Pseudoprogresismo y elecciones en Argentina

Daniel Scioli y Mauricio Macri se exhibieron en lid electoral una semana antes de la segunda vuelta por la presidencia. Ocurrió el domingo 15 de noviembre y fue transmitido en cadena de hecho por radio y televisión. Al observar el espectáculo, imposible no remitir la memoria a Demóstenes y Cicerón: 2400 años de Historia para llegar a esto...

Estridente vacío de ideas; exasperante incapacidad para expresar el guión preparado por un ejército de asesores. Argentina arrastrada al socavón de las tinieblas, la hipocresía y la mediocridad de las clases dominantes.

No obstante, el verdadero índice de la degradación que asuela al país estuvo fuera del escenario montado en la facultad de Derecho de Buenos Aires. Antes y después, dominó el esfuerzo de la así llamada “intelectualidad progresista” para instar a votar por uno u otro, so pena de que una mala opción conduzca al infierno.

Según un ala progresista, hay que votar por Scioli para impedir que gane Macri, porque nos hará retroceder al neoliberalismo y en consecuencia a la miseria, la desocupación, la entrega del país al gran capital internacional. Los macriprogresistas, en cambio, sostienen que de ganar Scioli seguiría el desastre actual -miseria, desocupación, entrega del país al gran capital internacional- mientras que las ocultas propuestas de Macri harían de Argentina un sitio próspero, feliz y armónico.

Son dos ramas de un mismo pseudo progresismo. Ambas estuvieron juntas en 1999 para votar a la Alianza. Hoy repiten aquel mismo paso en falso, aunque por veredas diferentes de un mismo callejón sin salida. Aquella vez el objetivo era vencer a Carlos Menem, símbolo del socorrido neoliberalismo.

Ha sido y sigue siendo útil condenar al neoliberalismo a fin de no aludir, ni por error, al capitalismo. El artilugio permite a unos y otros trasladar el combate de las raíces a la última rama de un árbol ostensiblemente podrido. No hay inocencia en las palabras: el sistema ha sido transfigurado y se lo llama “modelo”. A su vez la confrontación de modelos ha sido reemplazada por la opción entre nombres. Y para completar la desgracia, esos nombres corresponden a quienes protagonizaron el penoso periplo de un año ininterrumpido de campaña electoral, culminada con la ominosa disputa en Derecho.

No pocos entre los ya resueltos a votar por el candidato ungido por la saliente Cristina Fernández sufrieron con el así llamado "debate". Sumarán esa pena a la admitida necesidad de "votar con caras largas" y "desgarrados", como explicaron algunos intelectuales que saben quién es Scioli y no lo ocultan, aunque por esos arcanos de la política argentina (y de la extraña lógica de ciertas mentes), votan y llaman a votar por él.

Al menos tienen la virtud de exponer sus zozobras morales. Otros intelectuales, supuestamente a la izquierda de los anteriores, ponen rostro duro a la adversidad y exigen el voto a Scioli sin remordimientos. Además, advierten a quienes introduciremos en la urna un voto programático o en blanco, que actuamos a favor del imperialismo.

¡Bravos funcionarios de todos los tiempos, dispuestos a condenar con tal liviandad a luchadores siempre por fuera de cualquier poder establecido! ¡Bravos defensores de la libertad de pensamiento, dispuestos a condenarnos porque no coincidimos en la defensa de Scioli! ¿Hasta dónde llegarán?

Ya volveré sobre este punto.

Semejantes manifestaciones de servidumbre no quedarán en los anales de la política argentina, porque sencillamente en el pasado las hubo con jerarquía política e intelectual incomparablemente mayor. Jamás en nuestra historia alguien con valía en cualquier terreno defendió como alternativa de progreso para el país a un personaje como Scioli, a quienes lo impusieron y al elenco que lo acompaña. Aparecen ahora porque estamos en el fin de una época no referida sólo a la familia Kirchner: es el fin de los resquicios para el reformismo de cualquier origen. Es la hora del choque frontal entre dos proyectos irreconciliables. Es el naufragio definitivo de una corriente que en el último cuarto de siglo se denominó progresismo. Ocurrirá sea quién sea el vencedor en los comicios. Cada quién ocupa su lugar.

Quiénes son Macri y Scioli

Tal vez alguien lo haya hecho antes, aunque no me consta. Por mi parte definí hace años, por escrito y publicado, quién es Macri: agente del capital europeo, miembro de la Internacional Parda, discípulo de José Aznar y Álvaro Uribe, político prefabricado por una clase dominante carente de partidos y cuadros para gobernar establemente el país en beneficio de sus intereses. Agradeceré si una mejor información me indica quién, de los que ahora claman al cielo para que Macri no llegue al poder, dio ese combate cuando, desde el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, se prohijaba el desarrollo del internacionalismo fascista contra la revolución latinoamericana.

