y a la América Latina toda. Y una demostración de hipocresía, una infamante manera de abordar los asuntos del “patio trasero”.

Y la soga que sirvió para armar el lazo, comenzó a tejerse en la reunión de la OEA, en la cual se “le dio al gobierno de facto setenta y dos horas para volver las cosas a su estado original”.

He hecho infructuosos esfuerzos por conseguir la versión original y completa del discurso de Leonel Fernández, el presidente de Dominicana, desde el día siguiente de haber sido pronunciado. Nadie, ni los diarios de aquel país, le publicaron completo. Se limitaron a destacar que el alto funcionario había condenado el golpe de estado y exigía el retorno de Zelaya. Pero eso mismo dijeron otros, incluyendo al presidente Obama e Hilary Clinton.

Pero Fernández, en ese discurso – hago uso de la memoria – volteó con parsimonia hacia el presidente hondureño y en tono de quien aconseja a alguien en dificultades, le advirtió que tendría necesidad de dialogar o conversar – no recuerdo el término exacto utilizado- con quienes en Honduras usurpaban el poder.

Esto no voy a olvidarlo porque me produjo un enorme disgusto, tanto que comenté a mi compañera:

“Ese es el guiso que prepararon para cocinar a Zelaya”.

Inmediatamente, el embajador de Costa Rica, habló sin poder ocultar que sus palabras le pesaban, para comunicar a Mel Zelaya, de parte de Oscar Arias, que le recomendaba que no se presentase en Honduras.

Esos dos discursos, parecieron haber sido respondidos con dolor, tristeza y hasta rabia por el propio presidente hondureño, quien ratificó su disposición de viajar a su país y enfrentarse a los golpistas y el canciller venezolano Nicolás Maduro. Los demás, léase bien, hicieron mutis sobre este delicado particular.

El resto lo sabemos tanto como que no vamos a olvidarlo. Hasta ahora, hemos visto que el presidente Obama, pareciera no manejar los hilos. Y eso es grave. También que desde altos círculos de poder de ese país, se apoyó y sigue apoyando a los alzados en Honduras.

Quedó en evidencia, que muchos gobernantes en esta parte del mundo, y esto no tiene nada de sorprendente, pese a sus discursos en veces adornados con frases que les hacen lucir progresistas, no entienden o no quieren entender el rol que deberían desempeñar para hacernos libres, fuertes y dignos. Creen que suplicar y adular son métodos adecuados.

Como quisiera uno equivocarse y que los hechos nos desmientan. Pero a Zelaya lo llevaron a San José, usando lo que luce una buena carnada, como Sedeño llevó a Manuel Piar a Angostura.

“Véngase conmigo compadre hasta Angostura que Bolívar sólo quiere conversar amigablemente con usted”. Al llegar a la ciudad que vigila al Orinoco, frente a la piedra del medio, Manuel Francisco Piar Gómez, fue detenido y sometido a juicio. Más tarde, soldados patriotas calificarían a Sedeño como traidor.

Zelaya aceptó la invitación y la gomera propuesta de Hilary Clinton. Oscar Arias, con su misteriosa sonrisa, gustosamente convino en servir de mediador y este jueves pasado, en su palacio de gobierno, recibió en igualdad de condiciones al usurpador y al Presidente Constitucional de Honduras.

En San José, con Oscar Arias, de quien uno sabe y no sabe que pensar, dicho así por no ser irreverente, se instaló una singular comisión que pareciera tener como finalidad contar los días, como la loca Luz Caraballo, en el poema de Andrés Eloy Blanco, que se pasó la vida, “contandito los luceros, uno, dos, tres……”.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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