Que Uribe amarre sus locos

A propósito de las declaraciones que contra el presidente Chávez hicieran “coincidencial” y casi simultáneamente dos funcionarios del gobierno colombiano, conveniente es que tengamos en cuenta lo siguiente:
Cada cierto tiempo algún alto funcionario del mencionado gobierno emite una declaración en la cual coincide con la campaña de descrédito diseñada por el Pentágono contra el gobierno de Venezuela.
En una ocasión es el jefe DAS, en otra es el canciller, más tarde un ministro, luego un general. Uno a uno van alternándose los funcionarios colombianos con declaraciones que intentan mostrar a nuestro presidente como un peligro para la democracia y la paz en la región.

Cierto es que poco después de cada declaración, el presidente Uribe se muestra enojado y los funcionarios terminan retractándose por su “indiscreción”; mas uno no puede dejar de preguntarse cuál es el papel que juega el ejecutivo colombiano en este frecuente ataque al jefe del gobierno venezolano.

Pensar que las mencionadas acciones no son más que hechos aislados producto de la imprudencia de algunos funcionarios es pecar de inocentes, y si de algo carece Uribe es precisamente de inocencia.

La actitud sumisa, cuando no servil, que el presidente colombiano mantiene hacia el gobierno gringo y los antecedentes de su relación con Venezuela, no dejan lugar a dudas para que equipo, el colombiano juega.

Pueden tener por cierto, amigos lectores, que esas frecuentes declaraciones se corresponden con una estrategia elaborada en Washington y puesta en práctica por el ejecutivo colombiano. La idea es “rebotar” en todas las agencias internacionales las declaraciones de cada funcionario que acusa a Chávez de ser una amenaza y un enemigo de las democracias del continente. Una vez hecho ese trabajo, vienen las excusas y hasta las retractaciones, pero éstas no reciben la misma cobertura mediática.

Esa práctica destinada a crear matrices de opinión es archiconocida, pero no por ello menos efectiva. Lo lamentable es que nuestra cancillería se limite a emitir un comunicado rechazando las declaraciones y exigiendo una explicación que dos o tres días después da, sonriente y “apenado”, el funcionario colombiano.

¿Por qué sí Álvaro Uribe dirige un gobierno amigo, no prohíbe a sus funcionarios emitir declaraciones contra Venezuela sin previo acuerdo con la cancillería?

Desde aquí no se emiten declaraciones contra ningún gobierno amigo, so pena de ser destituido de manera inmediata. Chávez jamás aceptaría, por ejemplo, que un general o un ministro declarara que la defensa que Evo hace del cultivo de la coca, es un apoyo a los narcotraficantes. Quien diga una cosa como esa en el gobierno venezolano, duraría en el cargo un poco menos de lo que duró el dictador aquel de apellido Carmona.

No son entonces, deslices ni declaraciones infortunadas las emitidas por los funcionarios de Bogotá. Tampoco es cierto el enojo con el que Álvaro Uribe pretende ocultar su participación en la estrategia.
En Colombia saben el impacto que para su economía tendría el deterioro de las relaciones con Venezuela y los empresarios presionan a Uribe en cada ocasión que se ponen tensas. Por ello, el presidente colombiano actúa a la sombra.

No tiene el coraje para asumir una posición abierta a favor de Bush y mucho menos para afrontar las consecuencias que, en el seno del pueblo colombiano, se generarían a partir de su confirmación como el cipayo preferido de Mr. Danger.

Corresponde entonces al gobierno venezolano desarrollar una estrategia que vaya más allá de la exigencia de explicaciones y la emisión de comunicados de rechazo. Es hora de exigirle a Uribe que se defina si es o no amigo del gobierno venezolano y que amarre sus locos.


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Alexis Arellano


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