Los ratones votaron de nuevo a los gatos / Crónica panameña N°7

Se han celebrado las elecciones en Panamá. La única sorpresa es la derrota de Martinelli. El pueblo ha votado más “contra” el anterior presidente que “a favor” de Varela. Usaron a Varela para deshacerse de un corrupto, semimafioso y amenazador de perpetuarse, amigo y cómplice de Berlusconi. “Sorpresa” pues las máquinas de fabricar votos que son las empresas encuestadoras y medios de comunicación no detectaron el grado de hastío que existía ya en la sociedad panameña con los métodos de Martinelli y su corte. Ahora todo son recriminaciones por los medios. Sencillamente se dejaron engañar pues es lo que querían oír, no la verdad.

Pero, más allá de ese voto de castigo contra cinco años negros, ¿ha cambiado realmente algo en el panorama político de Panamá? Soy un observador extranjero. Tengo un pequeñísimo conocimiento de la realidad panameña aún. Pero me atrevería a decir que no ha cambiado apenas nada. Sobre todo en el seno de la clase trabajadora, la que más ha sufrido y sufre las políticas antisociales, neoliberales y la corrupción, casi no ha habido ningún apoyo a las candidaturas que estaban por fuera de la “partitocracia”.

Los ratones siguen votando a un gato para deshacerse de otro gato

En esencia, en mi opinión, ese es balance de las elecciones: que la gente trabajadora sigue apoyando a uno u otro rico capitalista para mostrar su descontento con el anterior. Esa idea de “cambio” que tiene el elector obrero está sometida pues al mismo tipo de políticas y personajes que han dominado la escena hasta hoy. Siguen ahí. Es, como se difundió durante la campaña electoral, ese vídeo de dibujos animados en el que los ratones siempre iban votando a un gato para deshacerse del otro. E iban probando: un gato blanco para quitar a uno negro, luego otro a rayas, luego otro a topos...hasta que llegó uno que tuvo la idea de presentar...¡un ratón!

En esta ocasión hubo la posibilidad de votar diferente. Por primera vez se presentó una candidatura obrera, surgida desde abajo. Se podrá decir que quizás era parcial, pues su base eran sobre todo sindicalistas de la construcción. Es cierto. Se podrá decir que no estaban preparados ni tenían los discursos tan bonitos y redondos como otros. Es cierto. Se podrá decir incluso que cometieron errores de sectarismo, de creerse que sólo ellos representaban la clase trabajadora cuando había también otra candidatura, la de Jované, que se apoyaba en casi la misma gente. Es cierto. Pero Genaro López era un ratón, no un gato.

Lo que no puede decirse es que la candidatura del FAD, de Genaro, fuera lo mismo que la partitocracia. No. Todo el mundo sabía, y por ello recibía la mayor parte de los ataques, que era una candidatura de la clase trabajadora, una candidatura de izquierda, hasta era atacada de “comunista” y “socialista”. Por supuesto, desprestigiando esos términos.

No hay que esquivar el análisis objetivo, duro, de la realidad. La política que defendió el FAD fue, básicamente, una política correcta, de defensa de los intereses de la gente trabajadora, de la gran mayoría del país. No fue tampoco una política circunscrita a las demandas sindicales, ni las reivindicaciones de la construcción. En los debates, en la propaganda, salió a relucir que el FAD, al igual que Jované también, defendía la autonomía indígena, las comarcas, sus derechos históricos y materiales actuales; defendió la cultura contra el abandono actual; defendió la defensa de los bosques y naturaleza frente a la destrucción; defendió la producción nacional y de los campesinos frente al abuso de las importaciones y Tratados neoliberales de comercio que arruinan el campo; y el reciclaje y tratamiento de las basuras; y el agua.

En pocas palabras: el FAD tenía y tiene una política NACIONAL, de clase trabajadora, frente a la política burguesa, neoliberal, de Cambio Democrático, de Partido Revolucionario Democrático y del Panameñismo.