En cuanto a Scioli, resta poca labor de denuncia porque de ello se encargaron hace tiempo, con profusión de datos, condenas y burlas, los mismos que ahora llaman a votar por él. Baste agregar algo soslayado por esos mismos defensores: Scioli fue el candidato impuesto por Washington desde comienzos de 2015. La operación se realizó a través de una consultora cuyos tramposos sondeos difundía el diario La Nación.

Sí, señores que exigen un voto antimperialista: Fabián Perechodknic, presidente de la pantalla Poliarquía, tras una gira de meses por Estados Unidos volvió para poner su empresa al servicio de Scioli. La "Tribuna de doctrina" (La Nación), impuso la idea de que Sioli sería inexorable ganador en las Paso (Primarias abiertas, simultáneas y obligatorias), frente al candidato de Cristina Fernández.

De acuerdo con las nuevas maneras de hacer política, la esposa de Scioli y él mismo fueron recibidos por el poder estadounidense -a través, entre otros, de William Clinton y también su esposa Hillary- para dar inequívocas señales al establishment argentino. La operación incluyó acuerdos semipúblicos con el Papa y la inclusión en su futuro equipo de nombres asociados a la iglesia. El gran capital local se alineó entonces sin chistar tras ese proyecto redondo.

Así las cosas, Scioli fue presentado como ganador mucho antes de las Paso que debían definir candidatos. Era una puñalada artera pero inteligente de los enemigos más frontales de Cristina Fernández y su elenco. Éste, incapaz para otra cosa que engañar a la población con un programa reformistoide al que la prensa llamó "relato", carente de todo fundamento real, mostró sin embargo suficiente astucia para devolver el golpe: se abolió la interna presidencial en el peronismo, Cristina Fernández designó a Scioli, su súbdito más odiado y le impuso como vice a Carlos Zanini. Por si faltase algo, para la gobernación de Buenos Aires escogieron a "Anibaúl" Fernández (según el nombre aplicado por sus enemigos en la Casa Rosada, que no son pocos), acompañado como vice por un ex intendente, ex comunista, ex furibundo antikirchnerista y kirchnerista rabioso desde la muerte de Kirchner, odiado hasta la violencia por los barones peronistas del conurbano bonaerense.

Con esta insólita decisión Cristina dinamitó la operación de sus enemigos internos y desbarató el plan de Washington. De paso, implosionó a su candidato y se condenó a sí misma a ser la principal enemiga de allí en más para lo que años atrás ella y su esposo llamaban “pejotismo”.

Hasta ese momento la burguesía veía en Scioli una ruptura de continuidad que a la vez garantizaba gobernabilidad. Pero tras esta decisión viró en redondo y apuntó a Sergio Massa y Macri como alternativa. Incluso Francisco se sintió decepcionado, cambió bruscamente de línea, puso a la iglesia a militar contra Fernández y contribuyó a una estrepitosa y para muchos inesperada derrota del aparato peronista en la provincia de Buenos Aires. Así llegamos a este punto.

Cabe preguntarse si los súbitos antimperialistas que llaman angustiados a votar por Scioli están en sintonía con la Presidente. Todo indica que no. Pero pertenecer tiene sus privilegios y estos valen ciertos sacrificios. Además consideran -con razón- que la Presidente ya no tiene y no volverá jamás a tener poder político. Su pseudo organización, montada exclusivamente sobre dinero y prebendas, sin ideas, sin programa ni estrategia, como no sea el lucro delincuencial, ya ha desaparecido en los hechos. A tales antimperialistas los asusta su propia suerte después del 10 de diciembre si gana Macri. En cambio con Scioli, tal vez...

Lo que vendrá

Por debajo de esta tragicomedia de enredos, el país está en quiebra. Otra vez. Luego de diez años de bonanza sin precedentes en toda nuestra historia. Ciclo, dicho sea de paso, ya agotado y definitivamente irrecuperable (la soja pasó de 600 a 300 dólares la tonelada).

Kirchner asumió el poder en 2003 con el país endeudado por 200 mil millones de dólares. La Presidente se vanaglorió el año pasado de que ella y su esposo habían pagado 200 mil millones de dólares. Fue mucho más, pero no importa. El hecho es que ahora Argentina debe 250 mil millones de dólares. Menem empalidece, frustrado, cuando ve estas cifras.

Claro que hay una diferencia. Ahora el grueso de la deuda no es con el FMI y otras instituciones financieras, a todas las cuales se les ha devuelto el dinero fraudulentamente contabilizado como deuda externa. De aquí en adelante los acreedores son los jubilados actuales y, sobre todo, los futuros: esta vez el endeudamiento forzoso se realizó a través de la Anses y del Banco Nación.

En adelante no podremos luchar contra el pago del endeudamiento fraudulento por la sencilla razón de que los más pobres en la ciudadanía argentina son, involuntariamente, los acreedores. Esto tiene muchas derivaciones, que no trataremos ahora. Basta con un adelanto: obligadamente –casi podría decirse aritméticamente- el dinero para pagar esa deuda deberá salir de las arcas de quienes acumularon riquezas mediante este redoblado accionar de saqueadores sin máscara. No habrá dos opciones.