El problema no está pues centrado en la falta de política, en el discurso o en los métodos del FAD. Incluso si ha habido errores que el FAD ha de corregir y hacer su balance, centrarse en ello sería no querer ver lo más evidente. La conciencia de clase está aún en sus inicios en Panamá. Incluso si existe ya una cierta conciencia sindical, reivindicativa, de defensa del interés material económico y de condiciones de trabajo, como lo demuestran las actuales huelgas que siguen desde hace días en la construcción y en los maestros, no existe una conciencia política. No hay la conciencia de los trabajadores de sentirse “una clase para sí”.

De ahí que la gente trabajadora, incluida la mayoría de huelguistas de la construcción y maestros, incluida la mayoría de gente obrera manual, de profesionales, de campesinos, de indígenas de todas las etnias (salvo excepciones que deben ser analizadas), ha votado por los partidos de la burguesía, de los ricos. Varela es el representante de la burguesía industrial licorera. Martinelli lo era de la burguesía comercial. En verdad que los 10 mil y pico votos del FAD salen sólo de la vanguardia sindicalista y militancia de izquierda consciente. Lo mismo que los otros 10 mil de Jované.

Un error del FAD

El error del FAD no fue pues conseguir las firmas necesarias para legalizar el partido. No fue atreverse a presentarse a las elecciones. No; el error fue, más bien, no medir bien la envergadura de la tarea que significaba conquistar un 4% del electorado para seguir la pelea. Porque si hubiera medido bien ese paso, seguramente se hubiera dado cuenta de que hacía falta REUNIR PREVIAMENTE más fuerzas.

En efecto, aritméticamente, ni siquiera la suma de las candidaturas de Jované y Genaro, hubieran reunido ese 4% necesario. Pero en política los saltos no suelen conseguirse aritméticamente sino en progresión geométrica. Una unidad siempre es superior a cualquier suma de sus anteriores componentes, pues es un paso cualitativo, que genera el efecto de sumar otras voluntades, de mostrar que es posible unirse. Y eso, ¡no es poca cosa frente a enemigos burgueses tan amplios y poderosos!

Por supuesto decir ahora que hubiera sido mejor una unidad más amplia que la del FAD o la de los partidarios de Jované, puede parecer un recurso fácil para explicar los fracasos electorales de ambos. Pero lo que intento no es “explicar” una derrota, sino dar claves para ayudar a la reflexión de la derrota y convertirla en próximos triunfos. Los amigos se conocen en las derrotas. Es el tiempo pues de detectar los errores y sacar las consecuencias.

En mi opinión, parcial por supuesto, el partido que está en mejores condiciones para sacar las lecciones y, por tanto, ampliar y abrir las puertas hacia una unidad superior, sigue siendo el FAD. Es la formación mayor, la que tiene una base obrera y sindical más amplia y la que...sigue mostrando voluntad de convertirse en un partido de clase obrera.

La candidatura independiente de Juan Jované, tuvo un discurso claro, agresivo y moralmente edificante, en general de izquierdas, casi como el del FAD. Pero pecó y peca, en mi opinión, de un problema que considero grave: no aspira en convertirse en movimiento político estructurado de clase obrera. En otras palabras, en partido político. Toda la campaña giró en torno a las propuestas de un candidato “independiente”. Incluso explícitamente Jované atacó los partidos en general, sin explicar que existen partidos de la clase capitalista y partidos de clase obrera.

Tal error no contribuyó al progreso que podía dar un sector de la clase trabajadora, de separarse de los viejos partidos oligárquicos para empezar a construir uno suyo, utilizando las elecciones. ¿Porqué Jované no dijo que Genaro y el FAD representaban un partido diferente a los demás?¿Porqué no lo defendió ante los ataques de “comunista” de los burgueses? Seguramente porque esa actitud hubiera llevado a muchos trabajadores, sindicalistas, demócratas a exigir que se hubieran unido. Igual que el FAD, los líderes de ambas formaciones deben ahora recapacitar sobre ello.

Organizar desde abajo la gente obrera

Como se suele decir tras unas elecciones, ahora empieza la campaña para las próximas elecciones de 2019. Pues bien, eso significa empezar a combatir por la UNIDAD, con mayúsculas. Empezar a combatir de manera amplia y unitaria contra la débil conciencia de clase, contra la idea generalizada aún de “ya sabemos que roban, pero que nos den algo”. Esa lucha es muy dura, tiene que ser muy tenaz, tiene que reunir muchos esfuerzos de gente abnegada y militante. Y tiene que hacerse en cada barrio, en cada empresa, en cada escuela, en cada obra.