Claro que con estas elecciones la burguesía gana un espacio estratégico. Durante un período imposible de medir, gravitará sobre la sociedad argentina el hecho obvio de que el grueso abrumador de la sociedad habrá votado candidatos burgueses amarrados al gran capital y compelidos a realizar el saneamiento capitalista que el sistema exige.

Esto se lo debemos a nuestra incapacidad para articular una propuesta revolucionaria -en lugar de buscar cargos con un 3% de los votos- y a progresistas siempre dispuestos a conformarse con el mal menor. Como sea, el hecho es que, gane Scioli o Macri, no hay democracia burguesa estable en el futuro nacional. La sociedad argentina está ante una encrucijada sin variantes posibles: fascismo o revolución.

Macri y Scioli -amigos íntimos durante 35 años, hijos de lo peor de la burguesía argentina (la comercial y la mafioindustrial), no pueden conducir al país sino a la aceleración de la desagregación y degradación que nos golpea desde hace décadas.

No por afán de devolver gentilezas, pero hay que decirlo: quienes desde un supuesto progresismo llaman a votar a Scioli, o frenan su ignominiosa deriva o terminan como aliados del fascismo. Por lo pronto, apoyan al candidato inicialmente elegido por el imperialismo y el gran capital local. Si acaso ganare, Scioli no respondería en ninguna hipótesis a sus mentores progresistas, gimientes de última hora, sino a aquellos que lo impusieron contra viento y marea desde el inicio. Para gobernar Scioli sólo podría apoyarse en el gran capital y en el PJ. Éste, devastado, sería el recurso de la burguesía para chocar contra los trabajadores azuzando la confrontación entre sus diferentes estratos y hacer, mediante la división y la violencia civil, la faena que en 1976 encargó a los militares.

Macri por su parte tendrá los contrapesos que implican haber domeñado a la UCR para alcanzar el poder. Esta socialdemocracia desteñida entorpecería y acaso demoraría el camino hacia el fascismo, pero no daría ninguna batalla crucial, como no lo hizo en 1976 ("soluciones hay, pero yo no las tengo", dijo Balbín abriendo la puerta al golpe, para después respaldarlo en silencio, desde la dirección de 500 municipios durante la dictadura).

Acorralados al interior, algunos progresistas recurren al argumento latinoamericano. Según ellos la victoria de Macri sería la restauración de la hegemonía estadounidense en la región. Tarde para lágrimas.

Primero, desconocen la capacidad de lucha de los gobiernos y pueblos del Alba, pero también de las masas en Brasil y Argentina ante la escalada imperialista. Segundo, restaurar la dinámica proimperialista en América Latina no depende de que venza uno u otro candidato el 22 de noviembre. En Argentina esa fuerza negativa se instauró desde el mismo momento en que, en medio de la crisis de 2009, el gobierno de Cristina Fernández, conducido por Néstor Kirchner, optó por el G-20 contra el Alba, negándose sistemáticamente a sumarse a esta instancia antimperialista continental. Se trata entonces de vencer y cambiar esa dinámica que hunde a nuestro país y a quienes la impusieron.

Queda abierta una batalla decisiva, en un marco internacional de capitalismo en crisis. Una vía es la violencia contra las mayorías, en este caso en forma de fascismo clásico. Otra, la organización consciente y aguerrida de las masas en pos de un país plantado contra el imperialismo y el capitalismo.

Nuestra propuesta es un voto programático. Defendimos la misma posición para las Paso y la reafirmamos para el 22N al día siguiente de la primera vuelta presidencial. Ese voto será anulado y no contabilizado por el antidemocrático sistema vigente, así como ocurre con el voto en blanco. Puede ser en cambio una plataforma donde apoyarse para construir la herramienta necesaria, para eludir el abismo y encarar un camino de futuro. Depende de la militancia consciente.

No se trata de pedir coraje a académicos educados en la aquiescencia. Se trata de exigir ideas, planes, contribuciones para un programa de emancipación. Una figura grande de nuestra historia, Alberdi, no destacaba por su coraje físico. Eso no fue óbice para que pensara un país con inusual valentía intelectual y afrontara todas las consecuencias de exponer sus ideas. Hay una distancia insalvable entre esa conducta y el chantaje de quienes nos proponen votar a un hijo de Menem para luchar contra el imperialismo.

Junín, 16 de noviembre de 2015

 

P/D: Por si alguien pudiera sospechar que enfrento a este gobierno ahora, en su patética retirada, invito a leer mi libro Argentina como clave regional, Fuenap, Buenos Aires 2004; mis artículos al respecto en América XXI y las ediciones de Trinchera de ideas (I y II), más todas las ediciones del periódico Eslabón -órgano de la Unión de Militantes por el Socialismo- desde 2003 hasta la fecha, cuyas posiciones avalo.



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Luis Bilbao

Escritor. Director de la revista América XXI

 luisbilbao@fibertel.com.ar      @BilbaoL

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