Hay que empezar por reconocer que barrios obreros como Tocumen, o como El Chorrillo, votaron a algunos de los peores diputados del CD, de los más corruptos, de los que echaron más porquería encima de los demás candidatos. En El Chorrillo, en Calidonia, el candidato Sergio “Chello” Gálvez, andaba anunciando por los altavoces que los demás “compraban los votos” y que eso era “delito electoral”. ¡El mismo “Chello” que defendió sus regalos a electores porque “era su dinero”! En Tocumen el candidato-padrino José Muñoz metió a casi toda la familia a postularse en su circuito, cual finca privada: hija, hermana y sobrino, iban todos en los carteles del CD. Y, con toda la corrupción de reparto de cocinas, colchones, neveras, en los últimísimos días de campaña...ganaron.

No han sido únicamente ellos. Muchos diputados tránsfugas han vuelto a salir. La Asamblea pues no ha cambiado apenas: la mayoría sigue siendo el oficialismo CD, con 29 diputados, al que le sigue el PRD con 22 y por último el Panameñismo con 12.

Sólo organizando la clase trabajadora y el pueblo desde abajo, en cada barrio, por cada uno de los temas que más urgen - el agua, las basuras, la sanidad, los transportes, la cesta de la compra, la educación, la defensa de los bosques, los árboles, la naturaleza, el deporte – la gente trabajadora puede hacer el sano ejercicio de presionar y conseguir sus derechos por su propia fuerza. Eso requiere crear organismos amplios y unitarios, no partidistas sino multipartidistas. Requiere empezar una cultura transparente y de autocontrol desde abajo. Es decir, empezar la autoorganización desde abajo.

Un posible ejemplo

Vivo cerca de Curundú. Al acompañar a Genaro López en una de sus giras por el barrio, vi que la gente pedía a los del FAD camisetas, paragüas, balones, gorras. Cualquier cosa. ¡Pero quienes pedían ya llevaban camisetas de otros partidos! Y compañeros del FAD les decían “coge lo que te ofrezcan porque es dinero que viene de tus propios impuestos pero...el voto del día 4 para el FAD”. Ese autoengaño es lo que ha llevado a no ver que esos trabajadores no votarían al FAD el día 4. No podemos seguir haciendo eso. Hay que discutir con el trabajador, la ama de casa, el niño o joven que pide para argumentar que somos la gente trabajadora quienes creamos riqueza. Nadie más. Y que tenemos que organizarnos nosotros mismos para controlar esa riqueza, esos presupuestos, esas mejoras sociales...no mendigar. Por ejemplo, ¿porqué no organizar brigadas de trabajo para arreglar y adecentar el magnífico y gran Estadio olímpico abandonado que tiene Curundú? Eso devolvería al barrio la dignidad de sí mismo, organizaría a los jóvenes en el deporte, daría incluso algunos puestos de trabajo. Y si la gente del barrio se organiza para empezar a adecentarlo...los políticos burgueses no tendrán más remedio que poner el dinero que ahora roban para arreglarlo.

Es un ejemplo. Otro puede ser en la defensa de los humedales, contra el robo de los cocobolo, por conseguir acueductos de agua, por transportes eficientes...Paso a paso hay que organizar a la gente desde abajo. Esa es la campaña que el FAD, que un FAD más amplio y unitario, que toda la gente que quiera presentar una alternativa trabajadora para el 2019, tendría que empezar desde hoy mismo. Hay mucho trabajo por hacer. Y cabe todo aquella persona que quiera empezar esa lucha por la organización y la conciencia de la clase trabajadora.

Alfons Bech

8 de Mayo 2014

 



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Alfons Bech

Militante obrero, y revolucionario marxista. Miembro de de la CCOO, la federación sindical más grande de España. Activista político de L?Aurora y EUiA.

 albech12@gmail.com      @alfonsbech

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